Ángel David Martín Rubio

Anselmo Polanco y Felipe RipollDurante el tiempo que duró el asedio de la capital turolense por los republicanos, fueron numerosos los fusilamientos en diversos puntos de la ciudad que iban siendo ocupados y lo mismo ocurrió el 8 de enero una vez que fue tomada la ciudad definitivamente.

“Entre los lugares donde éstos se hallaban figuran los siguientes: uno debajo del Viaducto, huerto propiedad de Sr. Rodríguez en cuyo sitio los cadáveres hallados presentaron todos ellos perforación de cráneo y siendo identificados por su buen estado de conservación, presentando características demostrativas de su martirio, siendo despojados la mayoría de éstos hasta de sus vestiduras; otro de los lugares de relación de mayor cuantía de cadáveres es el lugar denominado la “Granja” donde paisanos y militares recibieron la palma del martirio con el agravante de estar destrozados sus cráneos, lo que revela la muerte que recibieron muy distinta del lugar antes citado… estando por consiguiente sin exhumar los términos denominados por esta causa los Mansuetos, alto y bajo, parte de Caparrates, dos Cementerios de los marxistas y cadáveres diseminados por este Término.

Otro de los lugares que se han exhumado cadáveres es en una finca situada tras de la casa propiedad de Rudesindo Lacasa cuyos cadáveres presentaban la cremación y como se observase por los mismos rojos el hedor propio de estos casos al mes de prenderles fuego les dieron tierra… otro sitio también de mayor cuantía es a derecha e izquierda de la carretera de Villastar cuyos cadáveres presentaban perforación del cráneo y estos como los anteriores en su mayoría han sido identificados por los familiares, con los datos y observaciones que anotaba el capellán suscritor” .

Aparte de los que fueron fusilados, el cese de la resistencia en Teruel dio lugar a que todo el personal que se encontraba dentro de los reductos fuera hecho prisionero y tratado como tal, a pesar de que en las negociaciones que se llevaron a cabo se convino en que los no combatientes tendrían una consideración de evacuados bajo el patrocinio de la Cruz Roja.

Los prisioneros -entre los que se encontraban el defensor de la plaza, coronel Rey D’Harcourt y el obispo, fray Anselmo Polanco, fueron llevados en su mayor parte a la prisión de San Miguel de los Reyes de Valencia. Los detenidos más notables (jefes de más alta guarnición, algunos civiles, el Obispo y dos canónigos) fueron trasladados a Barcelona a los pocos días de su captura. El resto sería repartido entre diversas cárceles y campos de concentración.

Los presos de la capital catalana recorrieron diversos centros de reclusión y el Obispo fue objeto de varias tentativas y presiones para que se retractara de su firma a la “Carta Colectiva” del Episcopado español o hiciera manifestaciones contrarias a la causa nacional sin que lograran en un momento apartarle de su inicial actitud.

El avance del ejército nacional en enero de 1939 a través de Cataluña, hizo que el Gobierno republicano ordenara trasladar más a retaguardia a los prisioneros de guerra que se encontraban en Barcelona. Después de marchas penosísimas, en tren y a pie, un grupo formado por prisioneros de Teruel y algunos militares italianos y alemanes fueron separados del resto en San Juan de las Abadesas y, finalmente, trasladados a Pont de Molíns (Gerona).

Una vez allí, los guardianes fraguaban un plan para llegar a la frontera con los prisioneros y ponerlos allí en libertad pero llegó una orden del Gobierno de Negrín disponiendo el traslado a la zona centro. Al día siguiente, 7 de febrero de 1939, apareció un camión con 30 soldados, mandado por el comandante Pedro Díaz, un Comisario político, un Teniente y varios subalternos (es decir, una fuerza armada perteneciente a la Brigada Líster, debidamente encuadrada y con mandos militares) y se hicieron cargo de los presos alegando un traslado a Rosas. En realidad fueron llevados, en dos expediciones, al lugar conocido como Correch de Can Tretse, pasados por las armas e incinerados.

Las víctimas fueron 42 y entre las que pudieron ser identificadas procedentes de Teruel se encontraban el obispo, su vicario general don Felipe Ripoll, el canónigo de Albarracín don Javier García Blasco; el coronel Domingo Rey D’Harcourt, el teniente coronel José Pérez Hoyo y el alférez retirado Damián Adalid Blanque.

(AFÁN)