Inmaculada y Ángeles

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

NATURAL Y SOBRENATURAL

Dios, Nuestro Señor, no sólo creó a los ángeles y a los hombres sino que, además, los elevó a un estado superior a su naturaleza, a un estado sobrenatural.

Natural es todo aquello que forma parte de una naturaleza.

Sobrenatural es todo aquello que no constituye parte de la naturaleza ni es efecto de ella, sino que está por encima del ser, de las fuerzas y de las exigencias de la naturaleza.

Lo sobrenatural penetra la esencia y las fuerzas de la naturaleza perfeccionándola dentro del orden creado (dones preternaturales) o elevándola al orden divino del ser y del obrar (dones absolutamente sobrenaturales).

ELEVACIÓN Y CAÍDA DE LOS ÁNGELES

Santo Tomás dice que la elevación sobrenatural de los ángeles tuvo lugar al mismo tiempo que Dios los creó. Los ángeles fueron elevados al estado de gracia, pero no al estado de glorificación.

Los ángeles fueron sometidos a una prueba moral para merecer, con la ayuda de la gracia y su libre cooperación, la visión beatífica de Dios, en un estado definitivo y glorioso.

Los ángeles buenos superaron la prueba y recibieron como premio la felicidad eterna del Cielo: “Vi y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los vivientes y de los ancianos, y era su número de miríadas y de millares de millares” (Ap 5, 11).

Los ángeles malos, capitaneados por Lucifer, se rebelaron contra la voluntad divina y fueron castigados eternamente en el infierno: “En efecto, Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitándolos en las tenebrosas cavernas del infierno, los entregó reservándolos para el juicio” (2ª Pe 2, 4), y fueron transformados en horribles demonios.

El tremendo castigo del infierno ha de hacernos entender la malicia que encierra en sí el pecado mortal y proponernos firmemente no hacer jamás un solo pecado.

ACCIÓN DIABÓLICA EN EL MUNDO

En la Sagrada Escritura aparece la influencia nefasta del diablo en el mundo. Jesús le llama “pecador y homicida desde el principio”(1ª Jn 3, 8) “padre de la mentira” (Jn 8, 44).

Los demonios nos tientan con engaños, imaginaciones, excitaciones, malos pensamientos, para que pequemos y nos condenemos como ellos están condenados eternamente: “Estad alerta y velad, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente anda en torno vuestro mirando a quién devorar” (1ª Pe 5, 8).

La Sagrada Escritura ofrece los ejemplos de las caídas en pecados de nuestros primeros padres (Gén 3, 1ss), la traición de Judas (Jn 13, 2 y 27), la negación de Pedro (Lc 22, 31), la mentira de Ananías (Hch 5, 3), etc., para que estemos alerta, vigilemos y no hagamos caso nunca a los demonios.

El diablo podrá tentarnos pero, con la gracia de Dios, podemos vencerle siempre. En la tentación debemos acudir a la Virgen Santísima, al Ángel de la Guarda y a todos los santos; usar agua bendita, hacer la señal de la cruz y los actos de fe, esperanza y caridad.

Es consolador saber que el demonio sólo puede tentar en la medida que Dios le permite: “Dios no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas” (1ª Cor 10, 13).

Otra especie de acción diabólica en el mundo es la posesión diabólica, por la que el mal espíritu se apodera del cuerpo humano. El testimonio explícito de Cristo habla de la realidad de este fenómeno. Jesús mismo expulsó demonios (Mc 1, 23ss; Mt 8, 16; 8, 28ss; 9, 32; 12, 22; 17, 18) y confirió a sus discípulos poderes sobre los malos espíritus (Mt 10, 1 y 8; Mc 16, 17; Lc 10, l 7ss).

La Iglesia, haciendo uso del poder que le concedió Nuestro Señor Jesucristo, expulsa a los demonios por medio de los exorcismos, oraciones oficiales de la Iglesia para expulsar los malos espíritus.

LOS ÁNGELES CUSTODIOS

Es doctrina de fe por el Magisterio universal y ordinario de la Iglesia que los ángeles buenos tienen la misión de proteger y velar por la salvación de los hombres: “¿No son todos ellos espíritus servidores, enviados para servicio de los que han de heredar la salvación?” (Heb 1, 14).

Cada creyente tiene su particular ángel de la guarda desde el día del Bautismo. Más aun, según la doctrina general de los teólogos, no sólo los creyentes, sino todos los hombres, incluidos los infieles, tienen desde el día de su nacimiento un ángel de la guarda particular. Esta doctrina se funda en las siguientes palabras del Señor: “Mirad que no despreciéis a uno de esos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el Cielo la faz de mi Padre, que está en los Cielos” (Mt 18, 10).

También es sentencia común de los teólogos que cada pueblo y nación tiene la especial protección de su ángel custodio.

En Fátima se apareció tres veces a los pastorcitos el Ángel de Portugal. La Iglesia honra al arcángel San Miguel como su protector especial.