Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Hispanoamérica. La verdad 134

02 lunes Sep 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (10)

América recibió de la España colonizadora el dichoso privilegio de una educación y una cultura cristianas

Escudo Uniersidad Mayor Real y Pontifica de San Francisco Javier - Chuqisaca

Patio de la Universidad Mayor, Real y Pontifica de San Francisco Javier de Chuquisaca

“El afán de cultura que sembró de escuelas y universidades estos países y que hacía llenar de libros las bodegas de nuestros buques…”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

*     *     *

Es indudable, que España llevó una sólida cultura al Nuevo Mundo. Y su valía aparecerá grandemente aquilatada a nuestros ojos, si consideramos que el saber colonial era un verdadero y fiel trasunto de la riquísima cultura española del Siglo de Oro.

Pero, al pretender examinar el grado de desarrollo intelectual de las Indias Occidentales, hemos de tener en cuenta la cabal observación de Menéndez y Pelayo. Enseña el gran polígrafo que la cultura real de un pueblo o de una raza viene expresada, más bien que en el número de sabios profesionales, factor a menudo ilusorio, “en el sentido de su arte, en la dirección de su historia, en los símbolos y fórmulas jurídicas, en la sabiduría de sus proverbios, en el concepto de la vida que se desprende de las espontáneas manifestaciones del alma popular”.

Si admitimos este atinado presupuesto, estaremos en condiciones de tasar en su justo valor la cultura de la América colonial hispánica. Una enseñanza elemental que trataba de alcanzar a todo el elemento, indígena, una cultura media regularmente diseminada entre los blancos, y una ciencia superior, de lo mejor de su época, y al alcance de los que la deseaban—como siempre, minorías selectas—, son los tonos generales que descubre el estudio leal de la historia cultural hispanoamericana. Y, como telón de fondo, esa admirable sabiduría popular, que nos descubre a cada paso las costumbres y fiestas de las colonias españolas, con sus municipios, sus gremios, sus cofradías, sus tradiciones y leyendas, sus refranes, sus canciones y sus danzas.

Para negar la labor cultural de España en América, se ha acudido al argumento siguiente: América recibió toda su formación intelectual de los conquistadores y colonos españoles. Pero, siendo éstos gentes ignorantes y analfabetas, por la mayor parte, no pudieron enseñar gran cosa a los pobres indios.

A semejante injusticia histórica responde muy bien el sabio escritor argentino P. Furlong, negando lo que el adversario, con una pasmosa inconsciencia de los hechos, supone:

“Quienes han fraguado y popularizado la leyenda relativa a la barbarie y rudeza de los conquistadores y colonizadores hispanos han olvidado que esos hombres venían de Un país donde las ciencias y las artes habían llegado a esplendores inusitados, donde, la cultura, aun la filosófica, era algo tan del pueblo como lo son hoy las noticias; de policía, donde la atmósfera, estaba impregnada del saber humano y divino, y donde hasta las lavanderas y lacayos se interesaban por los grandes problemas del espíritu”.

Uno de los más claros exponentes de la notable cultura del estado llano en la España conquistadora es el asombroso arraigue que tuvieron en el pueblo los famosos Autos Sacramentales. Como dice Pío XII, “los dramas de Lope de Vega y, sobre todo, de Calderón de la Barca, que arrastraban los entusiasmos de toda España, dan testimonio del alto grado de la cultura religiosa y de la vida espiritual del pueblo español”.

Pero, además, es que no sólo los plebeyos y gentes sin letras formaron parte en las expediciones indianas. Como se ha observado con acierto, “España mandó a América a los hijos de sus grandes y a los hermanos de sus santos—cinco hermanos de Santa Teresa formaban parte, en 1546 de las huestes de don Blasco Núñez Vela, primer virrey del Perú—y a los segundones de sus más ilustres casas. Los más claros linajes de Castilla tuvieron retoños que aún perduran en todas las latitudes de América española”.

Se puede afirmar paladinamente que toda América, como Pío XII lo decía explícitamente de Bolivia, “ha gozado el dichoso privilegio de recibir una cultura y una educación cristianas”,

“Si Bolivia ostenta con tanto orgullo el glorioso dictado de católica, se debe a que sus hijos, desde los tiempos en que Chuquizaka era llamada la Salamanca americana y considerada uno de los centros intelectuales más luminosos de todo el continente (275).

