Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Jesús Sacramentado - Cruz

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (27)

La esencia de la Hispanidad es el catolicismo romano (2)

Los avanzados del movimiento hispanizado han entendido bien que la Hispanidad no puede crecer sino a la sombra de la Cruz.

Es la tesis que Ramiro de Maeztu desarrolla en su libro Defensa de la Hispanidad. Es la doctrina del Cardenal Gomá en su Apología de la Hispanidad. Es, en fin, el ideal de todos los Caballeros de la Hispanidad en esta nueva conquista de sus propias tierras.

Resulta enormemente consolador para todos aquellos que anhelamos el triunfo de nuestra Madre la Iglesia, constatar que el movimiento rehispanizador es de auténtico origen católico. Católicos antirrevolucionarios fueron sus principales iniciadores en España: Menéndez y Pelayo y Ramiro de Maeztu, y católica y antirrevolucionaria fue y es la voz que ha respondido en América al llamado de la Madre Patria, para que los pueblos hispánicos vuelvan a los valores clásicos de su civilización. Los nombres de Junco, Quadra, Restrepo y tantos otros lo proclaman desde el otro lado del Atlántico.

Es digno de ser señalado que los grandes luchadores de la América portuguesa han captado con igual sensibilidad histórica que la civilización lusoamericana, de cuño idéntico a la hispánica—como nacida de unos mismos ideales universalistas y apostólicos—, es también esencialmente cristiana. Por la identidad de ideales de la comunidad hermana serán de interés estas reflexiones del catedrático brasileño Plinio Correa de Oliveira, director de la revista doctrinal “Catolicismo”. Después de analizar paralelamente la fisonomía del conquistador español y la del portugués—que hombro a hombro sacaron del abismo a decenas de pueblos—, el docto profesor pasa a examinar certeramente la esencia de la civilización iberoamericana, su grandioso porvenir, su esencial condicionamiento, a Saber: la sumisión pública a Jesucristo Rey. Sumisión que es precisamente la meta de la revista “Catolicismo” y del grupo de seglares que trabajan a sus flancos.

“Mencionamos juntos, en esta enumeración, a Portugal y a España. Lo hacemos de intento. No se debe hablar de esas dos naciones en los mismos términos en que se habla de Alemania y Francia, por ejemplo, sino más bien como se hablaría de Alemania y Austria, o de Suecia y Noruega. Los rasgos fundamentales de ambas son comunes. Se diferencian en pormenores numerosos, interesantes, fecundos más al fin y al cabo pormenores. ¿Cuáles son estos rasgos comunes? Los vemos principalmente en el idealismo. Ambos pueblos mostrarán al mundo asombrado—sea en las guerras contra el moro, sea en la expansión marítima, sea en la colonización de tres continentes, sea todavía en el florecimiento literario y artístico de sus siglos de apogeo— que saben y pueden vencer con extraordinario brillo en las luchas y en las tareas de la vida terrena.

Para eso les sobra fuerza, denuedo, inteligencia y realismo. Insistimos en el realismo, porque es ésta una cualidad que con frecuencia se les ha querido negar. Sostener contra los moros una guerra victoriosa de ocho siglos no es cosa que se consiga cuando se tiene el alma soñadora y pusilánime de un idealista hueco”.