La Virgen del Lujan - Argentina

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (24)

Una fraternidad sincera en la verdad histórica (6)

Ante los argentinos tiene una palabra de simpático recuerdo para los dos grandes héroes de su independencia, Belgrano y San Martín.

“Y al entrar en aquellas espaciosas naves (de la Basílica de Nuestra Señora de Luján), al ver las banderas que Belgrano ganó en Salta o la espada que San Martín blandió en el Perú; al leer los mármoles que recuerdan la solemne coronación de 1887—la primera en América—o el reconocimiento de su patrocinio sobre las tierras del Plata, de 1930; al subir a aquel camarín, tan rico como devoto, entonces, sólo entonces, nos pareció que habíamos llegado al fondo del alma grande del pueblo argentino”.

(Radiomensaje al Congreso Mariano Nacional de Argentina, celebrado en Luján, 12-X-1947).

Colombia—ya lo hemos visto en otra parte—también puede estar orgullosa de los padres de la Patria, caballeros cristianos de pies a cabeza. “Bajo los auspicios de Nuestra Señora la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción, decretó la independencia absoluta el colegio electoral de Cuntinamarca; e igualmente bajo la especial protección de la Santísima Virgen Nuestra Señora, quedó constituido el Congreso federativo de las provincias unidas de la Nueva Granada”. Y más abajo, en el mismo discurso, añadía Pío XII:

“¡La Virgen del Carmen, reina de Colombia! Prometedle solemnemente absoluta fidelidad a la fe de vuestros padres; a la doctrina que ellos declararon fundamento de vuestra patria; a la religión católica, apostólica y romana, fuente profusa de las bendiciones del Cielo, como la llamó vuestro libertador el gran Simón Bolívar en un momento solemne de vuestra vida nacional”.

(Radiomensaje al Congreso Mariano Nacional de Colombia, 16-VII-1946).

Chile, no menos que sus hermanas, vio combatir en su suelo, por la libertad de la Patria, a capitanes que hacían honor a sus antepasados, y eran fruto, por lo demás, de tres siglos de civilización cristiana. De ningún modo se puede considerar a aquellos hombres desligados de su pasado. Es más, por defender la tradición cristiana instaurada por los conquistadores en América, y atacada ahora por los últimos Gobiernos peninsulares, que habían desviado el rumbo de la Hispanidad, se alzaron algunos de aquellos valientes.

“¿Qué corazón auténticamente chileno no siente acelerar sus latidos cuando oye nombrar, por ejemplo, a Nuestra Señora de Andacollo, y, muy especialmente, a la Madre Santísima del Carmelo, cuyo escapulario fue un día gloria sobre los pechos robustos de vuestros próceres y sigue siendo todavía hoy casi una patente de reconocimiento nacional?”

(Radiomensaje al Congreso Nacional Mariano de Chile, 31-XII-1950).