(275) Chuquizaka, actual Sucre y capital de la República, fue fundada en 1538 por Pedro Ansúrez. Posee una famosa y antigua Universidad, llamada de San Francisco Javier, erigida en 1622.

Han gozado el dichoso privilegio de recibir una educación y una cultura cristianas; se debe a que en sus familias se ha defendido celosamente, contra extraños influjos deletéreos la castidad y la santidad indestructible del hogar cristiano, tal como fue trasplantado a esas montañas y esos valles desde la austera llanura castellana”.

(Discurso a D. Néstor Galindo, nuevo ministro de Bolivia ante la Santa Sede, l-XI-1947).

Gracias a haber respirado durante varios siglos esta atmósfera de cultura católica, Bolivia puede ostentar con orgullo el nombre de católica, indicaba Pío XII en el precedente discurso. Y por eso, sus hijos forman hoy parte del mundo civilizado. Porque, además de haber abrazado, gracias a España católica, la religión purísima de Jesús, única verdadera, han aprendido una de las lenguas más habladas hoy en el mundo, injertándose a través de su cauce en el insuperado y siempre fecundo tronco greco-latino, y pudiendo participar de esta manera, como de herencia común, de la cultura de toda la cristiandad. Por todo lo cual, los hispanoamericanos blasonan hoy con razón de su alcurnia hispánica, preciándose de pertenecer a una comunidad de pueblos de las más destacadas en los momentos actuales, y cuya importancia en la articulación pacífica de las naciones está ya en plenos albores.

“Desde las elevadas y serenas cumbres de los Andes y a través del ancho Océano venís, señor embajador, de una nación católica cuya capital fue fundada con el dulce nombre de Nuestra Señora de la Paz… Como hijo y representante de un pueblo que se siente orgulloso de la cultura católica recibida de Europa, sabéis muy bien que en la humanidad redimida por Cristo es imposible una paz verdadera fuera de los principios y normas de justicia y caridad promulgados en el Evangelio”.

(Discurso al general Carlos Quintanilla, nuevo embajador extraordinario y plenipotenciario de Bolivia, 10-VIII-1940).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 133

26 lunes Ago 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (9)

La “constelación” de santos americanos (2)

Otra vida admirable es la del Beato Gregorio López. Nacido en Madrid y educado en la corte de Felipe II, emigró a Nueva España para poder honrar de cerca a Nuestra Señora de Guadalupe Instalóse al efecto junto al venerado Santuario, llevando allí vida santísima de ermitaño, por lo que ha sido llamado a “el solitario de Méjico”.

Los héroes hispanos tuvieron dignos émulos en los hijos de América. Entre los santos nacidos en aquel continente, y elevados por la Iglesia al honor de los altares, ¿quién desconoce a las dos fragantísimas flores del vergel indiano, Santa Rosa de Lima y Santa Azucena de Quito? (268).

Santa Mariana de Jesús (Azucana de Quito)(268) Santa Mariana de Jesús de Paredes y Flores (1618-1645), llamada por el pueblo fiel “la azucena de Quito”. Vivió desde sus más tiernos años el ideal evangelizador que animaba a toda su generación, Al oír hablar a los misioneros que volvían de Asia, de las inmensas multitudes de infieles que esperaban el Evangelio, como nueva Teresa de Jesús, intentó escapar de casa con unas amigas para llevarles el tesoro de la fe. La Providencia desbarató el heroico proyecto de la niña. Su corta vida es toda ella un portento de exquisita inocencia, mezclada de rigurosas asperezas, que asombran en una doncellita tan tierna y delicada. Fue beatificada por Pío IX y canonizada por Pío XII el 9 de julio de 1950. La Asamblea Constituyente del Ecuador la ha declarado heroína nacional.

Y entre los santos varones apostólicos, ¿cómo ignorar a San Felipe de Jesús, franciscano nacido en Méjico de raza mestiza, y que alcanzó la palma de mártir en Nagasaki, del Japón? (269).

(269) Canonizado por Pío IX en 1862. Véase Vidas de los Mártires, del Japón, por Eustaquio Neuclaves, Madrid, 1862.

Y al Beato Roque González, natural de la Asunción, mártir de las Reducciones. Y no por menos conocidos son menos gloriosos los nombres del San Martín de Porres, mulato peruano, hijo de español y de negra cristiana, y de los Beatos mártires Bartolomé Gutiérrez y Bartolomé Laurel.

