Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 264, septiembre de 2001

lourdesQuerido suscriptores:

Os estoy escribiendo desde Lourdes. Tengo a mi derecha un francés, anciano, excombatiente de la última guerra mundial. En sus manes callosas, el rosario. A mi izquierda, media docena de muchachas filipinas que susurran oraciones, inmóviles, devotas. A nuestras espaldas el caudaloso do Cave refresca el ambiente en su discurrir presuroso como en los tiempos de santa Bernardette. En la otra rivera, en la gran tienda de lona que rememora la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto, está permanentemente expuesto el Santísimo Sacramento, con muchedumbre de adoradores durante todo el día.

Levanto mis ojos a la imagen de la Virgen que lo preside todo desde su gruta en la peña. Continúan pasando balo ella y tocando la roca innumerables peregrinos de toda raza, lengua y condición. Otra multitud so- porta el ardor del sol del mediodía. Cabezas cubiertas con mil colores de pañuelos y sombreros, oran. Suplican de rodillas a la Reina los que son jóvenes, los mayores, unos sentados y buen número de rodillas. Hay silencio. Es la serenidad de la verdad.

Estamos en el reino de María. Ella ha prometido que después de la prueba que ha de purificar el mundo, su Corazón Inmaculado triunfará. EI gran santuario de Lourdes, como los grandes santuarios de otros lugares, santos, elegidos por la Virgen son los oasis donde reposan las almas a la vista del próximo reino prometido por Nuestra Señora en Fátima.

¿Cómo será el Reino de María? Será el Reino de su Divino Hijo. El triunfo del Corazón de María es el triunfo del Corazón de Jesús. No puede ser de otra manera. María fue el camino para que viniera a nosotros el Hijo de Dios hecho hombre. María es el camino para que venga a nosotros el reinado social de su Divino Hijo. Será un reino de verdad y de vida. Un reino de santidad y de gracia. Un reino de justicia, de amor y como consecuencia de todo, de paz. Abundará la vida sobrenatural y la sumisión a la Iglesia. La misma Iglesia se renovará en el fervor. Reinará la mutua caridad, la muerte de todos los nacionalismos, la desaparición de las pugnas raciales, las divisiones políticas y el poder avasallador del dinero y de la prepotencia económica. La alegría de sentirse cristianos e hijos de la Virgen embargará los corazones y los hombres se verán unidos como hermanos. El ambiente de ese futuro reinado en el que la maternidad volverá a recobrar su nobleza, y las familias desearán engendrar muchos hijos para Dios, se respira ya en Lourdes, anticipo de la ciudad de la nueva cristiandad.

¡Levantemos nuestros corazones! Esto no es un sueño o un piadoso deseo, es la promesa de la Virgen cuando afirmó que al final de todas las pruebas por las que ha de pasar la Iglesia el Corazón Inmaculado de María ha de triunfar. Ya estamos inmersos en la prueba de todos los humos de Satanás que han penetrado en el seno de la Madre Iglesia. Pero el humo de Satanás será disipado por la Virgen María, por la intercesión de la sangre de los millones de mártires de nuestra época.

¡0h bendito Lourdes que nos llenas de esperanza y de certidumbre ante el triunfo próximo del Corazón Inmaculado de María!

Esta esperanza sobrenatural que el Señor destiló en mi alma en mi peregrinación a Lourdes es la que quiero transmitiros a todos vosotros, a los que llevo siempre en mi oración y en mi corazón.