Carlos León Roch
¡Nuevos beatos en nuestra Diócesis!
La Diócesis de Cartagena (España) ha celebrado el viernes día 1 de febrero un hito extraordinario presidido por el Sr. Obispo: la solemne consagración de las reliquias de los SIETE mártires cartageneros, víctimas de la persecución de 1936-39 en la capilla dedicada expresamente a ellos, como lo era, hasta ahora, a todos los Caídos por las mismas causas y en el mismo periodo de tiempo.
Desde la Edad Media, con nuestros carismáticos santos San Leandro, San Isidoro, San Fulgencio y Sta. Florentina, estos beatos que ahora festejamos en su martirio vienen a enriquecer de santidad nuestra diócesis cartagenera, nuestra Iglesia primogénita de España.
Estos beatos realizaron actos heroicos y generosos en los que unos pusieron el «acento «en la fidelidad a la causa de la Iglesia, y otros «también» en el de España… y para sus asesinos sin ningún matiz, sin ninguna distinción.
Porque ¿qué diferencia esencial existe en el mártir, que muere en defensa de creencias religiosas, y el Caído, que lo hace en la de una Causa? Y, en cualquier caso, ambas condiciones (mártires y caídos) se corresponden con acciones heroicas. Tres sustantivos casi sinónimos.
Nuestros siete mártires de la familia Vicentiana fueron «elegidos» para el martirio por su fe, cultivada en la entrañable Asociación de Hijos de María. En rigurosa Causa de la Beatificación, tan fiel y extensamente recogida en el libro Mártires de la Familia Vicentiana. España 1936-1937 se corrobora la comunión en el martirio con ilustres personajes seglares como el exalcalde de Cartagena Alfonso Torres. Uno de los muchos apellidados «Carlos Roca» asesinados, el prócer José Maestre, el popular farmacéutico Mustieles. Muy jóvenes todos, mueren por no renunciar a sus creencias, aunque en sus patéticos «juicios populares» son acusados de «alzarse contra la república y de adhesión a la rebelión militar».
Y el propio beato Pedro González Andreu, ya en trance de su inmediato sacrificio afirma públicamente que «moría por Dios y por España». Muchos alabamos al Señor por concedernos estos nuevos beatos a quienes encomendar nuestras rogativas, a quienes orar en demanda de la Paz y del Reino. Bienvenidos a su casa, a su Diócesis, mártires por Dios y por España. Bienvenidos Beatos de la FE.
La experiencia personal de la M. María Félix puede ayudarnos a vivir el Año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. Ella recibió la gracia de experimentar con gran profundidad el misterio del pecado como ofensa personal al Corazón del Señor, y el misterio aún mayor de su infinita misericordia para con el pecador. Ella misma se sentía una gran pecadora, cualquier pequeña imperfección le parecía una inmensa ingratitud: ¡Cuánto he ofendido a Dios y cuánto me ha amado y me ama Dios! Estos dos extremos son el gran misterio de la vida, misterio que me sobrecoge, que me confunde, que me paraliza estática ante su grandeza, que me lanza ardiente a Él, que me ha perdonado y que me ha conquistado con la grandeza de su misericordia. Toda su experiencia vital, recogida en los escritos autobiográficos, resume esta misma idea. Por eso, en el momento de su redacción, el 7 de enero de 1953, escribe:
Este canon de funcionalismo en el arte se traslada al vestido también. Adaptación a la función que debe desempeñar. La utilidad debe colocarse en primer plano. No importa que el vestido sea prosaico, con tal que sea útil y cómodo. En la arquitectura han aparecido materiales que facilitan la construcción de viviendas útiles y placenteras y también se han inventado variedad de tejidos que favorecen la utilidad y comodidad de los vestidos. Pero es difícil que el vestido se acomode a todas las funciones que debe desempeñar. La civilización moderna coloca al hombre y a la mujer en situaciones variadas, no conocidas. Crece el deporte y la vida de campo. Los medios de locomoción evolucionan vertiginosamente: bicicletas, motos, trenes, automóviles, aeroplanos. La mujer rompe las fronteras del hogar, invade los campos del trabajo y del deporte. El vestido funcional tiene que buscar formas variadas que faciliten los movimientos, sin perjudicar la salud, y ofrezcan comodidad. Y procura encontrarlas.
Suelen ser dogma del pensamiento tradicionalista la conjugación concorde de la unidad con la variedad de las Españas. Abundan en nuestros expositores las líricas exposiciones históricas que enhebran la explicación del nacimiento del ser hispano con la comparación de un manojo de riachuelos manados de las crestas pirenaicas, desde Covadonga y desde las fantasías románticas del legendario patriarca Aitor, desde San Juan de la Peña y desde los condados de la Marca hispánica; los cuales fueron creciendo a son de combates en los siglos nebulosos de la primera Reconquista, para converger al cabo enlazados en río caudal a la sombra de los muros de Granada, con aguas bastantes como para fertilizar el entero continente americano y fecundar con el poso de sus légamos cristianos las más apartadas regiones del planeta. 