Victoria de la espiritualidad sobre el materialismo
Nuestra Victoria fue una victoria de principios, una victoria de la espiritualidad sobre el materialismo; la victoria de los que no nos conformábamos con un estado de miseria, de injusticia, de decadencia de toda una Patria que habíamos prometido defender. La victoria no era un fin, era un medio, un instrumento; necesitábamos construir un Estado, teníamos que levantar a España y hacer que los principios espirituales rigieran nuestras obras.
(II-IX-1945: Madrid.—Sección Femenina.)
Triunfo de todos
Nuestra Victoria no ha sido de una persona ni de un partido; nuestra Victoria ha sido la victoria de la fe, de las tradiciones, de los hogares, del campo y la ciudad, de la fábrica y del trabajo, del pobre como del rico; triunfo de todos y derrota sólo de la anti-España.
(17-IX-1945: Vitoria.)
La paz nacida de la Victoria
Pero la paz nacida de nuestra Victoria no puede ser una paz egoísta, confiada y sin espinas. Si nosotros nos durmiéramos en nuestros laureles y no sacásemos las consecuencias de cuanto nos condujo a la situación de que partimos, las mismas causas producirán los mismos efectos. No es posible levantar a España sin el sacrificio y el esfuerzo cotidiano de todos sus hijos. La lucha en las batallas de la vida nunca se acaba; los esfuerzos tienen que ser continuados, y aunque ganadas las primeras y más difíciles jornadas, el camino ya se hace mucho más llevadero, pues lo principal es romper la inercia.
(23-X-1950: Tenerife.—Capitanía General.)



Es para mí una satisfacción recibir al Ayuntamiento de Melilla y agradecerle esta nueva delicadeza que ha tenido con nosotros. Gracias, por vuestra constancia, por vuestro buen espíritu militar, por vuestro patriotismo nunca desmentido y por vuestros esfuerzos por conseguir el mejoramiento de Melilla.
Camaradas y ex combatientes de la Falange de Castilla: con la misma emoción que en los tiempos de nuestra Cruzada recibía vuestro aliento y vuestro estímulo me siento hoy a través de los tiempos al encontrar en vosotros, en vuestras heridas, en vuestros servicios, en vuestras familias y en vuestra constancia, el mejor sostén de nuestra Patria.