Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1525 – 1825) (7)

Capitán Pedro Fernández de QuirósUno de los ideales que integraban el plan misionero y colonizador de los reyes de España era el hacer germinar en sus dominios transatlánticos una verdadera vida cultural, que elevara a los pueblos indígenas al rango de naciones civilizadas. Así que fue posible, activaron los monarcas la creación de centros de cultura media y superior. Las Universidades, especialmente, florecieron de una manera asombrosa en todos los territorios americanos. Una de las primeras creadas en América fue la de Méjico. Por esta razón, de entre las numerosas Letras Pontificias de erección o concesión de privilegios a las nuevas Universidades, hemos elegido la Bula que el mismo Papa Clemente VIII dirigió a la famosa Universidad de Nueva España, concediéndole los mismos privilegios de qué gozaban las viejas Universidades europeas. El Soberano Pontífice reconoce en ella el interés que el Rey Católico alberga por la formación cultural de los nuevos pueblos convertidos.

“Nos ha hecho saber, poco ha, nuestro carísimo en Cristo Felipe, Rey Católico de las Españas, que ha sido fundada, hace ya bastantes años, en la ciudad de Méjico de la Nueva España, en las Indias occidentales, una Universidad de estudios generales… El mismo Rey Felipe, impulsado por el piadoso pensamiento, comprobado ya por la experiencia, de la gran utilidad que se deriva de tal Universidad en la dicha villa para todo el pueblo cristiano, y en especial para los nuevos convertidos a la fe cristiana, desea muchísimo que Nos favorézcanlos a la dicha Universidad.

Por tanto Nos…” (7 de octubre de 1595)

*          *          *

En 1602, el gran explorador Pedro Fernández de Quirós estaba en Roma. Después de haber navegado incansablemente a través del mar Pacífico, y barruntando la existencia de numerosas y bien pobladas islas más allá de las latitudes exploradas, se había decidido a buscar los recursos necesarios para la expedición. Con este propósito, tendió velas hacia España. Sigamos sus pasos en la prosecución de sus apostólicos planes. Ha obtenido ya los permisos del Rey; ahora su anhelo es interesar al Papa para que éste le ayude, con su alto patrocinio, a reclutar en América los misioneros que serán necesarios para la conversión de los nuevos pueblos. Clemente VIII acoge benignamente los piadosos deseos del capitán, y le expide unas Letras Apostólicas de “recomendación” para los Obispos de Indias. En esta Bula, el Papa les exhorta a que hagan el generoso sacrificio de sustraer de sus propias diócesis un cierto número de misioneros, en pro de las apremiantes necesidades de las tierras de Oceanía.

Y de paso, el Soberano Pontífice alaba los apostólicos deseo de Fernández de Quirós, así como el singular celo del monarca bajo cuyo pabellón militaba el decidido explorador. La Divina Providencia colmó sus santos deseos. Consiguió que le acompañaran en su expedición seis misioneros, presididos por Fray Martín de Munilla. En 1605 descubría Quirós las tierras que llamó del Espíritu Santo (Nueva Guinea y otras de Oceanía), las cuales no tardaron en ser campo de nuevas misiones.

He aquí un extracto de la Bula Pontificia, expedida en Roma el 9 de marzo de 1602.

“Supimos con grande gozo que nuestro amado hijo el capitán Pedro Fernández de Quirós, navegante, o, como suele decirse, Piloto Mayor de las regiones del Sur, al servicio de Felipe II, Rey Católico de las Españas y de las Indias, de esclarecida memoria, había descubierto en dichas regiones del Nuevo Mundo algunas nuevas naciones hasta entonces desconocidas. Al presente, el mismo capitán, al servicio actualmente de nuestro carísimo hijo en Cristo, Felipe III, Rey Católico de las Españas y de las Indias, se propone de nuevo comenzar la empresa, con la bendición del Señor, y espera descubrir nuevas naciones y pueblos. Confía asimismo que el Evangelio, semilla de la palabra de Dios, que con la divina gracia ya ha sido derramado en otras regiones de las Indias, ha de producir abundantísimos frutos, tanto entre los pueblos ya por él descubiertos como en los que se propone descubrir. Con este propósito, vino hace poco en peregrinación a esta santa ciudad de Roma, y Nos manifestó y Nos suplicó humildemente que con Nuestra pastoral solicitud Nos dignásemos favorecer estos planes benignamente.

Por tanto Nos, alabando mucho la Suma piedad de dichos Reyes y su celo singular para propagar la fe cristiana, así como las empresas y trabajos del capitán Fernández de Quirós, y buscando con solícito deseo todas aquellas obras que pueden servir para difundir por doquiera la doctrina evangélica para la salvación de las almas, os exhortamos paternalmente en el Señor a todos vosotros [Obispos de Indias]…, que gustosamente prestéis a dicho capitán y a sus sucesores… todas las ayudas y auxilios, en lo que toca a la pacificación y conversión de dichos pueblos y naciones…”