Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Jesucristo - Cristianismo la existencia de DiosTodas las ideologías modernas prescinden o niegan la existencia de Dios cerrilmente. El democratismo descristianiza las naciones -Cristiandad- difundiendo e imponiendo por todos sus medios el naturalismo, el relativismo, el agnosticismo, el ateísmo… La ideología democratista, empuja a las personas a liberarse de toda ley moral y, sobre todo, de la Ley de Dios.

La democracia moderna, fundamentada en un imaginario pacto social, es antihumana. Ahí están sus leyes, con sus crímenes abominables. Esta democracia ha arrebatado sus derechos políticos de representación política a las familias, municipios, sindicatos, instituciones… y ha impuesto su Estado Totalitario, manipulado por las élites ocultas y sus partidos políticos. La democracia, engendrada por la Revolución Francesa, es el príncipe de las tinieblas, el demonio, disfrazado de ángel de luz.

Los católicos tenemos el sagrado deber de difundir la luz de Cristo, su doctrina, enseñada por el Magisterio de la Iglesia; porque la democracia es una herejía, hija del modernismo, condenado por San Pío X.

Ya sabemos -lo ha dicho la democracia- que el hombre no nace hombre, se hace hombre o mujer o mono. Y mañana, creará otra monstruosidad, porque las democracias modernas han salido del infierno.

El mundo ha sido creado por Dios y Cristo reinará en todas las naciones. Quien no acepta ni se somete a la Ley de Cristo es un hereje. Y apóstatas son las naciones que vivieron siglos en el cristianismo y ahora viven en el paganismo y ateísmo.

El Papa Pío XI nos recuerda que: “incurriría en grave error el que negase a la humanidad de Cristo todas y cada una de las realidades sociales y políticas del hombre, ya que Cristo como hombre ha recibido de su Padre un derecho absoluto sobre toda la creación de tal manera que toda ella está sometida a su voluntad”. No se puede ser democratista moderno y católico.

La Iglesia enseña que la sociedad necesita una autoridad, una forma de gobierno. Autoridad que viene de Dios, no de un pueblo masificado y manipulado.

“Una sana democracia, fundada sobre los inmutables principios de la ley natural y de las verdades reveladas, será resueltamente contraria a aquella corrupción que atribuye a la legislación del Estado un poder sin freno ni límites, y que hace también del régimen democrático, a pasar de las contrarias, pero vanas apariencias, un puro y simple sistema de absolutismo” (Pío XII).

¡Contracorriente!