
«Corazón de Jesús dirige tu mirada de Redentor y Padre sobre nuestra pobre España y reina con absoluto dominio sobre cada uno de tus hijos; danos la paz para que vivamos en perfecta caridad».
Madre Mª Josefa del Corazón de Jesús
13 martes Jul 2021
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«Corazón de Jesús dirige tu mirada de Redentor y Padre sobre nuestra pobre España y reina con absoluto dominio sobre cada uno de tus hijos; danos la paz para que vivamos en perfecta caridad».
Madre Mª Josefa del Corazón de Jesús
11 domingo Jul 2021
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10 sábado Jul 2021
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El Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Namyang, Corea del Sur, también conocido como «Rosary Hill», es uno de los lugares donde un gran número de católicos fueron martirizados durante la Gran Persecución de Byungin.
Para conmemorar su martirio como prueba de su fe, Namyang fue designado como Lugar Santo el 7 de octubre de 1991, el día de la fiesta de la Santísima Virgen María del Rosario.
Por primera vez en la historia de la Iglesia católica coreana, un sitio fue dedicado exclusivamente a la Santa Madre y la oración por la paz.
En las instalaciones del Santuario, hay una hermosa Capilla oriental.
Numerosos peregrinos que visitan este lugar y después de haber recorrido el Camino del Rosario, se acercan a la estatua de María que extiende los brazos para recibirlos.
Llenos de confianza, como el Niño Jesús aferrado a ella, le confían sus alegrías, preocupaciones y todas las intenciones que llevan al Santuario.
Namyang es sin duda alguna un lugar de abundante gracia de Dios.
Habiendo rezado el Vía Crucis, se llega al Huerto de Jesús Misericordioso, donde se encuentra la estatua de Jesús Misericordioso, así como las de Santa Faustina y San Juan Pablo II.
Este jardín fue creado con la convicción de que existe una gran necesidad de proclamar al mundo moderno el mensaje del Amor misericordioso de Dios.
La solemne inauguración del Centro Internacional de Oración por la Paz tuvo lugar el 14 de octubre de 2017, en el año de la celebración del Centenario de las Apariciones de Fátima.
Típicos del Altar son dos motivos: el rosal (símbolo del Rosario) y la corona de espinas que encierra a las personas de Jesús y María (símbolo del enorme sufrimiento a través del cual se realizó la salvación del mundo).
08 jueves Jul 2021
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– «Con él se va el pasado nacional-católico de la Iglesia».
– «Giraba todavía más a la derecha».
– »Tesis integristas del secretario del Episcopado».
– «Desde entonces se siente relegado y, despechado, inicia el camino de la disidencia abierta».
– «Se convirtió en adalid de los “ultras”.
– «…defensa a ultranza de las posiciones más conservadoras de la Iglesia Católica».
– «…jornadas de Zaragoza a las que Pablo VI le prohibió asistir».
– «Un ataque cardíaco mata a…».
– «Se enfrentó a Pablo VI».
– «Carácter ultraconservador».
– «El obispo que irritaba a Tarancón».
– «Vota contra la Llei de la Reforma Política, contra la Llei del Divorci, Avortament… i la Constitució Democràtica».
Después de haber leído estos periódicos que se publican en Catalunya, el lector poco avisado sobre los términos usados se quedará con una imagen del santo obispo que lo fue de Cuenca durante veintitrés años, como de una persona muy poco deseable, que hacía muy bien en morir y desaparecer de este mundo, junto con todo lo que defendía. Pues bien, el que desee tener una imagen real de él, lea cualquier periódico de Cuenca, que es donde le conocieron, y verá de qué otra forma más distinta le ven allí. Fiel a su puesto de pilar de la Iglesia, cumplió con creces sus obligaciones pastorales con las gentes de aquellos pueblos, que le correspondieron con un cariño y una adhesión que no desdecían en nada de su celo pastoral, pues continuamente estaba andando de pueblo en pueblo, y le gustaba participar de la sana alegría de sus gentes, como por ejemplo, después de un acto religioso en un pueblo, solía haber bizcocho y “zurra” (mezcla de vino, gaseosa y frutas). El Sr. Obispo siempre era el que cogía las bandejas el primero, con aquella su franca y cordial sonrisa que le caracterizaban, y servía al público, que solía ser todo el pueblo, reunido en la Plaza mayor, o frente a la iglesia o el ayuntamiento. Así, estaba sirviendo mientras hablaba con todo el mundo con su hablar siempre ecuánime y sereno.
