Madre Rafaela - 27Una noche me despertó a las dos de la madrugada el inesperado canto del salmo “Laudate”, una melodía tan sublime y celestial que no dudé en que eran los ángeles que alababan a Dios después de la Comunidad, pues ésta se había retirado para descansar después de rezar maitines y no había nadie en el coro. Eran voces que nunca había oído; quise levantarme para ir al coro, pero una fuerza superior y misteriosa me sujetaba, me retuvo y no me fue posible seguir adelante. Estos cantos también fueron escuchados por otras religiosas.

Pasó un año rapidísimo y el 19 de Mayo de 1942, hice mi Profesión, o sea, le dije a Jesús, que quería estar con Él siempre para hacerle feliz.