¡Constelación de santos!, ha dicho Pío XII refiriéndose sólo a aquellos que regaron con sus sudores las tierras del Perú. ¿Cuánto más brillante se considerará esa constelación, si se le añaden las estrellas que iluminaron los otros cielos del continente?

“Pero en una buena parte del Continente americano fue siempre singular la misión de vuestra Patria, hijos amadísimos; la misión del Perú, foco de civilización y de fe, auténtico centro de gravedad espiritual, con sus famosos Concilios limenses, carta fundamental de las iglesias de América, con su brillante constelación de santos”.

(Radiomensaje al Congreso Eucarístico y Mariano Nacional del Perú, 12-XII-1954).

Ya hemos visto en otro lugar cómo el Papa gustaba de mencionar explícitamente a muchos de estos héroes de la epopeya (270).

(270) Las meras alusiones a los santos de América son numerosas en los discursos de Pío XII. En el radiomensaje al Perú (27-X-1940), el Papa fija, por ejemplo, su mirada en la Sierva de Dios Ana de los Ángeles Monteagudo “esplendor de la Orden Dominicana y orgullo de la nación entera”, y en la ilustre Santa Rosa de Lima: “¿No despuntó y se abrió en el jardín de Lima cual flor primera de santidad de toda la América, cándida como azucena y purpúrea como rosa, la admirable Rosa de Santa María que en el retiro y entre las espinas de la penitencia emuló el ardor de Una Catalina de Siena?”.

Pero el gran Pontífice ha detenido sus miradas especialmente en Santo Toribio de Mogrovejo y en Santa Mariana de Jesús de Paredes.

Del renombrado arzobispo limeño nos recuerda su ardiente devoción a María.

“Herederos (como hijos de América) de la fe de un Santo Toribio de Mogrovejo, a quién se atribuyen las famosas letanías donde ya en pleno siglo XVI se pedía a la Virgen Santísima “per gloriosam assumptionem tuam”, por su gloriosa Asunción; ciudadanos de una nación que, como Nos mismo pudimos notar en un reciente radiomensaje (I6-VII-1946), “entre sus muchos títulos de gloria y de nobleza…, cuenta como uno de los primeros el ser un pueblo ardientemente mariano”.

(Discurso a D. Luis Ignacio Andrade, nuevo embajador plenipotenciario, de Colombia ante la Santa Sede, 14-XI-1950.)

En cuanto a la “Azucena de Quito” es la estrella americana predilecta de Pío XII. El mismo la ha colocado en el firmamento de la Iglesia, para que su angelical inocencia ilumine los corazones más nobles. De su vida nos traza Su Santidad una somera pero bellísima historia en la homilía de la canonización y en el discurso que dirigió a los peregrinos llegados a Roma con este motivo. En este último documento, el Papa deduce la profundidad de la acción cristianizadora española, de los frutos exquisitos germinados, bajo el sol de su influencia.

“Como remate de una serie de tan solemnes canonizaciones, hemos tenido el consuelo de colocar la aureola de la santidad sobre las sienes de una gran heroína de la América hispana, Mariana de Jesús de Paredes, “la azucena de Quito” La historia de Mariana de Jesús de Paredes es muy breve. Vástago de una noble familia de origen español, en cuyo árbol genealógico se entremezclan Andalucía y Castilla, nace en Quito en 1618. Hay desde el primer momento en su alma toda la suavidad de aquel clima, toda la claridad de aquel cielo y toda la gracia de sus palmeras y de sus flores. Prodigio de piedad, por la precoz madurez de su espíritu, alrededor de los diez años se diga con los, votos de pobreza, castidad y obediencia; se ve que el esqueje arrancado del troco ibérico era fuerte en la tierra del Nuevo Mundo generoso”.

(Discurso a los peregrinos que asistieron a la canonización de Santa Mariana de Jesús de Paredes, 10-VII-1950.)

La flor del Ecuador es, claro está, gloria excelsa de la Iglesia Católica, que le dio la vida de la gracia, pero al mismo tiempo como todos los santos y héroes, es honor de su Patria, en cuyo suelo fértil brotó; es honor también esta cándida azucena de toda la América hispana, cuyas virtudes representa, y es honor, en fin, de la Madre Patria, cuya eficacia apostólica en tierras de Indias proclama con ardientes acentos su vida angelical.