No hay peor mentira que las verdades a medias, o presentar el bien y la verdad como mal y error. Es una guerra de términos.
A un Obispo de la Iglesia Católica que es fiel a sus enseñanzas, ¿hay que tratarle con todos los epítetos peyorativos que encabezan este escrito? La verdad es una y simple, y esta verdad que está clarísima en el Evangelio es la que Mons. Guerra Campos ha enseñado desde que era sacerdote. Y como esta verdad requiere el testimonio de la vida, con todas sus consecuencias, como signo de contradicción, él no dudó en testificarla de palabra y de obra, hasta su muerte, incluso con sus silencios.
¿Es que se puede decir de los mártires de la Iglesia o de toda la amplísima variedad de sus santos y santas que son “ultras”, “integristas”, etc.? No, sino que han sido fieles a lo que Nuestro Señor Jesucristo ha enseñado, con todas las fuerzas de su espíritu.
Quien le ha conocido íntimamente puede afirmar que hasta sus últimos momentos ha sido fidelísimo a la Iglesia. Al que le temblaba la voz y se le enrojecían los ojos de cariño y respecto al hablar de cierta ocasión en que se entrevistó con Pablo VI, ¿cómo se puede decir de él que desobedeciera al Papa, sabiendo muy bien que lo primero que tienen que hacer los obispos y cualquier fiel cristiano es obedecer al Sumo Pontífice? Por tanto, decirlo es calumniarle gravemente.
He tenido ocasión de conocerle en los últimos días de su vida, de aquella vida que se iba apagando de día en día, pero que tenía todo el vigor y lozanía del que tiene su conciencia limpia ante Dios y los hombres, del que ha sido coherente hasta el final con la Fe que ha iluminado su vida y su actuación en todos los momentos de ella. Fue verdaderamente ejemplar en todo: desde el meticuloso orden de sus propios enseres caseros, hasta el mismo orden en la exposición de sus ideas, procurando siempre medir y calcular todas sus palabras para ser fiel a la verdad y rigurosamente objetivo en su exposición hasta los más mínimos detalles, sin querer herir a nadie, delicadísimo en la caridad, no se le oyó una sola crítica de nadie. Callaba.
En la vida de familia de sus últimos días nos ha dejado muy buenos recuerdos. Procuraba agradar a todo el que se acercaba a él; se le veía, o se adivinaba, por la extremada palidez de su rostro, hacer esfuerzos por hablar y decir algo instructivo, con aquella profundidad y serenidad con que lo decía todo. Quería ser útil a todos con sus palabras y de cualquier cosa tenía algo interesante que decir, pues sabía de todo y se interesaba por todos. Al mismo tiempo, ponía su máximo empeño en ocultar sus males para no dar qué sufrir ni qué hacer.
Mucho obispo como él quisiera tener la Iglesia de Dios.
Este es el testimonio que puedo dar en favor de esta gran personalidad de la Iglesia en España, que se merecería muchos más elogios, pero lo dejo para quien sepa escribir mejor.
08 jueves Jul 2021
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La Iglesia Católica es la sociedad de fieles cristianos fundada por Jesucristo cuya cabeza visible es el Papa.
La Iglesia es el Pueblo de Dios, Cuerpo místico de Cristo, comunidad visible de salvación que camina, hacia la definitiva y gloriosa realización del Reino de Dios, a través de la historia.
Cristo fundó la Iglesia para facilitar a la humanidad su salvación eterna. La Iglesia es una sociedad religiosa. Su fin es la santificación y salvación de las almas. Para conseguir este fin sobrenatural, la Iglesia enseña a sus fieles las verdades reveladas por Dios y administra los medios de santificación instituidos por Cristo: los sacramentos.
