Madre Rafaela - 29Bueno, por fin la herida se cerró y pude regresar al Convento, como el médico me aconsejó que estuviese una temporada en completo reposo hacía corporales y purificadores, y también arreglaba túnicas y delantales de las monjas.

Así se pasaron tres años volando y el 19 de Noviembre de 1945 hice mi Profesión de Votos Solemnes. Mi principal obligación siempre fue obedecer, rendir el propio juicio y la propia voluntad y vivir una vida de fe viva y práctica, viendo siempre en todo a Jesús y estando unida a Él y a Nuestra Madre la Santísima Virgen y ofrecer todo por la conversión de los pecadores en reparación de los pecados que se cometen, pedirle a Jesús que se dé a conocer a todas las almas. Es que yo sentía que mi misión en el convento era la de los ángeles en el cielo: alabar al Señor cantando, bendecir su bondad, reconocer su grandeza y reparar ingratitudes.

ABADESA

Me gustaba que las monjas me vieran como la niña de los mandados de la Virgen. Así pasaron muchos años. Llegamos al 1960, año en que las religiosas me eligieron Abadesa de esta Comunidad. ¿Sabes con lo que disfrutaba un montón? Dando a conocer a la Virgen, regalando estampas, rosarios, incluso algún dulce a los enfermos para que estuviesen contentos y le rezaran a tan buena Madre del Cielo.