Obra Cultural
La Virgen María, por todo lo que nos dice la Biblia, fue proclamada por la Iglesia: Virgen Purísima, Madre de Dios, Esposa del Espíritu Santo, Corredentora de la humanidad, Madre de Cristo, Madre espiritual de la Iglesia y de todos los redimidos, Mediadora de todas las gracias, Llena de gracia, Inmaculada, Reina Universal del cielo y de la tierra, Abogada perpetua de todos los pecadores, Refugio de todas las almas, Consuelo de los afligidos, Madre de la Divina gracia, Omnipotencia suplicante, Gloria máxima de la humanidad, Obra maestra de la Creación.
La Virgen María, siendo como es la criatura más excelsa que ha salido de las manos de Dios, la mujer más pura y más bella que podemos imaginarnos, la «toda pulcra» de la Liturgia, la llena de todas las virtudes, la llena de gracia, la que más amó a Dios, la más amada de Dios, la que más atenciones y cuidados prestó a Dios, la que recibió plena obediencia del Verbo durante los 30 años en Nazaret, la que ha merecido los más sublimes Sigue leyendo
Muchos católicos desean vivamente una renovación en armonía con el ser y la misión de la Iglesia, y vuelven los ojos al Papa Juan Pablo II, empeñado en la tarea de saneamiento. Sienten que la unidad es imposible si se socavan sus fundamentos: la tradición de la fe y la doctrina católica, el ministerio episcopal en comunión con el Papa, la vida sacramental, la disciplina canónica.
En estas horas, el Príncipe de España ha vivido con honda emoción, compartiendo el sentir general de la nación, con la discreción, prudencia y virtudes castrenses que le son familiares, mientras nuestras Fuerzas Armadas, sólido y supremo pilar de la unidad e independencia de la Patria, han sabido en todo momento hacer honor a su glorioso historial de dedicación y disciplina, del que nos queda como ejemplo el Capitán General de la Armada don Luis Carrero Blanco, que ha venido a engrosar el patrimonio castrense de entrega y de lealtades.
La Virgen María, según la Biblia, es Madre del Mesías, es Madre del Salvador, es Madre del Redentor, es Madre de Jesucristo, es verdadera Madre de Dios. Y por ser Madre de Dios -escribe Santo Tomás de Aquino- la Virgen María adquiere una dignidad casi infinita, inferior ciertamente a Dios, pero muy superior a toda criatura, sea humana, sea angélica, sea creada ya, sea en potencia (o en el futuro). Y esta dignidad le viene a la Virgen de haber dado la carne y la sangre propia a su hijo Jesucristo: porque la carne de la Virgen pasó a ser también carne de Dios, y porque la sangre de la Virgen pasó a ser también sangre de Dios.