“Este pueblo (Ecuador), de vieja y profunda fe, ante cuyo episcopado y ante cuyos representantes y peregrinos Nos fue dado canonizar durante el recientísimo Año Santo, a una heroína de la fe, digna hija suya, honor de toda la América Española y de la Madre España, Mariana de Jesús de Paredes…”.

(Discurso a D. César Coloma Silva, nuevo embajador del Ecuador ante la Santa Sede, 18-VI-1951).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 132

20 martes Ago 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (8)

La “constelación” de santos americanos (1)

“El esqueje arrancado del tronco ibérico era fuerte en la tierra del Nuevo Mundo generoso”.

(Pío XII, 10-VII-1950).

*     *     *

“Los santos son la mayor gloria de los pueblos”, leíamos no hace mucho en la primera página de una revista de Buenos Aires. Y la epopeya misionera, americana—venía a añadir el editorial- fue fecunda en santidad. Santidad misionera y santidad nativa. Santos hubo entre los españoles que trabajaron en América y, lo que es mayor gloria para la Iglesia española, puesto que demuestra que su acción evangelizadora fue profunda y duradera, santos hubo entre los hijos de América (266).

(266) Véase Verbo, órgano de la Ciudad Católica en Argentina, núm. 5, septiembre 1959, pág. 4.

La Ciudad Católica interesante movimiento doctrinal fundado por Juan Ousset en la vecina Francia, ha sido ideada como “una central de formación cívica para la restauración del orden social cristiano”. Entre otros problemas de la “civitas catholica”, estudia los temas coloniales a la luz de la doctrina de la Iglesia. Bendecida por las más altas jerarquías, la Ciudad Católica, después de extender su benéfico influjo en amplios sectores” de la nación hermana, ha traspasado ya sus fronteras. En efecto, en 1959 se creaban las primeras Células en un país hispano, Argentina, y a finales de ese mismo año empezaban a funcionar los primeros grupos en nuestra patria.

En Argentina: Ciudad Católica (o revista “Verbo”), calle Córdoba, 679, esc. 710, Buenos Aires; en Francia: Cité Catholique (o revista “Verbe”), 3, rué Copernic, Paris-XVI.

San Francisco Solano - (bautizando)Sin duda es inmensamente consolador, al recorrer las páginas de los relatos misioneros del Nuevo Mundo, toparse a menudo con la sublime figura de la santidad. Entre los españoles que se afanaron en América descubrimos en primer lugar innumerables santos misioneros y santos prelados. Para no mencionar más que aquellos sobre cuya heroicidad de virtudes se ha pronunciado ya el juicio infalible de la Iglesia, recordemos entre los misioneros a San Luis Beltrán, el apóstol de la actual Colombia, donde convierte milagrosamente a millones de indios hablándoles siempre en valenciano, su lengua materna. San Francisco Solano, que recorrió miles de kilómetros en busca de las almas, no habiendo sido ajenas a su celo ni Argentina, ni Bolivia, ni Perú, ni Colombia, San Pedro Claver, el conocido “padre de los negros”. Los Beatos Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, mártires del Paraguay. El Beato Juan Masías, humildísimo lego dominico.

Y eso, sin contar los numerosos misioneros españoles que, como el Beato Juan de Mayorga, el Beato Esteban de Zudaire y otros, recibieron la palma del martirio cuando se dirigían al Nuevo Mundo en la expedición del Beato Acevedo, para procurar la vida a tantas almas. Sus santos anhelos evangélicos fueron extirpados en flor merced al odio calvinista. En aguas del Atlántico, por las mismas rutas del descubrimiento, cayeron testigos de la fe católica. Su sangre, a buen seguro, sirvió de abono precioso a la tierra que deseaban cultivar con sus faenas apostólicas (267).

(267) Entre los mártires figuraba un sobrino de Santa Teresa, el Beato Francisco Pérez de Godoy. La Santa de la Hispanidad le contempló, junto con sus treinta y nueve compañeros, subiendo al Cielo con la palma del martirio, en una visión sobrenatural con que Dios la favoreció, y que narra ella misma en el Libro de las Fundaciones.