Por su Fundador, la Iglesia es una institución divina; por los fieles que la constituyen, es una sociedad humana. Por su origen divino, la Iglesia es inmutable; por sus miembros, la Iglesia está sujeta a un desarrollo exterior.
Las fuentes de la Historia de la Iglesia son los testimonios de los hechos acaecidos, en un tiempo y lugar determinado. Su valor será tanto mayor cuanto más se acerquen al hecho que relatan. Se dividen en cuatro grupos: 1) Documentos escritos. 2) Monumentos materiales. 3) Tradiciones orales. 4) Fuentes auxiliares.
1 º Los documentos escritos de la Historia de la Iglesia son: El Nuevo Testamento, las obras de los Padres Apostólicos y Santos Padres, las actas de los concilios, los martirologios, los documentos de los papas, las vidas de los santos, los códices de liturgia, los rituales…
2° Los monumentos materiales de la Historia de la Iglesia son: Templos, edificios, catacumbas, sepulcros, inscripciones, imágenes, medallas…
3° Las tradiciones orales de la Iglesia son los sucesos, transmitidos oralmente, de una generación a otra., hasta nuestros días.
4° Las fuentes auxiliares de la Historia de la Iglesia son: El Dogma, la Moral, el Derecho, la Historia profana, la Geografía, la Cronología, la Paleografía, la Epigrafía, la Numismática…
La Historia de la Iglesia suele dividirse en Edades: Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea.
Edad Antigua (1 – 681). Abarca desde el principio de la Iglesia hasta finales del siglo VII. Se distinguen dos períodos. Desde la fundación de la Iglesia hasta el año 313. Es el tiempo de las persecuciones contra la Iglesia hasta su triunfo con el Edicto de Milán, promulgado por el Emperador romano, Constantino. Del año 313 al 681 la Iglesia se organiza y desarrolla interiormente, protegida por los Emperadores romanos.
Edad Media (681 – 1303). En estos siglos la Iglesia es la cabeza rectora de la civilización occidental, con predominio absoluto en todos los órdenes culturales. Del 681 al 1073, la Iglesia trabaja y lucha para adquirir el prestigio a que aspiraba entre los nuevos Estados occidentales. Del 1073 al 1303, la Iglesia es el centro de la civilización europea. Es el período típico de la Edad Media: la Cristiandad.
De 1303 hasta. finales del siglo XIV sigue el influjo del espíritu cristiano en la sociedad.
Edad Moderna (1303 – 1648). La Edad Moderna es el tiempo de la decadencia del influjo de la Iglesia en la sociedad y también de la reacción espiritual de los mejores de sus hijos contra las ideas anticristianas.
Edad Contemporánea (1648 – hasta nuestros días). Consumada la división de la Cristiandad por la falsa reforma protestante, la Edad Contemporánea se caracteriza por la creciente descristianización de la sociedad y aparece el absolutismo de Estado, que quiere monopolizar todas las actividades, incluso las eclesiásticas.
La Historia de la Iglesia es el conjunto de hechos que muestran su desarrollo externo y su evolución interna.
La Historia externa de la Iglesia comprende su expansión por el mundo, desde la predicación de los Apóstoles hasta nuestros días: persecuciones, triunfos, relaciones con los Estados…
La Historia interna de la Iglesia estudia su organización, su culto, sus sacramentos, su actividad pastoral, el desenvolvimiento doctrinal, la vida moral e intelectual de sus miembros…
La Historia bimilenaria de la Iglesia, analizada desde su perspectiva humana, es similar a cualquier otra historia y, como toda ciencia histórica, está sometida a las leyes de la crítica histórica.
Analizada desde su perspectiva divina, la Historia de la Iglesia es radicalmente distinta a una mera historia humana.
La Historia de la Iglesia se inicia en la Revelación divina. Y, como sociedad divina, influye sobre la sociedad humana, elevándola hasta alcanzar, según frase paulina, »la instauración de todas las cosas en Cristo».
La historia de la Iglesia es teología viva, en el sentido más puro y noble del término.