Luis Fernando de Zayas y Arancibia
El refranero tiene ese dicho clásico: «de bien nacido es ser agradecido. Viene este recordatorio a cuento con la festividad de 14 de Septiembre: la Exaltación de la Santa Cruz, con la que la Iglesia quiere que recordemos que, hacia el año 320, la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo. La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.
Años después, el rey Cosroes II, de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz, poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén el 14 de Septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fue llevada en persona por el Emperador a través de la ciudad. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz.
Nuestra redención fruto de la Cruz
Dios quiso que su Hijo Unigénito, Jesucristo, se hiciera hombre, como nosotros, naciendo de la Virgen María, para que, sufriendo Su Pasión y Muerte en la Cruz, nos redimiera del Pecado Original y pudiéramos alcanzar la gloria eterna, en el Cielo.
Jesús dijo: «El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Con este mensaje nos dejó claro que en esta vida íbamos a tener momentos de dolor junto a otros de felicidad.
Pero nuestro dolor, no lo perdamos de vista, contribuye a nuestra redención, ya que completa el ofrecimiento y sacrificio incruento de Nuestro Señor Jesucristo, en las misas que diariamente se celebran en el mundo entero. Seamos agradecidos y fieles a Dios y a su Iglesia, presente en la tierra en la persona del Papa y de la Iglesia.
(EL PAN DE LOS POBRES)
Por favor, P. James, sepa que no lo estoy atacando. Solo quiero ser abierta y compartir mi historia y mi corazón contigo.
En estos meses, muchos niños se acercarán por primera vez al altar para recibir la comunión. La M. María Félix, que recordaba su propia experiencia, era muy consciente de la enorme capacidad que tienen los niños para amar y sacrificarse por las personas que aman. También los sentimientos de amor y delicadeza hacia la Eucaristía pueden llegar a ser muy profundos en ellos, tal y como se nos muestra en esta anécdota, tomada de los escritos autobiográficos de la Madre:
Lo mismo que hubo en el pueblo falsos profetas, también habrá entre vosotros falsos maestros que propondrán herejías de perdición y, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida perdición. Muchos seguirán su libertinaje y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Y por codicia negociarán con vosotros con palabras artificiosas; su sentencia está activa desde antiguo y su perdición no duerme. En efecto, Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitándolos en las tenebrosas cavernas del infierno, los entregó reservándolos para el juicio; y no perdonó al mundo antiguo provocando el diluvio sobre un mundo de impíos, aunque preservó a Noé, el pregonero de la justicia, y a otros siete; condenó a la catástrofe a las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a ceniza y dejándolas como ejemplo para los impíos del futuro; libró al justo Lot, acosado por la conducta libertina de los corruptos —pues este justo, con lo que veía y oía de aquellos con quienes convivía, sentía atormentada su alma justa por sus obras inicuas—. Así pues, bien sabe el Señor librar de la prueba a los piadosos y guardar a los impíos para castigarlos en el día del juicio,
El Obispo Joseph Strickland, de la diócesis de Tyler (Texas – EE.UU.), expresó el poderoso mensaje del plan de Dios para la vida humana, en su homilía del domingo 24 de junio, en la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.