Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (10)

 León XIII

Papa León XIII - sentadoLeón XIII sucede a Pío IX en el gobierno de la Iglesia. Estamos a finales del siglo XIX. Las pasiones provocadas por la independencia se van calmando poco a poco en América, los recelos de las naciones hispanas hacia la Madre Patria desaparecen a medida que ésta deja de ser considerada un peligro. Surgen los primeros caballeros de la Hispanidad, que rompen una lanza por la tradición católica y española del continente. Hombres que reconocen noblemente su origen, y no se avergüenzan de su abolengo. El ambiente se hace más propicio para que los Papas —sin temor de herir susceptibilidades de nadie—puedan manifestar su parecer sobre el sentido de la gran proeza misionera del siglo XVI.

El Papa León XIII, en repetidas ocasiones, recuerda que los países americanos han recibido la fe de labios de España, y que, por tanto, no han de ser disociados de la Madre Patria en los cuidados de la solicitud apostólica.

“Llevamos muy en el corazón a España, que, por su fe inconmovible, mereció el título glorioso de nación católica, y por la fe ha adquirido mucha parte de su grandeza”.

“La estrecha pertenencia a un mismo origen de lengua y religión, como aun la misma firmeza en la fe recibida —que unen a los pueblos sudamericanos con España—, nos invitan a no separarlas en los especiales cuidados que nos proponemos dispensarles conjuntamente para su común ventaja”.

(Carta al Secretario de Estado, Cardenal Rampolla, 15-VI-1887).

Pero, sin duda alguna, el documento más importante de León XIII—y quizá de todo el Bulario Pontificio anterior a Pío XII—es la bellísima encíclica que escribió el Papa para conmemorar cristianamente el IV centenario del descubrimiento de las Américas.

El Pontífice afirma perentoriamente en esta Carta que “lo que primariamente indujo a Colón a realizar su gesta fue la propagación del Evangelio por nuevas tierras y nuevos mares”. Otro tanto dice de Isabel, “esta piadosísima mujer de espíritu varonil y recio corazón”. La cual—añade el inmortal Pontífice—escribió a Colón “haciéndole saber que todos los gastos que ella había hecho para las expediciones de Indias, y los que en adelante haría, los daba por muy bien empleados, ya que mediante ellos se conseguiría la extensión de la religión católica”.