Primera Comunión

Félix - 1En estos meses, muchos niños se acercarán por primera vez al altar para recibir la comunión. La M. María Félix, que recordaba su propia experiencia, era muy consciente de la enorme capacidad que tienen los niños para amar y sacrificarse por las personas que aman. También los sentimientos de amor y delicadeza hacia la Eucaristía pueden llegar a ser muy profundos en ellos, tal y como se nos muestra en esta anécdota, tomada de los escritos autobiográficos de la Madre:

Y llegó el día de mi Primera Comunión. La hice en mi pueblo natal el 9 de septiembre de 1918, cumplidos ya los once años. Eligieron mis padres ese día por ser aniversario de su boda, y quisieron que fuese en el mismo altar, con igual ornamentación y con la misma música. ¿Fueron instrumentos de Dios para que en esos detalles entendiese después que el Señor tomó posesión de mi alma aquel día para siempre?

(…) Del día de mi Primera Comunión sí que recuerdo muchas cosas y todas buenas. Mientras me vestían no quise mirarme en el espejo. Por descuido abrí un instante los ojos y vi ante mí, en la luna del espejo, como un fardo blanco de tul y de lazos. “¡Qué bien queda!”, decían mis familiares. “¿Será verdad?”, pensé yo. Y abrí de nuevo los ojos. Un temor súbito y fuerte de faltar a mi promesa, un arrepentimiento doloroso me los hizo cerrar al instante, y antes de comulgar confesé mi tentación de vanidad y quedé tranquila, dichosa y deseosa de recibir al Señor.

Música, flores, luces, plática, familiares… Todo quedó en el fondo, semidesvanecido, sin relieve, confuso. Toda mi alma, todo mi ser, estaba absorto en Dios. Lloraba de dulzura; me sentía otra persona distinta; mis padres, cuanto me rodeaba, me parecía cosa extraña, nunca vista.

Al llegar a casa pedí permiso a mis padres para dar el contenido de mi hucha a los pobres. Lo di todo y aún pedí por dos o tres veces más dinero a mis padres. Si no me contienen, aquel día no hubiese quedado nada en casa.