Obra Cultural
Un buen día alrededor de 1958, encontré a un buen amigo por las calles de Barcelona. Estos encuentros no son frecuentes en las grandes ciudades, y quizá por ello, se aprovechan para charlar: no se sabe cuándo vamos a volver a encontrar a nuestro amigo, que en ocasiones -como sucedía en este caso-, vive incluso cerca de nuestra casa. Mi amigo sacó el tema de los anticonceptivos (¡la píldora!). Entonces todavía era una novedad. Se pensaba, en general, que moralmente «estaba mal». Mi amigo afirmó: «de todos modos, si uno quiere encontrar un cura que le diga que no es pecado, siempre puede encontrarlo: es cuestión de empeñarse». Sin duda, la picaresca ha existido siempre. Pero el pícaro sabe lo que hace: busca lo que le interesa, y lo hace a sabiendas.
No hay nada más personal que la religión, puesto que la comunicación de cada hombre con Dios es algo íntimo en lo que nadie puede sustituir a otro. Pero, al mismo tiempo, la relación personal con Dios se basa en unas verdades (el conocimiento que se tiene de todo lo referente a Dios), y conduce a una moral. Si uno se equivoca sin culpa suya en su conocimiento de Dios y de la moral, puede a pesar de todo realizar acciones meritorias con la ayuda de la gracia de Dios; si la equivocación es culpable, las relaciones con Dios quedan falseadas desde su raíz. Sigue leyendo
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Es constante, hasta la muerte, el reconocimiento del fervor cristiano y de la ejemplaridad en la vida privada, de los que informaba secretamente a Roma, desde el principio, el Cardenal Gomá (5). Poco a poco se conocerán prácticas muy significativas, por ser reservadas: misa diaria, gran piedad eucarística, retiros espirituales (6). En una Europa secularizada a Franco se le veía como gobernante católico por excelencia. Identificado con la fe del pueblo, muy diferente de los hombres públicos del «despotismo ilustrado», que halagan al pueblo despreciando su fe (7).
«Jesús mío, os pido por vuestras santas llagas, hacedme morir mil veces, antes que yo haga alguna acción solo para que me alaben»