Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Guerra campos con el PapaEn verdad, los recelos se fueron disipando por la misma configuración del Régimen (Fuero del Trabajo, Fuero de los Españoles…), que seguía la directriz tantas veces reiterada por Franco: «Unir lo nacional con lo social, todo bajo el imperio de lo espiritual, es decir, de la ley de Dios». Las obras de la Falange (Frente de Juventudes, Sección Femenina, Auxilio Social…) demostraron su sincera orientación católica (6). La oposición diametral entre el falangismo cristiano y el neopaganismo nazi se manifestó con extraordinaria valentía en 1942 en el «Congreso Internacional del Movimiento Juvenil Paneuropeo», celebrado en Viena. Alemania, victoriosa, dominaba los proyectos de nueva Europa. La Iglesia temía justamente el sesgo que se diese a la educación de la juventud. En efecto, ante las delegaciones de países neutrales y ocupados, los alemanes propugnaron la ética del paganismo y el antijudaísmo. La reacción de la delegación española logró que las juventudes europeas proclamasen oficialmente la visión religiosa de la vida: «La fe en Dios y los valores de familia, pueblo y patria, el honor, el trabajo y la libertad constituyen el cimiento indestructible de la nueva comunidad europea» (7).

Por eso, sin prejuzgar lo mucho opinable, la Iglesia española acepta sin dificultad el tipo de organización política que se iba configurando. Un sistema de participación orgánica era, y es, conciliable con la doctrina de la Iglesia (8). Era el preferido entonces en sus documentos, como igualmente en los de eminentes políticos liberales y socialistas (9). Decidir cuál sea el sistema más adecuado a las circunstancias corresponde a la autonomía civil. Todavía en 1955, el Secretario del Episcopado, Monseñor Tarancón, declara que compete al Estado apreciar qué régimen de organización sindical es el más apto en un momento dado y que la licitud moral de un Sindicato único es en principio indudable (10). Por lo demás, en los años postbélicos, de circunstancias tan complejas, se estaba aún en un proceso de institucionalización, cuyo ritmo tenía que subordinarse a la creación de imprescindibles condiciones económicas, sociales y pacificadoras.

Notas:

  1. El Cardenal Primado, Pía y Deniel, reafirmará más tarde la compatibilidad de pertenencia a las Juventudes y a la Acción Católica (cf. «Boletín de Cuenca», septiembre de 1974, página 13).
  2. Suárez, Franco, págs. 365367. En la declaración de la Delegación Española se decía: «La religión es lo más preeminente de la vida espiritual y sin ella no cabe afirmación moral».
  3. Los documentos de la Iglesia se referían especialmente a la forma orgánica del orden social económico. Véase: Pío XI, encíclica Quadragesimo Anno, 1931 (orden corporativo profesional de toda la economía); reafirmado por Pío XII en sus discursos (a los trabajadores católicos, ACLI, 1945; a los Católicos alemanes, y a las Asociaciones Patronales Católicas, 1949; a los Empresarios católicos, 1952), quien lamentó que no se hubiera aplicado oportunamente la enseñanza de Pío XI. Luego la preferencia por las formas corporativas dejó de expresarse en los documentos eclesiásticos (cf. Pablo VI, mayo 1966), pero sin negar su legitimidad. Cf. interpretación oficial (expensio modorum) del número 68 de la Gaudium et spes del Concilio Vaticano II; Instrucción del Episcopado Español sobre la Iglesia y el Orden temporal, 1966, parte II, notas 56; Carta de la Secretaría de Estado a la Semana Social de España, de Málaga, 1967. Cf. J. María Díaz Alegría, Curso de Doctrina Social Católica, Ed. BAC, 1967, págs. 846 y 849, nota 4.
  4. Más aún que los tradicionalistas, postularon un sistema orgánico figuras como J. Sanz del Río, N. Salmerón, F. Giner de los Ríos, E. Pérez Pujol, A. González Posada, J. Besteiro, Fernando de los Ríos y Salvador de Madariaga (de éste, Anarquía y Jerarquía, Madrid, 1934, con reediciones en años siguientes). Estudio documentado sobre esta corriente doctrinal: Gonzalo Fernández de la Mora, Los teóricos izquierdistas de la democracia orgánica, Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1985.
  5. Vicente Enrique y Tarancón, Obispo de Solsona, Deontología del empleado y del obrero, lección en la «XV Semana Social de España», del 915 de mayo de 1955.

El Obispo de Astorga, en 1949, abogando por la participación ciudadana, recordaba la variedad de opiniones en cuanto a «la determinación precisa de cuál será el mejor sufragio concreto», y añadía: «ciertamente es falso que sin el sufragio universal directo e igualitario e inorgánico no pueda haber régimen político justo y aún justa democracia».