Pablo

 La soberbia es la falta de humildad

San Gregorio de Ostia - Abad y ObispoLa soberbia es la falta de humildad, la falta de reconocimiento de que seríamos tan insignificantes como una gota de agua en un río, si no fuera por la vida Eterna que nos ofrece nuestro Padre. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)

Conciencia individual

La Veritatis Splendor 56, por otra parte, ya descarta esta aproximación, objetando la oposición así establecida “entre la enseñanza del precepto, que es válido en general, y la norma de la conciencia individual, que podría de hecho tomar la decisión final sobre lo que es bueno y es malo. Sobre esta base, se ha hecho un intento de legitimizar las así llamadas soluciones “pastorales” contrarias a la enseñanza del magisterio, y de justificar una hermenéutica “creativa” de acuerdo con la cual la conciencia moral no está en modo alguno obligada, en cada caso, por un precepto negativo particular. (Douglas Farrow)

Identidad cultural homosexual

Pero hablar de una identidad cultural homosexual, así como hablamos de identidad religiosa o étnica, es un absurdo. Las culturas no se fundan en el modo técnico preferido por ciertas personas de obtener el placer sexual. A lo largo de la historia, en diferentes lugares del mundo ha habido homosexualidad. Pero nadie, nunca ha pensado en reclamar “derechos” y reconocimiento especial de parte de la sociedad para los homosexuales con base en su modo particular de practicar el sexo. Nadie, hasta nuestro tiempo ha pretendido que una pareja homosexual pueda ser considerada familia. (María Virginia Olivera de Gristelli – CÁRITAS in VERITATE – INFOCATÓLICA)

El amor a la Patria

Pongamos las necesidades de España, nuestra Patria, en manos de María. La Patria, como la entendían los antiguos, es “la tierra de los padres”, la herencia de nuestros antepasados; y por ello, el amor a la Patria deriva del amor filial, del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. (Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. – EL PAN DE LOS POBRES)

Pudor y castidad  (77)

También la historia conoce sociedades erotizadas, y otras castas. Las sociedades religiosa y culturalmente cristianas han sido y son castas; y algunas no cristianas, también, aunque no tanto. En una sociedad honesta la sexualidad está pacificada, no reprimida, en el sentido morboso de la palabra; y la gente, aun la que no es especialmente virtuosa, vive la castidad sin mayores problemas o con alguna falla esporádica. Pero en una sociedad corrompida -diarios y revistas, televisión y espectáculos, calles y playas, literatura y anuncios comerciales, aunque sean de lentejas, invasión generalizada de la pornografía- la sexualidad está constantemente exacerbada, y la mayoría de sus miembros, en un grado u otro, cae normalmente en la lujuria. Es patente que para los cristianos será muy difícil la castidad si asumen ampliamente ese ambiente corrompido. Y se harán absolutamente incapaces de evangelizar al mundo si consideran que su corrupción sexual es insuperable. (José María Iraburu)

El valor y fuerza de la oración

Es tan necesaria porque Jesús mismo nos lo ha pedido. Es tan necesaria porque es una promesa del mismo Dios, de que nunca dejará abandonada a su creación. Y es tan necesaria porque el valor y fuerza de la oración es grandísimo, indescriptible, diría. Yo lo experimento a diario en mi vida. Por mis propias fuerzas y mi propia personalidad, no tendría ni la energía ni la lucidez para acompañar a la familia salesiana en todo el mundo. (Rafael Santos – ILLUMINARE)

Crímenes comunistas

La clave bajo la cual Losantos ha escrito su obra más perdurable y a la que ha consagrado años de trabajo, es precisamente el pasmo ante el hecho de que la izquierda occidental siempre tuvo conciencia de los crímenes comunistas que fingían ignorar y silenciaban: “Secretamente compartían la ferocidad de sus verdugos” y “por eso mintieron casi todos y casi hasta el final”. La perspectiva de la víctima se convierte así en el quicio sobre el cual el filólogo y periodista aragonés, uno de los analistas de referencia en la radiodifusión española, escribe este monumental y personal ensayo: la necesidad del Partido de exterminar físicamente, o destruir denigrar moralmente a cualquier adversario que pensase o actuase fuera de sus directrices. (Carmelo López-Arias)