Y entre los santos obispos brilla soberano el nombre de Santo Toribio de Mogrovejo, “prelado santísimo y ejemplar de todos los Obispos de América latina, y ornamento espléndido de aquélla Santa Iglesia”, como le llamaron los Padres del Primer Concilio Latino Americano. Con sus trabajos inmensos para extender y afianzar el reino de Cristo en América, su figura se ha granjeado un puesto clarísimo en las filas del episcopado católico,

Pero, para que la luz de santidad irradiara en todos los estados y condiciones, quiso la Providencia mostrar su poder santificador en la persona de un sencillo colono, el Beato Sebastián de Aparicio. Pasado a Indias para ganar el pan, se instaló en Méjico, donde desplegó una sorprendente y benéfica actividad. Llegó a construir enormes caminos para el bien del pueblo mejicano, y enseñó la agricultura a numerosos indios. Habiendo tomado estado de matrimonio, fue modelo de esposos y de ciudadanos. Acabó sus santos días en la Orden de San Francisco, profesando en ella a la edad de setenta y tres años.

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 131

12 lunes Ago 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (7)

La fe, sublime y verdadera civilización de las almas, es el mayor tesoro que llevó España a las tierras de su patrimonio (3)

Santa María la Antigua - Patrona de PanamáAl Panamá habla Pío XII de la “planta evangelizadora” de España, como si esta nación fuera, en la delicada fantasía del Pontífice, cual un gigante cristiano que posa suavemente su pie en un continente de tierras vírgenes, dejando, al alzarlo, huellas profundas de civilización y de fe.

“Nos no podemos olvidar que fue la tierra de Panamá el lugar primero del continente americano donde España puso su planta civilizadora y evangelizadora, fundando la primera ciudad de tierra firme, Nuestra Señora de la Antigua, y consagrando así esa protección de la Madre de Dios” (264).

(264) Ciudad hoy en ruinas, de la que partió en 1513 el célebre Núñez de Balboa con 190 españoles y 1.000 indios aliados, para descubrir y tomar posesión del Océano Pacífico.

(Discurso al nuevo ministro de Panamá ante la Santa Sede, 12-XI-1947).

Aquella fe tan hondamente sembrada por España desde los inicios de la conquista, ha logrado, en los siglos posteriores, resistir a los más duros embates de los enemigos del cristianismo. Estos secuaces de Satanás habían decidido en sus “taifas” o “conventos” arrasar la obra espiritual y cultural que con tanto cariño y a costa de tantos sudores había levantado en sus posesiones la España colonizadora.

Arrebatadas acaso tempranamente de los brazos maternales de España, sus hijas han sufrido indecibles vejámenes de los sistemas antagónicos de la fe y de la moral cristianas. El luteranismo, y su bastarda descendencia: el naturalismo, el liberalismo, el comunismo y el resto de la piratería ideológica, se han arrojado, cual cuadrilla de fieros filibusteros, sobre las costas indefensas de América. Pero aun despojadas de todo, en las manos de la plutocracia del septentrión y bajo la tutela intelectual de madrastas despiadadas, las naciones hispánicas han guardado en el fondo de su corazón, como preciosa reliquia, la mejor página del testamento de su verdadera Madre, y no han renegado de su fe. Con ello dan esperanzas de su pronta y total redención de las garras que las han atenazado durante tantos lustros, y son un canto viviente de la eficacia evangelizadora de la Madre Patria.

Oigamos, a Pío XII declarar esta idea con otras expresiones.

“A decir verdad, no es que en algunas partes de la América latina hayan faltado, hasta en nuestros mismos días —y recordarlo llena nuestro espíritu de profundo dolor—, luchas y vejaciones contra la Iglesia. Pero nada hasta ahora, gracias sean dadas a Dios, ha logrado oscurecer en estas extensas regiones la luz de la salvación que emana de la Cruz de Cristo, que, como aurora refulgente, se elevó en los mismos albores de su civilización”.

(Carta apostólica “Ad Ecclesiam Christi”, al presidente de la Asamblea Plenaria del Episcopado iberoamericano, 29-VI-1955).

Esta trasfusión de fe a las vastísimas regiones de América es uno de los mayores timbres de gloria del pueblo español. Es la gloria de la maternidad espiritual. “Tal es la América, que hizo España—comenta a este propósito el Cardenal Gomá—; una extensión de su propio ser, lograda con el esfuerzo más grande que ha conocido la Historia: Nueva España, Nueva Granada, Nueva Extremadura, Nueva Andalucía, Nueva Toledo, son la réplica, aquende el Atlántico, de la España vieja, su verdadera madre”.

