Pablo

Pudor y castidad  (103)

San Florencio de Irlanda o Estrasburgo, FundadorNo es bueno que la esposa esté sola, sino que Dios quiso que se apoyara en la ayuda de un cónyuge, semejante a ella (Gén 2, 18-24); tampoco es bueno que la virgen esté sola, sino que viva siempre en la esponsal compañía de Cristo, la ayuda semejante a ella en todo, menos en el pecado, que el Padre le ha dado (Heb 2, 17; 4, 15). (José María Iraburu)

Crecimiento en valores humanos y cristianos

El noviazgo es uno de los períodos más bonitos de la vida humana, en el que ambos se sienten estimulados a dar lo mejor de sí, por lo que es una época psicológicamente muy rica y debe ser un tiempo de crecimiento en valores humanos y cristianos, de educación al diálogo y a la responsabilidad, de aprendizaje al dominio y don de sí y de respeto y acogida al otro. (Pedro Trevijano, Pbro. – INFOCATÓLICA)

Santificarse en el noviazgo

Para ayudar a las personas que se encuentran en esta situación a formarse una recta conciencia, que les lleve a santificarse en el noviazgo, preparándose con delicadeza y sentido de responsabilidad a crear un hogar limpio, hay que recordar primero que la vocación cristiana exige a todos santidad: no hay cristianos de segunda categoría; en el noviazgo un cristiano coherente también ha de buscar la santidad, adecuar su comportamiento a la ley de Dios, sin cesiones de ningún tipo. Sólo quienes se deciden a vivir castamente el noviazgo -luchando contra las tentaciones y sin hacer equilibrios en la frontera del pecado-, ponen las bases de generosidad necesarias para poder construir después un matrimonio feliz y santo. (Michele Díaz – AVE MARÍA)

Sentir el gozo

“Tú, cuando quieras rezar, métete en tu cuarto echa la llave a tu puerta y rézale a tu Padre que está en lo escondido, y tu Padre, que ve lo escondido, te recompensará” (Mt 6, 6). Nos retiramos a rezar para estar con Dios. Porque “la oración es donde se halla Dios”, adentrarse en Dios, tomar asiento en Dios, sentir el gozo de su presencia y derramar el alma en el amor del Padre. Dios está en todas partes, “pero lo que es ser dentro de Dios no es lo mismo que el ser fuera de Él” (santa Ángela de Foligno). (TRINIDAD Y LIBERACIÓN)

El padre Solá habla del demonio (19)

Hoy día puede haber la medicina, la cirugía, procedimientos de curar enfermedades que antes se creía que eran incurables. ¿Cómo las curan? A base de unas medicinas determinadas, a base de una serie de operaciones, etc., dietas, tratamientos y demás. Cuando vemos que solamente falta ver a la vecina, la han sentenciado y se le cierra todo, y lo tiene todo curado, decimos: Qué ha hecho ese señor, ese médico… Es que tenemos unos poderes… ¿Cómo es que tenemos esos poderes? De hecho ha pasado así. Uno que tiene un poder extraño, ese poder ¿es humano, divino o diabólico? ¿Era un poder natural o sobrenatural? Ahora nos encontramos con esa dificultad: que la ciencia, como ve que va progresando mucho, a veces querría encontrar ese secreto de poder usar ese magnetismo que tenemos, lo que sea, y aplicarlo en estos casos. ¿Podrá ser? Entretanto no existe, y si esto lo hago invocando el nombre de Dios, o el nombre de Jesús, o el nombre de María, no aplicando mi fuerza como dicen, es el caso de los milagros. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Vencer todas las dificultades

Se trata de la certeza de que con María hemos de llegar a vencer todas las dificultades con que podamos tropezar en el trabajo espiritual o apostólico. Algunos, como san Juan Berchmans, santa Gema Galgani y santa Teresa del Niño Jesús parecen haber poseído esa confianza desde el primer uso de razón. Los hay quienes la experimentan después de un sermón, de una lectura, de un retiro mariano o, simplemente, de una mirada de una imagen de la Virgen, como san Gabriel de la Dolorosa. Otros, en fin, la alcanzan paso a paso, a medida que su unión con Jesús y María se va haciendo más íntima. (P. Ramón Olmos mCR. – AVE MARÍA)

La santidad sacerdotal

Me imagino, Señor, en el último lugar de los sacerdotes de toda la historia. ¡El último de todos! Y, con la percepción clara de mi absoluta indignidad, quiero y deseo aprovechar la gracia que me concedes de sentir necesidad de rogar, de pedir, de suplicar… ¿Quién podrá dudar, Señor, que de la santidad sacerdotal dependa muchedumbre de almas? Ahora me imagino el día de mi Primera Misa como una encrucijada tremenda, cargada de millonarias posibilidades eternas de gloria divina o de desgracias definitivas. (José Ricart Torrens, Pbro. – AVE MARÍA)