P. Alba
A Ti cuando en los montes rompe el alba, dejando paso al Sol, con alegre voz venimos a ofrecer nuestras acciones, Sagrado Corazón.
Gloria a Cristo Jesús. Obras del hombre bendecid al Señor.
Levántese hacia Ti esta mi ofrenda, levántese hacia Ti mi corazón.
Ofrecimiento del día
Os adoro, Dios mío, y os amo con todo mi corazón.
Os doy gracias por haberme creado, redimido, hecho cristiano y conservado en esta noche.
Os ofrezco todas las acciones de este día; haced que sean todas según vuestra santísima voluntad, para mayor honra y gloria vuestra. Preservadme del pecado y de todo mal.
Vuestra gracia sea siempre conmigo y con todos los míos. Amén.
Actos de fe, esperanza y caridad
Dios mío, creo en Vos, porque sois la suma Verdad.
Dios mío, espero en Vos, porque sois la suma Bondad.
Dios mío, os amo con todo mi corazón, porque sois el sumo Bien.
Ofrecimiento al Corazón de Jesús
¡Divino Corazón de Jesús!
Por medio del Corazón Inmaculado de María, yo me consagro a Ti y contigo me ofrezco a Dios Padre en tu Santo Sacrificio del Altar, con todas mis oraciones y trabajos, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados, para que venga a nosotros tu Reino, especialmente por las dos intenciones confiadas este mes por el Papa al Apostolado de la Oración.
Oración a María Santísima
¡Oh, Señora mía! ¡Oh, Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos; y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.
Madre aquí tenéis a vuestro hijo. (3 veces.)
En Vos, Madre mía dulcísima, he puesto mi confianza y nunca jamás seré confundido. Amén.
Rezarás tres Avemarías, añadiendo, después de cada una de ellas la siguiente petición:
Madre mía Santísima, guardadme de vivir y morir en pecado mortal.
Oración al Ángel Custodio
Ángel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día. Amén.
Deprecaciones
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con Vos descansen en paz el alma mía.
Oración a san José
¡Oh san José! Padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo y castísimo esposo de la Santísima Virgen María, rogad por nosotros y por los agonizantes de este día. Amén.
Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti, celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
te ofrezco desde este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.
Relaciones Iglesia-Estado. Como siempre, antes y después del Concilio, se quiere que armonicen la independencia y la sana colaboración. En 1966, el Episcopado anuncia al Papa su disposición a renunciar a cualesquiera privilegios, si conviene para mayor claridad (9); pero dice que «la Iglesia no puede renunciar a los «privilegios» que «entrañan un derecho de los ciudadanos católicos…, singularmente en el campo de la educación, la beneficencia y las obras sociales (10). La Santa Sede hace suyo el criterio (11).
Mi padre y mi madre me han dado, cada uno, la mitad de la herencia genética, que a su vez ellos han recibido de sus predecesores. La fusión de esas dos partes en una, desencadena un programa del que ellos ya no son los artífices. Cierto que sin ellos yo no sería nada; les debo todo; les debo la vida. Pero desde ahora yo me voy a servir del programa que ellos me han confiado, de bueno o de mal grado, para construirme yo a mí mismo. Mi punto de partida es más extraordinario en su ínfima pequeñez, que el del cohete espacial en su grandeza. Recuerdo las palabras de J. Lejeune «En cada célula reproductora humana, una cinta de un metro de larga, queda fraccionada en 23 segmentos. Cada segmento es
Por otra parte, nuestra acción política ha de ser creadora, consciente de las nuevas circunstancias y peligros que la aceleración histórica de nuestro tiempo y la amenaza del materialismo ofrecen. Nuestra concepción cristiana de la vida, concepción occidental del hombre y la sociedad, está sufriendo el reto de una coyuntura competitiva en el terreno económico y social, y también en el de la eficacia política. Por todo ello, vuestra vocación ha de ser militante y vuestro ánimo creador. Queremos una estructura política robusta y actual, unos instrumentos de acción eficaces, una fe capaz de responder firmemente y con verdad a la apostasía, al escepticismo o a la traición. Queremos todo ello para salvar, de verdad, las esencias de la convivencia democrática, que de lo contrario está destinada a ser arrollada por la perfidia, la demagogia y el poder material del