Cardenal John Henry NewmanCardenal Newman: “Cuando consideramos la sucesión de los tiempos durante los cuales ha subsistido el catolicismo, el rigor de las pruebas a que ha sido sometido, los cambios repentinos y maravillosos que lo han afectado desde el exterior y en su interior, la incesante actividad mental y los dones intelectuales de sus miembros, el entusiasmo que ha despertado, el furor de las controversias que han surgido entre sus fieles, la violencia de los asaltos que ha debido resistir, las responsabilidades sin cesar crecientes que ha debido asumir…, es totalmente inconcebible que no se haya disuelto en pedazos y arruinado en el caso de haber sido una corrupción del cristianismo…; y si su larguísima serie de desarrollos hubiese sido una secuela de corrupciones, sería éste un ejemplo de continuado error tan nuevo, tan inexplicable, tan extraordinario, que parecería casi un milagro capaz de rivalizar con esas manifestaciones del Poder Divino que constituyen la prueba del cristianismo. Contemplamos a veces, sorprendidos y atemorizados, el grado de sufrimiento que llega a soportar el cuerpo humano sin sucumbir. Pero tarde o temprano llega el fin. Las fiebres tienen su punto crítico después del cual viene la salud o la muerte. Pero esta corrupción de mil años, si es que lo es, ha caminado continuamente hacia la muerte sin encontrarla nunca, y sus excesos, lejos de debilitarla, la han fortalecido”.