Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (9)

El siglo que sucede a la independencia de los países americanos abunda en sentimientos de exaltación patriótica, y a menudo antiespañola y anticolonizadora, en las jóvenes repúblicas. Se ha roto con España, y muchos pretenden al mismo tiempo romper también con su propia historia y con su pasado.

En estas condiciones, se comprende que los Papas no pusieran sobre el tapete la debatida cuestión del valor de la colonización española. Los Soberanos Pontífices, padres de todos, deseaban, como era su deber pastoral, mantener relaciones cordiales con aquella parte numerosa del rebaño de Cristo, que ahora se separaba de la Madre Patria para establecerse en una vida autónoma.

Una tal separación era casi obligada. Tarde o temprano había de llegar. Lo que empañó, sin embargo, el nacimiento de las naciones americanas fue el desprecio y abandono con que no pocos de sus hijos, atraídos por el señuelo de la Revolución y del liberalismo, miraron a las tradiciones cristianas de Hispanoamérica y la misma gesta que les había dado la vida y la civilización. Para estos desagradecidos, hijos espurios de una América que es esencialmente cristiana, la conquista y colonización de América se convirtió en el blanco de sus denuestos.

La Leyenda Negra había empezado también en América. No pocas personas de buena voluntad se dejaron engañar por las calumnias repetidas a porrillo. Ante esta actitud, más o menos general, una prudente reserva, respecto a la obra de España en Indias, es la nota típica de los documentos pontificios de este período.

Sin embargo, testimonios aislados dejan estampado a veces el pensamiento íntimo de los Romanos Pontífices. Veamos algunos ejemplos.

*    *    *

Pío IX

Papa Pío IXNos encontramos en el año 1871. Roma y la Iglesia están de gran fiesta, a pesar de las vejaciones que ha sufrido el Soberano Pontífice por parte del poder civil. Se prepara el mundo cristianó para celebrar el XXV aniversario del Supremo Pontificado de Pío IX. Numerosas son las peregrinaciones de fieles que empiezan a afluir a Roma de todo el Orbe católico, inaugurándose así una preciosa costumbre que no se ha interrumpido después. Van al Centro de la Catolicidad para felicitar y consolar al Papa, recluido forzoso en su “prisión” del Vaticano.

A mediados de junio, llega a la ciudad santa una nutrida romería procedente de España, para rendir homenaje al Padre común, inicuamente oprimido. El día 20, la Comisión española, presidida por el Obispo de Ávila, es recibida por el Santo Padre. Los peregrinos ofrecen al Papa ricos donativos de los católicos españoles y una cierta suma de dinero, destinada a aliviar la triste situación que el robo del patrimonio, pontificio ha ocasionado a la economía de la Santa Sede.

El Obispo de Ávila habló en nombre de los presenten:

“…Sí, Beatísimo Padre, la España, de hoy, que, gracias a la misericordia del Señor, vive todavía del jugo de la España antigua, de la España de Recadero y San Fernando, de la España que dio vida y luz a un nuevo mundo, al felicitaros por el feliz advenimiento al veinticinco año de vuestro pontificado, participa de la universal alegría que tan glorioso acontecimiento inspira a toda la Iglesia Católica, protesta que está y quiere permanecer unida a Vos en los combates como en los triunfos; en los dolores, como en los gozos; en las amarguras y tribulaciones, como en las dulzuras y consuelos: ama lo que Vos amáis, desea lo que Vos deseáis, reprueba, condena y anatemiza lo que Vos reprobáis, condenáis y anatematizáis”.

Pío IX, emocionado, “con lágrimas en los ojos” -dicen los periódicos de la época-, respondió con un improvisado discurso en buen castellano a las palabras del prelado abulense, Había hecho éste una ligera alusión a la obra de España en América. El gran Pontífice recoge y explana la idea con sentimiento y convicción.

No se olvide que Pío IX, en 1824, cuando no era aún más que el joven clérigo Juan M. Mastai Ferretti, había tenido ocasión de entrar en contacto personal con la civilización cristiana que España hizo germinar en tierras de América. En efecto, Mastai Ferretti acompañó a Mons. Muzi, primer delegado enviado por la Santa Sede a la América independiente. Ahora, Pío IX recuerda la epopeya que dio origen a la esplendorosa realidad de cristianismo y civilización que él había admirado al caminar por aquellas tierras salpicadas en todas partes de monasterios, iglesias, catedrales, obras de arte y de cultura.

“Con gran placer me hallo en medio de vosotros, y recibo la filial expresión de los sentimientos católicos de España. Siempre España ha mostrado una especial predilección por esta Silla Apostólica, y procurado llevar la civilización cristiana a todas las naciones del globo. La bandera española ha flotado en los mares de América, India y otras regiones, para manifestar que ella era el símbolo de la fe de Jesucristo, a diferencia de la bandera tricolor, que representa y produce lo que todos sabemos. Por eso, España fue grande en los pasados tiempos, porque fundaba su grandeza en propagar la religión cristiana, servirla y defenderla y hacer para conseguirlo toda clase de sacrificios. Confiemos en Dios que no abandonará a esta nación magnánima y la sacará más pura y poderosa de las pruebas que por nuestros pecados permite el Señor en nuestros tiempos”.