Seguir a Jesucristo

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

El buen discípulo de Cristo, sigue al Señor. Es la Luz que necesita para no quedar encerrado en las tinieblas del llamado mundo moderno. Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida” (San Juan 8, 12). Sigamos a Jesús. Lo que Él nos dice y nos enseña con su vida. Es el Camino necesario para ser eternamente felices en el Cielo.

La imitación de Nuestro Señor Jesucristo es medio necesario para alcanzar nuestro fin sobrenatural y eterno: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (San Juan 17, 3). Cuanto mejor imitemos a Jesucristo más felices seremos en la tierra y en el Cielo. “En ningún otro hay salvación, pues bajo el Cielo no se ha dado a los hombres otro nombre en el que debamos salvarnos” (Hechos 4, 12).

Cristiano es quién imita a Cristo. Sabemos perfectamente que es imposible. Somos débiles y enfermos. Pero podemos ser otros en el orden sobrenatural. Con la gracia de Dios, que no nos faltará nunca. En la Última Cena, Jesús dijo a los apóstoles: “Os he dado ejemplo para que lo que Yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (San Juan 13, 15). Amar a Dios Padre, amar al prójimo hasta dar la vida por los hermanos. Este debe ser nuestro programa de vida, como el de los santos.

Las pasiones desordenadas y el pecado esclavizan a las almas. El amor a Cristo y a la Virgen Santísima, purifican las almas les da la libertad de los hijos de Dios: “Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres” (San Juan 8, 36). Adán usó mal su libertad. Quiso ser como Dios y perdió su felicidad. Dios reparó el pecado original, haciéndose hombre la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Quién le siga y le imite será eternamente feliz en el Cielo.

Imitar a Cristo es declarar guerra sin cuartel a las pasiones desordenadas. Sin amor a Jesús es imposible. El amor a Jesucristo se cultiva en la oración, la recepción de los sacramentos y el sacrificio.

El Señor fue pobre, muy pobre. Y hoy queremos que no nos falte nada, ni lo superfluo. En el mundo, cada año, mueren millones de personas por falta de alimentos. Recordemos las palabras de Jesús: “Porque tuve hambre y me disteis de comer”. Tenemos que amar al prójimo de verdad. Con obras de misericordia.

En sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola quiere que pidamos: “Conocimiento interno del Señor que por mí se ha hecho hombre para que más le ame y le siga”. Conocimiento que llegue hasta lo más íntimo de los corazones y se transforme en sentimiento y acción. Amor vivísimo en la voluntad y en obras de santidad. ¡Amor de corazón a corazón!

Virgen Santísima, Madre del Amor Hermoso, enséñanos a vivir como vivió Jesús en este mundo tenebroso.