Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Guerra Campos3Sin embargo, la Jerarquía española no se desentiende de su posible influjo espiritual en el campo político. Con sobriedad, los Obispos y el Papa aconsejan proseguir en la estructuración del Estado según los ideales cristianos y promueven la autentificación del sistema por la vía de la participación (11). En el momento culminante de la institucionalización del Régimen, 1956, lo decisivo para lograr que Franco retirase un proyecto, que a muchos parecía limitativo de la participación plural, fue una gestión de los Cardenales. Estimaban necesario, de acuerdo con el «espíritu del Movimiento Nacional», excluir tanto el liberalismo de una democracia inorgánica como la dictadura de un partido único, y promover en cambio «una actuación y verdadera representación orgánica» (12). No postulaban la partitocracia que vino después; pero ésta, si atendemos a la génesis de posibilidades históricas, debe más a la acción episcopal de 1956 que a ninguna otra posterior (13).

La atención del Episcopado sintonizaba ante todo con las necesidades urgentes de gran parte del pueblo, y prodigó en este campo su adoctrinamiento moral. Entre 1945 y 1965 reiteró los aldabonazos para despertar la conciencia social de los ciudadanos. Pocas veces se ha fustigado tanto como en los años cincuenta a los cristianos españoles por su déficit en la materia, quizá forzando un poco el argumento comparativo con otros países (14). Al mismo tiempo se reconocía la obra del Gobierno: en 1950, el Cardenal Arzobispo de Tarragona afirma que en toda la Historia Moderna de España no se conocían tantas realizaciones sociales como las que, bajo signo católico, se producían desde 1936 (15). Al iniciar los sesenta, respondiendo a preocupaciones convergentes de los Obispos y del Sindicato, se crearon Fondos económico-sociales, como el de Igualdad de Oportunidades en la Enseñanza, de reconocida fecundidad en la promoción de los modestos (16).

Notas

  1. Véase un texto del Cardenal Primado, 1945, en «Boletín de Cuenca», septiembre de 1974, pág. 9.

El Papa Pío XII había dicho en 1943 al Embajador de España: «Hemos visto a Cristo triunfar en la escuela, resurgir la Iglesia de las ruinas abrasadas y penetrar el espíritu cristiano en las leyes, en las instituciones y en todas las manifestaciones de la vida oficial. Nos, finalmente, hemos contemplado a Dios presente otra vez en vuestra historia». El 3 de noviembre de 1956, ante una Misión Española, presidida por el Ministro Alberto Martín Artajo, manifestó el deseo de que España progrese continuamente en la reorganización de sus medios de producción, «en la estructuración de sus instituciones fundamentales, en la regulación práctica de principios que ha aceptado y reconocido siempre, en la inserción de sus ricas esencias nacionales dentro de la armonía general de los pueblos y, sobre todo, en la plena pacificación de los espíritus, como consecuencia principal de una auténtica proyección de sus altos ideales cristianos sobre todos los aspectos de su vida económica, cultural y social» («Ecclesia», 10 de noviembre de 1956, pág. 6; Montero, Persecución, páginas 746747).

  1. Sobre la gestión de los Cardenales, el autor de estas páginas recibió inmediatamente una confidencia del Cardenal Quiroga. Acerca del contenido y las circunstancias, cf. Suárez, Franco, V, págs. 311312; J. Tussell, Franco y los católicos, Madrid, 1984.
  2. La experiencia histórica de distintos países lleva a pensar que si el Régimen se hubiera institucionalizado según la línea de fuerza del proyecto de 1956, asistida por una «guardia» identificada, no hubiera dado paso a la forma actual.
  3. Cf. «Boletín de Cuenca», septiembre de 1974, págs. 7 y 8.
  4. Cf. Suárez, Franco, IV, pág. 426. En una Carta Pastoral.
  5. Relato del entonces Ministro de Hacienda, Mariano Navarro Rubio: La Ley de Fondos Sociales de 1960, en la revista «Razón Española», núm. 14, noviembre-diciembre de 1985, páginas 295-308.