(Para obtener la gracia de una santa vida y una buena muerte)

  • San José - Niño Jesús - San Juan y cordero¡Oh castísimo esposo de María, glorioso San José! Tan terrible fue para vos el dolor y la angustia de vuestro corazón cuando creísteis que debíais separaros de vuestra Inmaculada Esposa, cuán vivo fue el gozo que experimentasteis cuando el ángel os reveló el misterio de la Encarnación. Os suplicamos, por este dolor y por este gozo, que os dignéis consolar nuestras almas ahora y en nuestros últimos momentos, obteniéndonos la gracia de llevar una vida santa y de morir con muerte semejante a la vuestra, en los brazos de Jesús y de María. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  • ¡Oh felicísimo Patriarca, glorioso San José, que fuisteis elevado a la excelente dignidad de padre adoptivo del Verbo Encarnado! El dolor que tuvisteis viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza, se trocó bien pronto en gozo celestial, cuando pudisteis contemplar y abrazar al Niño Jesús y cuando conocisteis, por los pastores el canto de los ángeles y fuisteis testigo de los gloriosos acontecimientos de aquella resplandeciente noche. Os suplicamos, por este dolor y por este gozo, nos obtengáis, después de esta vida, la gracia de ser admitidos a escuchar los sagrados cánticos de los ángeles, y gozar del esplendor de la gloria celestial. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  • ¡Oh perfecto modelo de sumisión a las leyes divinas, glorioso san José! La vista de la preciosa sangre que el Niño-Redentor vertió en su circuncisión, atravesó vuestro corazón con el más vivo dolor, pero la imposición del nombre de Jesús lo reanimó, llenándolo de consuelo. Obtenednos, por este dolor y por este gozo que, después de haber extirpado nuestros vicios durante la vida, logremos morir santamente, invocando con nuestro corazón y con nuestros labios el santo nombre de Jesús. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  • ¡Oh siervo fiel, glorioso San José, que fuisteis confidente de los misterios de nuestra Redención! Si la profecía de Simeón acerca de lo que debían padecer Jesús y María os causó mortal dolor, os colmó también de santo gozo al anunciaros que estos sufrimientos serían seguidos de la salvación de innumerables almas. Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos ser del número de aquellos que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la Virgen María, resucitarán para ir a la gloria. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  • ¡Oh vigilante custodio del Verbo Encarnado, glorioso San José! ¡Cuánto sufristeis para servir al Hijo del Altísimo, particularmente durante la huida a Egipto! Pero, ¡cuánto asimismo debisteis regocijaros de tener siempre a vuestro lado al Hijo de Dios, y ver derribados a su llegada los ídolos de los egipcios! Alcanzadnos por este dolor y por este gozo, que sepamos mantener lejos de nosotros al tirano infernal, huyendo siempre de las ocasiones de pecar, que merezcamos ver desaparecer de nuestros corazones todos los ídolos de las pasiones terrenales, y que consagrados del todo al servicio de Jesús y de María, tengamos la dicha de vivir sólo para ellos y morir felizmente en su amor. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  • ¡Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que visteis con admiración al Rey de los Cielos sumiso a vuestras órdenes! El consuelo que sentisteis al volver de Egipto fue turbado por el temor de Arquelao: mas, tranquilizado por un ángel, permanecisteis gozoso en Nazaret con Jesús y María. Obtenednos, por este dolor y por este gozo, que, libre nuestro corazón de todo temor nocivo, gocemos de la paz de la conciencia, vivamos seguros en unión de Jesús y María, y entreguemos nuestras almas en sus manos en la hora de nuestra muerte. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  • ¡Oh modelo de santidad, glorioso San José! Que después de haber perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús y haberle buscado durante tres días con profundo dolor, experimentasteis la mayor alegría de vuestra vida al encontrarle en el templo en medio de los doctores. Os suplicamos de lo más íntimo de nuestro corazón, por este dolor y por este gozo, que os dignéis interceder ante Dios por nosotros, para que no perdamos jamás a Jesús por algún pecado grave; y que, si por desgracia, le perdiésemos, le busquemos de nuevo con profundísimo dolor, hasta que le volvamos a encontrar propicio, y sobre todo en la hora de nuestra muerte, para poder gozar de Él en el Cielo, y cantar eternamente allí con vos sus infinitas misericordias. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.