Stefano Fontana

San Juan Pablo II con niñoLa oposición al derecho natural Sobre este tema de los derechos humanos hay en la Unión una lucha transversal tanto dentro de cada estado como entre los estados. En este ámbito, los países de la Unión están muy divididos, entre ellos y en su interior. Las organizaciones de la sociedad civil que defienden el derecho a la vida y la familia entre hombre y mujer se contraponen con los grupos progresistas que, en cambio, quieren extender los nuevos derechos a la autodeterminación individual más allá de cualquier regla moral y jurídica. Las instituciones europeas habitualmente están de parte de estos últimos, pero no consiguen evitar el conflicto social y político sobre estos temas. Y la parte que defiende el derecho natural siente que las instituciones europeas son sus enemigas, aumentando aún más la desafección hacia ella.

Cuando los Estados Unidos de Trump eliminaron la financiación internacional a los organismos que promueven el aborto masivo, la Unión Europea los sostuvo en parte aumentando el presupuesto para este fin y transformándose así en el primer financiador en el mundo.

La lucha interna en los países existe también entre países y países. Muchos estados de Europa del Este han blindado en la propia constitución la familia natural, o bien la negación del reconocimiento público de la homosexualidad o el derecho a la vida desde la concepción a la muerte natural. Estos países han entrado en conflicto ideológico con las instituciones europeas, que los han acosado. La antropología se transforma, cada vez más, en terreno de división europea. La tendencia de la Unión es uniformar, pero algunos países empiezan a reaccionar contra la homogeneización. Los cuatros países de Visegrad -Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría- reivindican la propia identidad cultural, religiosa y ética, separándose de la homogeneidad ideológica europea.

Culturas y pueblos Precisamente sobre este terreno de la identidad cultural y religiosa de los pueblos europeos se observan los mayores síntomas del déficit en el proceso de unificación. El nexo entre pueblo y cultura es fundamental. Si es indudable que existe una cultura europea, aunque luego sea difícil individuarla debido a la gran cantidad de sus componentes, es igualmente indudable que nace de las culturas de cada pueblo individualmente, que no absorbe en sí negándolas. Juan Pablo II nos enseñó que la cultura es un camino hacia la naturaleza humana, que transciende todas las culturas, las relativiza y permite su valoración ética. Los pueblos intentan alcanzar la común naturaleza humana según distintos recorridos; es decir, según las culturas, que no son autorreferenciales, sino que valen en cuanto revelan al hombre tal como éste es y se ponen a su servicio. Por esto en las culturas se pueden introducir también elementos negativos cuando no respetan al hombre; precisamente es la naturaleza humana la que en estos casos desarrolla el papel de criterio de juicio y de valoración moral de la propia cultura.