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Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 258, febrero de 2001

colegio mayo93 (9)Con el mismo ímpetu de los torrentes que desde las cumbres se despeñan ardorosos para formar los grandes ríos, así entró en el corazón de la Iglesia la llamada ERA MARIANA, La era mariana alude a la presencia de María en la historia de la Iglesia de una manera excepcional. La que es la Madre de la Iglesia y Madre universal de los hombres, siempre ha ejercitado su acción maternal a lo largo de las generaciones humanas. Pero singularmente la Virgen María se ha hecho presente de una forma desconocida hasta esta época, por su proximidad, por la continuidad de sus apariciones, para dar respuesta con sus apariciones, por dar respuesta con sus mensajes a todos los problemas de los tiempos modernos, que son los tiempos de las apostasías y de la impiedad. Llevamos dos siglos de la ERA DE MARÍA.

El siglo XIX tiene la espléndida manifestación del amor de nuestra Madre con las apariciones de Lourdes y todo lo que Lourdes ha significado en la salvación de las almas, en las innúmeras conversiones y en la vuelta a la Iglesia de tantos separados. El siglo XX comienza sus primeros pasos con las apariciones de nuestra Madre en Fátima, donde nos muestra su Corazón Inmaculado COM el arca de salvación. El mensaje de Fátima, en su llamada a la vida cristiana de perfección y en su dimensión profética parapara toda la Iglesia, 1, es la esperanza abierta al mundo sumergido en crímenes abominables, en guerras espantosas y en amenazas de nuevas guerras como consecuencia del materialismo que aplasta todas las naciones. A Lourdes y a Fátima han seguido otras muchas apariciones de la Virgen Santísima, que mantienen en la fe al pueblo de Dios, que encuentra en Ella nuevos motivos de fortaleza para su vida católica.

El término glorioso de esta era mariana del siglo XX ha sido la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María el pasado mes de octubre. El Papa reunido con mil quinientos obispos que representaban a todo el episcopado, consagró de nuevo a la Virgen Inmaculada a todos los hombres, ante la imagen de la Virgen María de Fátima llevada a Roma para esa memorable ocasión.

Ha concluido ya el Jubileo universal. Hemos iniciado el siglo XXI. Estamos en el umbral de los grandes hechos que han de llevar el mundo a la plenitud de la era mariana. Los secretos de Dios no podemos concretarlos en días y en fechas. Pero sabemos cierto que esa plenitud de la era mariana va a consistir en el triunfo de su Corazón In  maculado. La victoria de María sobre las fuerzas del mal que esclavizan hoy el mundo dominado por el humo de Satanás supondrá la prepa  ración inmediata del reinado social del Sagrado Corazón de su divino Hijo. Por María vino Jesucristo nuestro Señor al mundo. Por el reinado de María vendrá al mundo el reinado del Sagrado Corazón.

¡Arriba los corazones! Todo lo que va a ocurrir este año y en el siglo que comenzamos será el anticipo del triunfo de María. Ésa es nuestra confianza. ¡Oh Madre, acelera esa hora dichosísima en la que las almas de todos tus hijos reconozcan tu maternidad sobre ellos y se salven! ¡Venga ya tu reinado de amor, piedad y paz! El siglo XXI será el siglo de María.