
Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Artículos - Contracorriente
15 jueves Nov 2018
15 jueves Nov 2018
Posted in Mojones
Montserrat
Por contraste se tiene una idea de qué beneficio trae la nueva vida: Polo de Ondergardo lo dice así: “La abolición del más pesado de los tributos incaicos (los sacrificios humanos), por sí sólo hacen de la conquista y el régimen español un estado mucho más beneficioso para los indios que el dominio del imperio incaico”. Se refiere al fin de los sacrificios humanos y el sacrificio de los vivos por honor a los muertos (los entierros) evidentemente perjudiciales para los naturales. (Cristian Garay – Verbo)
De modo análogo, los que se unen en matrimonio actúan en virtud de razones personales que ellos sopesan en orden a tomar una decisión razonada y libre. Al hacerlo, el amor dual personal adquiere una dimensión comunitaria, funda una realidad que supera y envuelve a los mismos que le dan origen. Una vez constituida, la realidad conyugal adquiere cierta independencia respecto a los sentimientos personales que se hallan a la base del proceso de gestación que culminó en ella. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)
Parécenos que ante todo conviene distinguir tres clases de relaciones que se pueden suponer entre un católico y un liberal, o sea entre un católico y el Liberalismo. Decimos así porque las ideas en la práctica no se pueden considerar separadas de las personas que las profesan y sustentan. El Liberalismo ideológico es puro concepto intelectual: el Liberalismo real y práctico son las instituciones, personas, libros y periódicos liberales. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)
Ser libre es tener dominio el hombre sobre sus acciones, lo que supone, de un lado, el libre albedrío -esto es, la libertad de elección- y, del otro, que las acciones no dependan de la voluntad humana -individual o del Estado- sino del bien que está inscrito en su ser. Esto es lo que hace “persona” al sujeto: el señorío, el ser señor de sus propios actos. La libertad no es el poder de realizar la propia voluntad, no es una decisión voluntaria; si fuera esto, se la confundiría con la autodeterminación, con la libertad de querer que “está determinada en sí y por sí porque no es otra cosa que el autodeterminarse”, según las palabras de Hegel que Castellano recuerda permanentemente. (Juan Fernando Segovia – Verbo)
Sentirían las otras la herida, porque se trataba ya de cosa que a todas afectaba; y entonces la hermandad volvería a vivir expresada en vínculos federativos, y surgiría del fondo de los estados separados un federación. Y qué, ¿novéis que así, de esa misma división circunstancial y pasajera, volvería a salir la vida nacional común, y, por la fuerza de la necesidad, de la defensa unida, la misma unidad externa del Estado? (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
A pesar de los esfuerzos de la voluntad para dominarme y para no dejar conocer a los que me rodeaban lo que pasaba en mi alma, al final de la meditación sentí que no dependía de mí en absoluto. De repente Jesús me dijo: No has escrito en este cuaderno todo sobre Mi bondad hacia los hombres; deseo que no omitas nada; deseo que tu corazón esté basado en una completa tranquilidad. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)
Presenté en 1973 al XI Congreso Internacional de Grandes Presas celebrado en Madrid. Allí, en su introducción, se escribe: “En el año 1940 la capacidad de embalse alcanzaba el volumen de 4.133 hectómetros cúbicos; en el año 1972 alcanzó 38.819 hectómetros cúbicos, es decir, casi se duplicó en los 32 años transcurridos”. En otras palabras, durante la era de Franco no sólo se proyectó, sino que se realizó 10 veces más política hidráulica que en los 2.000 años anteriores. (Gonzalo Fernández de la Mora – Razón Española)
15 jueves Nov 2018
Posted in P. Manuel Martínez Cano
Padre Manuel Martínez Cano mCR.
– Pecado es toda desobediencia voluntaria a la Ley de Dios. El pecado puede ser mortal y venial.
– Pecado mortal es toda desobediencia voluntaria a la Ley de Dios en materia grave, con plena advertencia y perfecto consentimiento.
– Se llama pecado mortal porque priva al alma de la vida de la gracia y la hace merecedora de las penas del infierno.
– Pecado venial es una desobediencia voluntaria a la Ley de Dios en materia leve, o en materia grave, si no hay plena advertencia y perfecto consentimiento.
– El pecado venial disminuye el fervor de la caridad, nos dispone al pecado mortal y nos hace merecedores de las penas del purgatorio.
– Para confesarse bien son necesarias cinco cosas: Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.
– Para confesarnos bien debemos decir al confesor todos los pecados específicamente distintos y la cantidad exacta o aproximada de cada uno de ellos.
– La causa principal de todo pecado es el egoísmo o amor desordenado de sí mismo, las heridas que dejó el pecado original en el alma, el demonio y el uso desordenado de las cosas.
– Ocasión de pecado es toda situación en la que la persona se encuentra en peligro de caer en pecado. Hemos de evitar las ocasiones de pecado.
– La tentación es la sugestión que procede de causas internas y externas que incitan a las personas a pecar. Si no se consiente en la tentación, no hay pecado.
«Todos los pecados mortales, aun los de pensamiento, hacen a los hombres hijos de la ira y enemigos de Dios» (Concilio de Trento).
«Cada pecado renueva en cierto modo la pasión de Nuestro Señor, puesto que crucifican de nuevo en sí mismos al Hijo de Dios» (Pío XI).
Su Santidad San Juan Pablo II ha recordado que: «El hombre contemporáneo experimenta la amenaza de una imposibilidad espiritual y hasta la muerte de la conciencia y esta muerte es algo más profundo que el pecado: es la eliminación del sentido del pecado».
«Todo pecado es una verdadera estupidez (vera stultitia, dice Santo Tomás) cometido contra la recta razón, pues por el goce desordenado de un bien creado y finito se pierde el bien infinito de la eterna felicidad».
«Lo que nunca he llegado a comprender es que un hombre se atreva a dormir en pecado mortal» (Santo Tomás de Aquino).
«No entendemos que es el pecado una guerra campal contra Dios de todos nuestros sentidos y potencias» (Santa Teresa de Jesús)».
En la Sagrada Escritura encontramos muchos textos que refieren pecados que excluyen del Reino de los Cielos: «¿No sabéis que los injustos no poseerán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los beodos, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios» (1ª Cor 6, 9-10).