Corazón de Jesús, rico para con todos los que te invocan, ten misericordia de nosotros.
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Sin eternidad no existiría la vida temporal.
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Olvida las angustias pasadas: Jesús, en Tí confío.
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Somos eternos. Pasa el tiempo. Viviremos siempre. Siempre felices en el Cielo o siempre sufriendo en el infierno. Lo ha dicho Cristo.
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Los democratistas dicen: «Todos tienen derecho a la vida» ¡Mienten! Millones de niños son asesinados cada año en las entrañas de sus madres.
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La pobreza mediática está de moda. La Iglesia siempre ha amado a los pobres. Y a los ricos. En silencio. En todas partes del mundo. Lo nuevo es el lenguaje marxista de ciertos miembros de la Iglesia.
Deja de lado los futuribles. Sólo Dios basta.
Con Fátima se difunde la devoción al Inmaculado Corazón de María. Que estrictamente tampoco es nueva y se presenta ligada a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. San Juan Eudes, por ejemplo, conocido -según la expresión de San Pío X- como “el apóstol de la devoción a los Sagrados Corazones”, es autor de un libro titulado El admirable corazón de la Madre de Dios. En el mensaje Fátima, por su parte, no faltan tampoco las alusiones al Sagrado Corazón, tanto en las tres apariciones del Ángel de Portugal, en 1916, como en las posteriores de la Santísima Virgen a lo largo de 1917. (Miguel Ayuso – Verbo)
Jesús tuvo, tiene, millones de hermanos. Todos los hombres de la humanidad. Pero no tuvo hermanos según la carne, según la sangre. Fue el hijo único de María. Los Evangelios hablan, repetidas veces, de los «hermanos del Señor», y esto ha sembrado la duda en amplios sectores.
Inmensos rebaños de siervos y plebeyos pastarán por desiertos y montañas, sin amos y señores, pasto de las alimañas. Así lo planean mentes endemoniadas. Ignoran que Dios es el Señor de la Historia.