Obra Cultural

Jesús y la BienaventuranzasDice Jesús en la séptima bienaventuranza: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios.»

Introducción

Ha habido ya dos guerras mundiales: la de 1914 y la de 1940, y si Dios no lo remedia, estamos abocados a una guerra nuclear.

Sobre un mundo arruinado por las guerras, ante un mundo que se levanta de sus ruinas preparándose para una nueva guerra, nunca más verdadera la palabra de Cristo: «Bienaventurados los pacíficos.»

Ante una sociedad insaciable, que vive y piensa fuera de sí (cine, radio, teatro, televisión, videos…), que sueña con el vértigo del movimiento desordenado (volante, carretera …), que cultiva las pasiones y sacude el yugo de la ley… nunca más dulce la frase de Cristo: «Mi paz os dejo, no como la del mundo…» (Jn 14,27).

Quienes son los pacíficos

¿Qué es la paz? San Agustín la define: «Tranquilidad en el orden». Tranquilidad, descanso, gozo. En el hombre incluye dos cosas: a) Que nada de lo exterior nos turbe. b) Tranquilidad en nuestros deseos: sosiego y paz interior.

Descanso en el orden, en el lugar que corresponde a cada cosa. En nosotros hay un orden: lo inferior sometido a lo superior. Entre los pueblos hay un orden: la justicia. En el universo hay un orden: «Todas las cosas son vuestras; vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios» (1 Cor 3,22-23).

Clases de paz: Paz interior, la que tenemos en nuestra alma. Paz exterior: la que se origina mediante las relaciones humanas. Paz aparente: el saciar las pasiones da cierta quietud, placer, descanso. El vivir según la libertad del pecado nos produce cierto bienestar momentáneo; contempla ligeramente la sonrisa de los pecadores. Paz verdadera: es la que nos une al fin último; ésta se rige según el querer de Dios. Mira detenidamente el rostro sereno de los santos.

Quienes la poseen. «No hay paz para los impíos» (Is 57,21). Porque el pecado nos aparta de Dios. El remordimiento de conciencia… «Nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti.» (San Agustín, Confes. L, 1).

Dios da la paz a los justos: «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.» (Le 2, 14}. A los que cumplen su ley, se da el mismo Dios, ya que Él es la misma paz. En este mundo la tenemos por la gracia que es una participación de Dios. Cristo, en su vida mortal, nos habla mucho de la paz: «Vete en paz». «Mi paz os dejo». «La paz sea con vosotros». En este mundo es imperfecta. Los que la han poseído han sido los santos.

Contemplemos a Cristo: Príncipe de la paz, porque era el Hijo Unigénito del Padre; que viene a darnos la paz para que seamos también hijos de Dios. Cuando Cristo nació, hubo paz; después ha habido guerras continuas en diferentes partes del mundo.

Contemplemos a María: Reina de la paz, que consiguió este título en el silencio de Nazaret, consagrando toda su vida a Dios.

Contemplemos a los santos sumergidos en la paz que da la unión con Dios. Ellos encuentran su descanso en Dios… aun en medio de los dolores, martirio, enfermedades, calumnias…

«Ellos serán bienaventurados»

Lo que nos dice la razón: Todos los seres buscan la paz. Las cosas materiales la buscan ciegamente. (Dios imprimió en ellas un orden.) Los hombres, también ciegamente muchas veces. Preguntádselo a cualquiera: triunfar, dinero, fama, amor, familia, comodidad … Esas son sus únicas aspiraciones. ¿Y eso es la paz? Preguntádselo a San Agustín: el niño, el joven, el filósofo… y al fin: «Nos hiciste, Señor, para Ti…»

Pues si todas las cosas buscan la paz, es porque en ella encuentran su felicidad. Y la paz total sólo se encuentra en Dios.

«Ellos se llamarán los Hijos de Dios»

Jesucristo nos dice que los pacíficos serán llamados los hijos de Dios. ¿Cómo es posible? No lo sabemos; misterio del amor de Dios. Pero es cierto. «Para que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos» (1 Jn 3,1).

Cinco maneras de filiación divina: a) Por naturaleza: sólo Cristo. b) Por un cierto vestigio: todos los seres creados por Dios. c) Por imagen: sólo el hombre creado a imagen de Dios. d) Por gracia: el hombre elevado a la vida de Dios. e) Por gloria: la visión cara a cara, el gozo eterno.

¿Y por qué los pacíficos son hijos de Dios? Porque nuestro Dios es Dios de paz. Y el pacífico se parece a Él, es de la familia de Dios.

Conclusiones

He aquí una etapa importante de la vida cristiana: la paz como efecto necesario de la ausencia de pecado y de nuestra consagración a Dios. Por encima de las guerras de las naciones y de las guerras de la carne contra el espíritu, la paz de nuestra filiación divina. Por encima de nuestros pecados, la paz de la absolución sacramental: «Vete en paz». Esta paz es sólo una sombra de aquella paz infinita que nos causará la visión eterna de nuestro Padre del cielo…

Poesía de Santa Teresa de Jesús

Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa. / Dios no se muda. / La paciencia / todo lo alcanza. / Quien a Dios tiene / nada le falta: / sólo Dios basta.

Oración de San Francisco de Asís por la Paz

(Oración muy empleada por Madre Teresa de Calcuta para empezar reuniones internacionales en las que hay personas de diferentes religiones.)

