Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (26)

La esencia de la Hispanidad es el catolicismo romano (1)

“América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo, y es locura todo intento de hispanización que lo repudie…

La historia de nuestra vieja hispanidad es esencialmente católica, y ni hoy ni nunca podrá hacerse hispanidad verdadera de espaldas al catolicismo”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

América, a raíz de su independencia, y a consecuencia de la dialéctica revolucionaria y liberal, echó en olvido la tradición católica en que había sido educada, rompiendo así con la Hispanidad, Pero sucedió, desgraciadamente, que la misma España —aunque parezca paradoja—se desligó también de la Hispanidad, viviendo durante más de un siglo al margen de sus genuinas tradiciones católicas.

Así pues, tanto la América española, como la Madre Patria, si quieren volver a vivir los días gloriosos de antaño han de reincorporar a su vida nacional el catolicismo romano, que forma parte de la esencia de su nacionalidad. En una magistral exposición. Monseñor Zacarías de Vizcarra hace resaltar la importancia de este retorno:

“Las nuevas naciones hispánicas fueron plasmadas por España y Portugal, no con el criterio económico y materialista de las colonias modernas, sino con el designio materno de formar, a su imagen y semejanza, prolongaciones con sustanciales de sus metrópolis, con la misma estructura social de ellas, con las mismas costumbres, la misma religión, la misma moral, el mismo derecho, el mismo concepto de la vida, la misma lengua, la misma cultura. Por eso, las colonias de España y Portugal se convierten muy pronto en naciones hechas y derechas, con las mismas características: fundamentales de sus metrópolis.

El tipo moral de todas las naciones hispánicas, el espécimen de humanidad que representan, el modo de reaccionar ante los valores espirituales son sustancialmente los mismos. Existen sarmientos diferentes que han brotado de una sola cepa espiritual. La Hispanidad es única, encarnada en veinte naciones soberanas… Saquemos ahora las consecuencias de la doctrina expuesta.

Las veinte naciones soberanas, que integran la Hispanidad, poseen un tesoro común, que es la base y fundamento de su unidad espiritual y la razón indeleble de su hermandad: el tesoro de Santiago y María Santísima del Pilar, el radical y combativo catolicismo hispánico, celosamente guardado y heroicamente defendido contra toda clase de enemigos en las Edades Antigua y Media por España y Portugal, y transmitido por ellas en la Edad Moderna a la gran familia de naciones hispánicas del Nuevo Mundo, sin distinción de razas, colores ni latitudes.

Este común tesoro y la suma de tradiciones históricas, modalidades éticas y caracteres culturales por él determinados y con él compenetrados, constituyen el patrimonio conjunto de toda la Hispanidad. Cada una de las naciones hispánicas debe defenderlo separadamente como propio, como nacional. Pero esto no impide que todas ellas se ayuden mutuamente en la defensa del patrimonio común”.