Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Papa Francisco - confesandose– Pecado es toda desobediencia voluntaria a la Ley de Dios. El pecado puede ser mortal y venial.

– Pecado mortal es toda desobediencia voluntaria a la Ley de Dios en materia grave, con plena advertencia y perfecto consentimiento.

– Se llama pecado mortal porque priva al alma de la vida de la gracia y la hace merecedora de las penas del infierno.

– Pecado venial es una desobediencia voluntaria a la Ley de Dios en materia leve, o en materia grave, si no hay plena advertencia y perfecto consentimiento.

– El pecado venial disminuye el fervor de la caridad, nos dispone al pecado mortal y nos hace merecedores de las penas del purgatorio.

– Para confesarse bien son necesarias cinco cosas: Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.

– Para confesarnos bien debemos decir al confesor todos los pecados específicamente distintos y la cantidad exacta o aproximada de cada uno de ellos.

– La causa principal de todo pecado es el egoísmo o amor desordenado de sí mismo, las heridas que dejó el pecado original en el alma, el demonio y el uso desordenado de las cosas.

– Ocasión de pecado es toda situación en la que la persona se encuentra en peligro de caer en pecado. Hemos de evitar las ocasiones de pecado.

– La tentación es la sugestión que procede de causas internas y externas que incitan a las personas a pecar. Si no se consiente en la tentación, no hay pecado.

“Todos los pecados mortales, aun los de pensamiento, hacen a los hombres hijos de la ira y enemigos de Dios” (Concilio de Trento).

“Cada pecado renueva en cierto modo la pasión de Nuestro Señor, puesto que crucifican de nuevo en sí mismos al Hijo de Dios” (Pío XI).

Su Santidad San Juan Pablo II ha recordado que: “El hombre contemporáneo experimenta la amenaza de una imposibilidad espiritual y hasta la muerte de la conciencia y esta muerte es algo más profundo que el pecado: es la eliminación del sentido del pecado”.

“Todo pecado es una verdadera estupidez (vera stultitia, dice Santo Tomás) cometido contra la recta razón, pues por el goce desordenado de un bien creado y finito se pierde el bien infinito de la eterna felicidad”.

“Lo que nunca he llegado a comprender es que un hombre se atreva a dormir en pecado mortal” (Santo Tomás de Aquino).

“No entendemos que es el pecado una guerra campal contra Dios de todos nuestros sentidos y potencias” (Santa Teresa de Jesús)”.

En la Sagrada Escritura encontramos muchos textos que refieren pecados que excluyen del Reino de los Cielos: “¿No sabéis que los injustos no poseerán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los beodos, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios” (1ª Cor 6, 9-10).