Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

guerra-camposMuchos católicos desean vivamente una renovación en armonía con el ser y la misión de la Iglesia, y vuelven los ojos al Papa Juan Pablo II, empeñado en la tarea de saneamiento. Sienten que la unidad es imposible si se socavan sus fundamentos: la tradición de la fe y la doctrina católica, el ministerio episcopal en comunión con el Papa, la vida sacramental, la disciplina canónica.

A pesar de las crisis, llama a las puertas una muchedumbre de jóvenes, que sintonizan con la Iglesia, la del cenáculo y la de siempre, despreciando la manoseada distinción entre lo «preconciliar» y lo «postconciliar». Esta fecundidad de la Iglesia —lógica desde los principios vitales de la Fe— es también coherente con un hecho experimental, objeto inmediato del saber histórico: en un mundo desesperanzado la Iglesia es la única proclamación de una Esperanza total, que no se desgasta con las vicisitudes de los tiempos. En la Iglesia una multitud de corazones sencillos viven la alegría de estar acompañados por Jesucristo, Dios con nosotros, que da sentido a la historia, como camino de cruz y resurrección.