Monseñor José Guerra Campos
Separata del «Boletín oficial del Obispado de Cuenca»
Núm. 5, mayo 1986
La labor conjunta de los Obispos se reorganiza. A la Conferencia de Metropolitanos sucede la Conferencia Episcopal. Esta da, en el período reseñado, quince instrucciones colectivas, tratando de orientar en medio de la confusión doctrinal y del secularismo laxista (2). Los Obispos manifestaron, en 1973, que su tarea más importante era «promover la unidad de todo el pueblo cristiano». Pero ciertas modalidades de la actuación pastoral, especialmente llamativas desde los años setenta, se añaden como nuevo factor de malestar a las causas ya indicadas. He aquí cinco:
1. Equívocos acerca de la autoridad de la Sigue leyendo
Al igual que en otras partes, el fenómeno caracteriza a muchos dirigentes en el campo del pensamiento o de la acción. No se trata sólo de las incertidumbres o desaciertos inherentes a la búsqueda de nuevas formas catequéticas o pastorales. Muchos profesores, publicistas y cargos pastorales, de la confianza de la Jerarquía, no ocultan su reticencia o su abierta oposición a la Doctrina del Magisterio o a la Disciplina universal, en eclesiología, cristología, normas morales. Las campañas pro ley de divorcio y de aborto son iniciadas por católicos, y apoyadas por instituciones ligadas al Episcopado (1). En consecuencia se extienden prácticas pastorales desviadas de la doctrina católica, sobre todo en matrimonio y Penitencia. En el momento en que los cambios sociales y económicos ocasionan una
La Iglesia de España no fue excepción. Según la apreciación del mismo Pablo VI (testimonio directo y reiterado), fue una de las naciones católicas más sacudidas, por desconexión imprudente de sus propias raíces tradicionales. Ciertamente, donde había solicitud apostólica, siguió actuando estimulada por el Concilio. Es un hecho la perseverante dedicación de innumerables creyentes silenciosos, de numerosos sacerdotes y personas consagradas. Se ha intensificado la catequesis sacramental. Han brotado pequeñas comunidades de formación y vida. Pero, en el panorama histórico, el hecho más patente, el
Las mutaciones políticas en la Iglesia española, que son lo más resonante en ciertos dirigentes y grupos, coinciden con una crisis interna. Hay mutua interacción.
3. Esto enlaza con el tercer supuesto de la «línea»: la tutela de los valores cristianos en la vida pública se encomienda a los ciudadanos católicos. Los factores de confusión indicados y la falta de unanimidad en los grandes criterios inhiben, paralizan el servicio eficaz a dichos valores. Muchos andan dispersos en partidos que los atacan. Los políticos «cristianos», alérgicos al fantasma de la confesionalidad, apenas estiman tales valores como prioritarios, jugando con ellos a la transacción. Se pone de moda referirse al «Humanismo cristiano», lema casi vacío. Los Obispos, obsesionados por evitar «bandos» religiosos, frenan a las