Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Guerra Campos33. Esto enlaza con el tercer supuesto de la «línea»: la tutela de los valores cristianos en la vida pública se encomienda a los ciudadanos católicos. Los factores de confusión indicados y la falta de unanimidad en los grandes criterios inhiben, paralizan el servicio eficaz a dichos valores. Muchos andan dispersos en partidos que los atacan. Los políticos «cristianos», alérgicos al fantasma de la confesionalidad, apenas estiman tales valores como prioritarios, jugando con ellos a la transacción. Se pone de moda referirse al «Humanismo cristiano», lema casi vacío. Los Obispos, obsesionados por evitar «bandos» religiosos, frenan a las agrupaciones de ciudadanos católicos en cuanto pasan de expresar su opinión a ejercer presión políticamente eficaz. (Sólo después de muchos años se esbozará una vacilante reacción verbal en favor de una acción efectiva de los seglares católicos.)

Resultado, y no sólo en España: apenas hay presencia seglar de la Iglesia en la vida pública. Paradójicamente, cuando más se habla de la «mayoría de edad» del laicado, la acción política de los ciudadanos respecto a los valores cristianos es acaparada por el Episcopado, único interlocutor del Poder Público. Cómodo para éste, insuficiente para la comunidad católica.