Montserrat
Soberanía única
Cesarismo protestante de los Reyes-Papas. Cesarismo regalista de los Reyes-Primados de las Iglesias nacionales. Autocracia moscovita con Patriarca subalterno primero y ante sínodo sometido después, y, finalmente, el cesarismo parlamentario, monárquico o poliárquico, de la estadolatría contemporánea, en que Pilatos se pone la mitra y Herodes la tiara, después de haber puesto constitucionalmente los dos el INRI en la Cruz de la Iglesia. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
Autonomía
Hablamos varios amigos, recordábamos viejos tiempos. La conversación fue concretándose en peregrinaciones, campamentos, colonias, Jornadas de la Juventud, Ejercicios Espirituales, procesiones y San Juan Pablo II. Muchos españoles recordamos con veneración y cariño al Sumo Pontífice que enarboló la bandera de Cristo Rey. Nos dijo: «No tengáis miedo… meter a Cristo en la vida social y política. Sí, también en la vida social y política».
Al concluir este mes de diciembre el Año Jubilar, con el que el Papa ha querido introducir a la Iglesia en el nuevo siglo, debemos abrir nuestro corazón a la esperanza, puesto que estamos ya al final de la época de la impiedad anticristiana y se aproxima el reinado de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Son tantos los motivos para la esperanza, que nos abruman con su abundancia. Enumeraremos los más patentes a la vista de todos: El mismo año jubilar. Roma se ha convertido en la capital del mundo. A Roma la cristiana han acudido millones y millones de fieles de todo el mundo. Millones de jóvenes. Miles de obispos. Miles de sacerdotes.
El progresismo eclesiástico destruye, no construye; fanfarronea.
Más tarde, el mismo tipo de ecumenismo estuvo a la raíz de la Ostpolitik vaticana que, en vez de apoyar a los católicos de los países del Este, en plena era de la persecución comunista, trataba de complacer a sus gobiernos, ilegítimos y asesinos. Eso causó muchísimas dificultades al cardenal Wyszynski, el santo pastor de la Iglesia Polaca, para no mencionar el caso del cardenal Mindszenty de Hungría. (María Virginia Olivera de Gristelli – AVE MARÍA)