Virgen de la Merced en Santo Domingo
En 1493 se inicia el segundo viaje de Cristóbal Colón y consta documentalmente que frailes mercedarios acompañaron al almirante. Aunque no se ha documentado el nombre propio del religioso mercedario que acompañó a Colón en su segundo viaje, sí es cierto que a “un fraile de la Merced llevaba como capellán el Almirante” en esa oportunidad. Parece ser que se trataba del padre Juan Infante.
Colón informó al rey Femando de la existencia de tribus que se deberían evangelizar para que en un futuro los colonos que llegaran desde España pudiera relacionarse y comerciar con ellas. Dicho informe propició la inmediata adjudicación de tal encomienda, entre otros, a los frailes mercedarios, ya que eran expertos en tratar con gentes de otras religiones, en especial con los mahometanos de África.
En este segundo viaje de Colón, parece ser que el enfrentamiento con los nativos de la isla de la Española fue muy duro y que las tropas de Colón casi habían perdido la esperanza de poderlos vencer, cuando un fraile mercedario, Juan Infante, confesor de Colón, y que llevaba consigo la imagen de Nuestra Señora de la Merced, les prometió la victoria en nombre de la Virgen María. Como finalmente ésta se logró, se hizo construir un santuario en honor a la Virgen.
Así pues, el primer santuario mariano de América fue dedicado a la Virgen de la Merced, en el lugar donde el auxilio de la Virgen les dio la victoria, en el cerro de la Cruz de la Vega, de la actual República Dominicana. Hoy en día, este primer santuario mariano de América, es un acreditado centro de culto a María. Su imagen fue un regalo de la reina Isabel la Católica a los primeros misioneros mercedarios.
No se sabe cuándo llegaron a fundar convento los mercedarios en el Santo Cerro, pero en la ciudad de Santo Domingo, fundada el 27 de noviembre de 1493 por Colón con el nombre de La Isabela, los mercedarios ya habían fundado convento ante de 1514. De aquí en adelante Santo Domingo será el punto de llegada de los religiosos mercedarios de España hacia América y centro de expansión misionera hacia otras regiones.
El 8 de septiembre de 1616, la Virgen de la Merced fue proclamada patrona de Santo Domingo. Este patronazgo de la Virgen Blanca fue aclamado oficialmente no sólo por fuerza de la devoción popular de más de un siglo, sino, especialmente por los grandes favores y milagros que obró la Virgen de la Merced con ocasión del gran terremoto de 1614 que asoló la Isla.
La infantería de la Isla también la juró por patrona tras la milagrosa victoria, el 14 de mayo de 1656, “contra mil herejes ingleses, sólo con trescientos católicos”.
En 1513, Vasco Núñez de Balboa logra introducirse por el istmo de Panamá y descubre el Océano Pacífico, al que denominó Mar del Sur. En el mismo año, se constituye en diócesis Panamá, que sería la primera diócesis erigida en tierra firme. Desde ese momento se convierte esa región algo así como en un centro de operaciones. Desde allí salen expediciones civilizadoras hacia la América Central y por el istmo de Panamá pasa la corriente cristiana hacia la América del Sur. Los mercedarios fueron los capellanes de muchas de estas arriesgadas expediciones y los primeros en construir conventos en Guatemala y otros puntos de América Central.
La oposición al derecho natural Sobre este tema de los derechos humanos hay en la Unión una lucha transversal tanto dentro de cada estado como entre los estados. En este ámbito, los países de la Unión están muy divididos, entre ellos y en su interior. Las organizaciones de la sociedad civil que defienden el derecho a la vida y la familia entre hombre y mujer se contraponen con los grupos progresistas que, en cambio, quieren extender los nuevos derechos a la autodeterminación individual más allá de cualquier regla moral y jurídica. Las instituciones europeas habitualmente están de parte de estos últimos, pero no consiguen evitar el conflicto social y político sobre estos temas. Y la parte que defiende el derecho natural siente que las instituciones europeas son sus enemigas, aumentando aún más la desafección hacia ella. 
Durante el tiempo que duró el asedio de la capital turolense por los republicanos, fueron numerosos los fusilamientos en diversos puntos de la ciudad que iban siendo ocupados y lo mismo ocurrió el 8 de enero una vez que fue tomada la ciudad definitivamente.
Cardenal Newman: «Cuando consideramos la sucesión de los tiempos durante los cuales ha subsistido el catolicismo, el rigor de las pruebas a que ha sido sometido, los cambios repentinos y maravillosos que lo han afectado desde el exterior y en su interior, la incesante actividad mental y los dones intelectuales de sus miembros, el entusiasmo que ha despertado, el furor de las controversias que han surgido entre sus fieles, la violencia de los asaltos que ha debido resistir, las responsabilidades sin cesar crecientes que ha debido asumir…, es totalmente inconcebible que no se haya disuelto en pedazos y arruinado en el caso de haber sido una corrupción del cristianismo…; y si su larguísima serie de desarrollos hubiese sido una secuela de corrupciones, sería éste un ejemplo de continuado error tan nuevo, tan inexplicable, tan extraordinario, que parecería casi un milagro capaz de rivalizar con esas manifestaciones del Poder Divino que constituyen la prueba del cristianismo. Contemplamos a veces, sorprendidos y atemorizados, el grado de sufrimiento que llega a soportar el cuerpo humano sin sucumbir. Pero tarde o temprano llega el fin. Las fiebres tienen su punto crítico después del cual viene la salud o la muerte. Pero esta corrupción de mil años, si es que lo es, ha caminado continuamente hacia la muerte sin encontrarla nunca, y sus excesos, lejos de debilitarla, la han fortalecido».