Pablo

 No para la educación

San Antonino de Florencia - ObispoQué distinto de esa realidad en la que, por ejemplo, en España, un 70% de niños y niñas de diez años en adelante tienen un móvil. Un gran negocio para las telecomunicaciones y para los fabricantes, pero no para la educación. Haría falta más gradualidad. (Rafael Santos – ILLUMINARE)

Memoria del comunismo

Memoria del comunismo (La Esfera de los Libros), de Federico Jiménez Losantos, está escrito desde la perspectiva de alguien que confiesa haber dejado de creer en Dios a los dieciséis años, pero con perspicacia para entender lo que está en juego: la “voluntad de creer” que sustituye a la fe perdida se transforma en pura “voluntad de poder”, ante el cual la Verdad se sacrifica a la Mentira y el Bien al Mal. Por eso “el comunismo, inequívocamente definido por Lenin como una empresa malvada que traerá alguna vez el Bien al mundo, es una religión satánica” en cuanto que en su raíz está “el culto inconfesado a la fuerza, y a la mentira como secreta manifestación interior de esa fuerza exterior que no se confiesa pero se disfruta” (Carmelo López-Arias)

Pudor y castidad  (76)

Pues bien, aquellas sociedades que fueron o que todavía son agresivas nos parecen primitivas y lamentables, y estas otras, en las que la agresividad está socializada y dominada, las tenemos por civilizadas y mejores. Verdad es también que en una sociedad pacífica, donde millones de hombres pasan los años sin sentir vehementes deseos de matar a nadie, puede estallar, normalmente por iniciativa de políticos, ideólogos y militares, una guerra -discursos, artículos incendiarios, carteles, asambleas, canciones-, y en poco tiempo puede lograrse que la gran mayoría de los ciudadanos, con raras excepciones, se haga capaz de brutalidades increíbles. ¿Qué pensaremos: que en la paz esa agresividad latente estaba reprimida y que en la guerra ha hallado su curso natural? No. En la paz la agresividad estaba felizmente pacificada, y en la guerra se ha visto criminalmente exacerbada por el ambiente. (José María Iraburu)

“Voto de la Inmaculada”

La Inmaculada fue proclamada oficialmente Patrona del Arma de Infantería en 1892, pero en realidad lo venía siendo desde el siglo XVI, sobre todo con motivo del milagro de Empel en 1585, obrado a favor del Tercio de Zamora. Asimismo las Universidades españolas instauraron el “voto de la inmaculada: en los siglos XVI y XVII, por el que profesores y estudiantes se comprometían a defender el privilegio mariano. Escritores de la talla de Quevedo fueron firmes inmaculistas. (Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. – EL PAN DE LOS POBRES)

Las tendencias homosexuales

Volviendo a su pregunta, hay que precisar lo que se entiende por homosexualidad: si hablamos de tendencias homosexuales, de actos homosexuales, o de una supuesta identidad antropológica y cultural homosexual. De entre las tres situaciones enumeradas, solamente los actos constituyen propiamente homosexualidad. El comportamiento humano, incluso en el campo de la sexualidad es enteramente controlable por la voluntad. No existe ninguna prueba científica de que la homosexualidad sea determinada genéticamente. Las tendencias homosexuales a veces ocurren por un cierto tiempo en la adolescencia, otras veces pueden persistir, pero una persona que las tiene siempre puede abstenerse de pasar al acto. (María Virginia Olivera de Gristelli – CÁRITAS in VERITATE – INFOCATÓLICA)

Conciencia individual

Amoris 303 llama a la “conciencia individual… a estar mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en ciertas situaciones que no encarnan objetivamente nuestro entendimiento del matrimonio”. Urge a una cierta negociación entre la conciencia y las normas morales de la Iglesia, observando que “el discernimiento es dinámico” y “debe permanecer siempre abierto a nuevos estados de crecimiento y a nuevas decisiones que pueden habilitar la más completa realización del ideal”. (Douglas Farrow)

El mundo y los placeres nada valen

Los grandes sabios siempre han reconocido que apenas saben nada, porque el origen del mundo material no se comprende en absoluto, desde la razón. Esa humildad es similar a la de los grandes santos, que comprendieron y asumieron la gran verdad de que todo el mundo y todos los placeres de nuestra vida, nada valen en comparación con nuestro destino. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)