Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Cruz del Bartolo - Castellón de la PlanaParticipamos en la peregrinación a la Cruz del Bartolo, en Castellón de la Plana. Más jóvenes que adultos. Peregrinamos rezando el Rosario. Bartolo era un monje que vivió solo, en torno a la Cruz, de doce metros de altura. La levantaron nuestros mayores. Los defensores de las libertades, los derechos del hombre y el pluralismo, la destruyeron en la persecución religiosa de los años 1936-1939, del siglo pasado

Hijos y nietos de aquellos hombres de Dios, bendijeron la nueva Cruz del Bartolo hace treinta y cuatro años. Y allí está, con sus veinte y cuatro metros de altura, protegiendo a todos los que la ven y la veneran. Cientos de cimas de España están coronadas con la Cruz de Cristo: Valle de los Caídos, Aneto, Moncayo… Es la España católica de Cristo Rey y María Reina. Sus imágenes cubren nuestra patria, España la nación de eterna cruzada.

Al pie de la Cruz, celebramos la Santa Misa con toda devoción y fervor. Confesiones. Cantos,  heredaros de la Tradición de nuestros padres. Niños y niñas santos; adolescentes y jóvenes santos, matrimonios santos; dos santas señoras en estado de buena esperanza, una de ellas esperaba su cuarta hija la semana siguiente; ancianos y ancianas santos. Digan lo que digan las estadísticas, miles de santos viven en España.

Santa Teresita del Niño Jesús, decía que lo más hermoso que ha hecho Dios es el corazón de una madre. Por mi cuenta, añado: Y el de un padre. Un joven padre con su hijo de quince días, en sus brazos, en la cima del Bartolo, me dice: “No hay palabras para decir lo que uno siente en su corazón cuando es padre. Es muy hermoso, único”. Los místicos tampoco pueden explicarse con palabras los sentimientos de sus corazones, amados por Dios, y que ellos amaban a Dios. Inefable.

Comimos al aire libre en un ambiente de fiesta y alegría celestial, seguido de un festival popular en el que intervinieron veteranos, jóvenes y niños.

Muchos niños y niñas, ¡Cuánta pureza, inocencia, alegría y santidad! Adolescentes bellísimas, radiantes, limpias y puras como el sol.

Un rinconcico del Cielo en la tierra. Iremos al Cielo: “Un día a verla iré a Madre tan querida”. Ya estamos en la eternidad nuestra alma es inmortal.

¡Viva Cristo Rey!