Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Exaltación de la Santa Cruz y Ángeles

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (30)

La esencia de la Hispanidad es el catolicismo romano (5)

Pío XII, a su vez, ha puesto en claro en más de una ocasión esta verdad afirmando netamente que el vínculo más fuerte y más sagrado que liga entre sí a los pueblos de la Hispanidad no es otro que la fe católica íntegra y combativamente vivida.

“Mundo hispanoamericano, lleno también de problemas, que vosotros conocéis perfectamente, especialmente cuando se trata de la conservación y aumento del más precioso de vuestros patrimonios, de esa fe católica que por encima de la sangre y de la estirpe, por encima de la lengua y de la misma historia es, acaso, entre vosotros, el vínculo de unión más estrecho, hasta el punto de daros una fisonomía común que nada tiene que ver con ningún elemento humano, porque arranca exclusivamente de la unidad de espíritu, que es la sólida y más profunda de las unidades; de esa fe católica que debéis procurar por todos los medios no perder”.

(Exhortación a los alumnos del Pontificio Colegio Pío Latino Americano, 5-IV-1956).

Debido a esa primordial vinculación hispanoamericana por la fe, la esencia de la Hispanidad hay que buscarla precisamente en el Catolicismo. Nuestra sacrosanta religión ha sido siempre el tono más saliente en la historia del mundo hispánico. El Catolicismo, matizado de una sana intransigencia, o, para decirlo mejor, el catolicismo auténtico sin ningún matiz ha sida también la bandera que ha enrolado en estos últimos tiempos a los nuevos Caballeros de la Hispanidad. Caballeros cristianos que murieron mártires por Dios y por su Patria y por sus tradiciones, aquende los mares, como Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera y tantos Otros millares; caballeros cristianos que, allende los mares, al comenzar sus conferencias lo hacen con estas palabras: “Invito a la concurrencia a ponerse de pie y hacer la señal de la Cruz, a cuya sombra nacimos a la luz de la gracia y a la civilización”.

Y este catolicismo combativo lo manifiestan sin rodeos. El mismo autor escribía en otra ocasión:

“Es inevitable este proceso. Si América ha de salvarse, los nuevos tiempos tendrán que contemplar un renacimiento espiritualista, una vuelta a los principios culturales que formaron nuestra profunda unidad hispanoamericana”.

Y en ese mismo libro nos cuenta P. A. Quadra una excursión que realizó a través de la América española, y unos contactos establecidos con las juventudes hispánicas que en sus respectivos países conservan el amor de la tradición. Su impresión es decididamente optimista. El movimiento tradicionalista de América cuenta con los mejores y más valiosos elementos culturales de sus respectivas naciones, y su nota típica es en todas partes un catolicismo sanamente combativo.

“Es decir, se levanta una juventud en todo el Continente que da oídos a esa hermosa voz americana de que antes hablaba, a esa llamada de reconquista que comenzará en nosotros mismos para que luego ordenemos nuestras tierras —las que nos corresponden por herencia y por sangre— para que esas tierras, ya ordenadas en la Verdad, estén dispuestas, en el momento glorioso, a volverse a juntar en la hermandad y en el ayuntamiento imperial de la Hispanidad.

Yo invito a nuestra juventud, no a esperar el retomo de nuestra tradición, sino a ir a conquistarla.

Para ello debemos empuñar la espada por donde debe empuñarse: por la Cruz, que es la empuñadura de la espada. A base de cristiandad nació nuestra cultura y nuestra civilización. A base de catolicidad debe resurgir. Somos y tenemos que ser cruzados para responder en la verdad a la herencia inmensa que nos dejaron nuestros fundadores. Porque esa herencia se encierra en una sola palabra: Conquistadores; y esta juventud, que anhela la grandeza de la Patria, y en el futuro la grandeza y fuerza imperial de la América, debe ser, de nuevo, integral y decididamente. ¡¡Juventud conquistadora!!”