Francisco Elías de Tejada

Cristo Rey del Universo - A - MSuelen ser dogma del pensamiento tradicionalista la conjugación concorde de la unidad con la variedad de las Españas. Abundan en nuestros expositores las líricas exposiciones históricas que enhebran la explicación del nacimiento del ser hispano con la comparación de un manojo de riachuelos manados de las crestas pirenaicas, desde Covadonga y desde las fantasías románticas del legendario patriarca Aitor, desde San Juan de la Peña y desde los condados de la Marca hispánica; los cuales fueron creciendo a son de combates en los siglos nebulosos de la primera Reconquista, para converger al cabo enlazados en río caudal a la sombra de los muros de Granada, con aguas bastantes como para fertilizar el entero continente americano y fecundar con el poso de sus légamos cristianos las más apartadas regiones del planeta.

Planteamiento histórico que corresponde a la doctrina política realista de ver como en la naturaleza o en la vida la unidad de la especie va acompasada a la diversidad de los sujetos, de suerte que lo humano se concreta en la multiplicidad de los hombres o la rosa se hace carne en multiforme estallido de colores y perfumes.

En lo político, nosotros, unitarios y españoles con tantos títulos que sin jactancias podemos definirnos vivas estatuas de lo español, sabemos que la España, unidad berroqueña frente a las extranjerizaciones bastardas, es una precisamente porque es varia, porque en la gama de las catalogaciones sociológicas tenemos que separar dos planteamientos: de cara al extranjero hostil, somos unos en la fidelidad indomable a una tabla de valores que no admiten disputa; mientras que en lo interno de nuestra unidad española conocemos existen muchas diversas maneras de realizarse lo español. Los tradicionalistas hablamos de la España única frente a la extranjería, porque entendemos que contra las ideologías extranjeras nos une el hecho evidente de haber sostenido en la historia la concepción católica de la existencia, fieles al Cristo con lealtades de soldados, cruzados contra el moderno espíritu europeo, mílites de la Cristiandad que es reinado social de Jesucristo, o sea, sustentadores de la concepción teocéntrica de la historia en pugna cerrada con las ideologías antropocéntricas que invaden Occidente desde el recodo del 1500. Los tradicionalistas hablamos de las Españas varias porque entendemos que el genio español, único en la urdimbre esencial de su catolicismo militante, es universal en sus manifestaciones y ha cuajado en numerosas culturas brillantísimas, formas diversas de aquella unidad indiscutible. Conocemos tantas maneras de lo español como son los pueblos que en la ancha redondez del universo fueron milicias de Dios en la monarquía misionera de las Españas. No recortamos lo hispánico a la ingente heroicidad de Castilla, antes afirmamos las demás maneras españolas: la catalana y la napolitana, la filipina y la azteca, la guaraní y la portuguesa, la incaica y la gallega, la sarda y la del Franco-Condado, la siciliana y la flamenca. Nuestra Tradición es sólida como la crin de los caballos: porque muchos hilos se trenzan en su recia universalidad.

(VERBO)