SiervoNicolás Puicón Faxollem, llamado Nicolás de Dios Ayllón, nació en Chiclayo el 4 de marzo de 1632, descendiente de indios nobles. Pasó su niñez bajo la tutela del padre franciscano Juan de Ayllón, de quien tomó el apellido aunque sufrió desprecio y maltrato por su condición indígena.

En Lima vivió en el convento de San Francisco, donde consolidó su formación cristiana. Más tarde aprendió el oficio de sastre, en el que destacó por su habilidad y honradez. Con lo que ganaba, compraba alimentos y medicinas para asistir a los enfermos de los hospitales de Santa Ana y de la Caridad.

A los 24 años se casó con María Jacinta Montoya, quien al inicio lo despreció por ser indio, pero luego lo amó por sus grandes virtudes. Después de 8 años, movidos por su intensa vida espiritual, decidieron vivir célibes y compraron una casa en el barrio de San Diego (en el hoy, cruce de Camaná y Moquegua, en Lima).

De viaje a Chiclayo, por la muerte de su padre, la embarcación casi naufraga y experimentó de manera especialmente fuerte el auxilio de la Virgen María. De vuelta a Lima, convirtió su casa en “Casa de Recogimiento”, para vivienda de doncellas pobres y huérfanas a las que asistía con comida, ropa, medicinas, y acompañamiento espiritual de modo que vivieran en unión con Dios.

Ayudaba a cuanta persona podía, a los pobres, con alimento, vestido y apoyo en sus enfermedades, en especial a indios y esclavos. Su interés por su bien espiritual incluyó el que consiguiese la celebración de misas para ellos en horario especial.

Era muy devoto en auxiliar también a las almas del purgatorio, orando y encargando misas en su favor. Su afán apostólico le llevó además a fundar una “Escuela de Cristo” -para la formación cristiana de laicos- como modo de mejorar la vida espiritual y moral de los limeños. Cada Domingo de Ramos alimentaba, lavaba los pies, y regalaba ropa a 13 pobres, que representaban a Jesús y sus Apóstoles. Y en la fiesta de San José, donaba alimento a todos los que llamasen a su puerta.

En los últimos años de su vida fue entregándose más plenamente a la oración, el ayuno, la penitencia y la mortificación. Murió el 7 de noviembre de 1677 a los 45 años de edad, y en mayo de 1699 comenzó su proceso de Beatificación y Canonización, que actualmente se intenta proseguir difundiendo su vida y promoviendo la devoción a él.

En su casa, se fundó en 1713 el Monasterio de “Jesús, María y José”, de hermanas Clarisas Capuchinas (Franciscanas), a partir del beaterio que estableciese en el lugar su esposa María Jacinta. Desde 1850 allí reposan sus restos.

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