«Señor, hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio, siembre yo amor. Donde haya injusticia, perdón. Donde haya duda, fe. Donde haya desesperación, esperanza. Donde haya tinieblas, luz. Donde haya tristeza, alegría.

¡Oh divino Maestro! Concédeme que no tanto busque ser consolado, como consolar; ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar; porque es en el dar, cuando recibimos; en el perdonar, cuando somos perdonados; en el morir, cuando nacemos a una vida eterna.

«Hace falta amar más y hablar menos del amor»

Narciso Yepes nació en Murcia en 1927

Es un español universal; fue el primer guitarrista en utilizar la guitarra de diez cuerdas y hoy su prestigio no tiene fronteras. Ha recibido multitud de premios, y recientemente ha sido elegido para formar parte de la Real Academia de Bellas Artes. Su trayectoria cristiana tiene un arranque espectacular: decide ser cristiano mientras contempla discurrir el Sena. Desde entonces, su vida se convierte en una aventura llena de sorpresas, dolorosas algunas, como la muerte de su hijo, pero en las que Cristo ha estado siempre a su lado como amigo fiel. Se le ha hecho la siguiente entrevista:

  • ¿Por qué es cristiano? –Porque un día sentí la llamada y respondí a ella. No tuve una formación religiosa desde niño, y fue a los veinticinco años cuando recibí la primera Comunión.
  • ¿Por qué se convirtió? –Sentí una llamada. Generalmente tenemos la puerta cerrada, pero cuando la tenemos abierta, Dios puede entrar.
  • ¿Qué sintió? –Sentí que tenía la necesidad de plantearme por qué vivía y para quién vivía. La respuesta fue inmediata.
  • ¿Cómo ocurrió? –La Fe no me la transmitió ninguna persona, ningún hecho ni ninguna circunstancia especial. Estaba en París, en uno de los puentes del Sena, mirando el agua que pasaba. De repente sentí una llamada que no podía dejar de escuchar. Tuve inmediatamente la necesidad de tomar una decisión. Entré en una iglesia, tuve contacto con un sacerdote magnífico y empecé una vida nueva.
  • ¿Se ha arrepentido alguna vez de esa decisión? –No solo no me he arrepentido, sino que no puedo concebir la idea de que yo ese día no hubiera escuchado la llamada.
  • ¿No ha caído después en la rutina? –Si se cae en la rutina, no es experiencia de Dios. Con Dios no es posible, porque cada mañana Él te hace nuevas preguntas.
  • ¿Qué le impresiona más de la vida de Cristo? –Los momentos del sufrimiento de Jesús ante la incomprensión de los apóstoles, ante el hecho de que no le entendieran aquellos que estaban más próximos a Él. Por eso he intentado comprender con las entrañas lo que Cristo quería decir, para que no me ocurra lo que les pasó a los apóstoles.
  • ¿Piensa alguna vez en la Virgen? –No sólo acudo alguna vez, sino que no dejo de pensar en Ella. María es vital para la comprensión de nuestra fe porque es la madre de Cristo-Hombre, y con su actitud ha enseñado ese mensaje silencioso tan importante.
  • ¿Le ayuda ser mejor el hecho de tener fe? –No estoy seguro de que para ser bueno haya necesariamente tener fe, pero de lo que sí estoy seguro es de que para tener verdaderamente fe hay que ser bueno.
  • ¿Cómo influye la fe en su profesión? –Dios me enseña a sonreír, la sonrisa me acerca al amor y el amor a la música.
  • ¿Ha dudado alguna vez de la existencia de Dios? – Es absolutamente imposible dudar de algo tan evidente, pero hay que empezar por entenderlo con las entrañas y no con la mente. A las entrañas no les afectan las contrariedades; a la mente, sí.
  • ¿Es practicante? – Soy practicante, ecuménico y comprometido luchador por la unión de todos los cristianos
  • ¿Qué opina del Papa? – Me guardaré mucho de tener la osadía de opinar sobre el Papa, además de la gran admiración y respeto que siento hacia él.
  • ¿Cómo debe ser la actuación pública de la Iglesia española? – Ni quedarse en la sacristía ni meterse en política. La misión fundamental de la Iglesia es mantener viva la llama de la Fe, aunque muchas veces tenga que ir a contracorriente para llegar a la fuente.
  • ¿Qué tendría que hacer la Iglesia para que los jóvenes volvieran a ella? – Más meditación y menos palabras, más vivencias y menos teología. Más vida interior y menos vida mundana, en definitiva, amar más y hablar menos del amor.
  • ¿Es la religión un refugio de cobardes? – Ni de cobardes ni de valientes. No es un refugio.
  • ¿Es la fe enemiga de la ciencia? – La fe y la ciencia estuvieron unidas en un principio, después se alejaron y ahora vuelven a unirse. Es el círculo de la eternidad.
  • ¿Qué diría a los jóvenes como mensaje? – Que tengan la voluntad de dar el primer paso para dejarse llevar por la fe, igual que cuando uno aprende a nadar tiene que soltarse, aunque tenga la impresión de que se va a hundir. Si uno se suelta de la tierra y tiene fe, no se equivoca; es un paso difícil, pero si los jóvenes dan ese paso van a sentir una felicidad inmensa.