Y Pío XII, por su parte, afirma que esta epopeya misionera queda indeleblemente grabada en la historia de la Iglesia Católica:

“El pueblo español…, cuya fidelidad a Jesucristo, cuya valerosa confesión de la fe no menos que sus preclaros méritos en la conservación y en la propagación de la Religión Católica quedan para siempre escritos con caracteres indelebles en el libro de la historia de la Iglesia…”

(Discurso a D. Pablo de Churruca y Dotres, marqués de Ayeinena, nuevo embajador extraordinario y plenipotenciario de España ante la Santa Sede, 16-11-1946.)

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 130

05 lunes Ago 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (6)

La fe, sublime y verdadera civilización de las almas, es el mayor tesoro que llevó España a las tierras de su patrimonio (2)

Oigamos ya a Pío XII, tratando del principal y más característico elemento de la colonización indiana. Su sensible y magnánimo corazón, al contemplar los admirables resultados de fe y de vida católica que obtuvieran los españoles durante los trescientos años que laboraron en los campos americanos, se expansiona en un efusivo acto de agradecimiento al Supremo Dador, de tanto bien.

Catedral Metropolitana de la Ciudad de Máxico“Damos, gracias desde lo hondo del corazón a la Beatísima Trinidad y a Nuestro Señor Jesucristo por todos los beneficios de fe católica y de cultura cristiana que en el transcurso, de los siglos se han difundido de la nación madre, venero de fuerzas religiosas, a sus dilatadas posesiones transmarinas” (260).

(260) Pueden dar una idea sobre la pronta propagación de la fe en el Nuevo Mundo, los siguientes datos atestiguados por Solózano Pereyra y Gil González Dávila: A mediados del siglo XVII—es decir, sólo 150 años después de la llegada de los españoles—había en Hispanoamérica seis arzobispados, 32 obispados, más de 70.000 iglesias, 840 conventos de varones, 346 prebendas, dos abadías, cinco capellanías reales, tres inquisiciones, e infinitos colegios, estudios y hospitales, (Véase Historia de la Iglesia, B. A. C., vol. IV, página 172).

(Mensaje al acto de clausura de la Gran Plegaria Nacional española a favor de la definición asuncionista. Fiesta del Pilar, 12-X-1946).

El germen, de la fe fue sembrado ya en 1492, al entablarse el primer diálogo entre los marinos españoles y los indígenas de la isla de Guanahaní. Las providenciales naos de la España misionera, en sus continuos ires y venires, serían en adelante portadoras de la semilla evangélica. Si es verdad que, a la vuelta, los galeones venían cargados de metales preciosos, no lo es menos que a la ida transportaban muy más ricos tesoros: la margarita preciosa de la fe, escondida en el sayal descolorido y remendado de los frailes misioneros.

Pío XII se lo decía así a los marinos españoles:

“Vuestra profesión de marinos españoles Nos trae a la memoria aquellas providenciales carabelas de la España misionera, verdaderas auxiliares de la Nave de San Pedro, que juntamente con la civilización de Europa llevaron las primeras al Nuevo Mundo el tesoro incomparable de la fe en Jesucristo, y con la religión católica legaron a aquellos dilatadísimos continentes la sublime y verdadera civilización de las almas, de que es custodio y dispensador el sucesor de Pedro en esta Sede Apostólica de Roma.

Al lado de este recuerdo de hechos gloriosos ya lejanos, otro más próximo evocan en Nos vuestras personas: el de las gestas heroicas y enormes sacrificios con que recientemente Habéis logrado vosotros defender, del grave peligro que lo amenazaba, el patrimonio sacrosanto de vuestra piedad y creencias católicas”.

(Discurso a una Misión Naval española, 6-III-1940).

El mérito y el sello de la epopeya hispánica en América está precisamente en haber apreciado, desde el primer momento, la superioridad civilizadora del elemento sobrenatural, y haber dedicado a su obtención las mejores de sus energías y los recursos más abundantes, aun a trueque de que a veces el elemento humano sufriera por ello algún menoscabo pasajero (262).

(262) Apenas la civilización se había asentado en Méjico, cuando su primer Obispo, Fray Juan de Zumárraga, de la Orden de Menores, se podía gloriar de que sus Hermanos de religión habían bautizado ya a un millón de infieles. (Véase Icazalceta: Juan de Zumárraga, México, 1881).

Ya lo habíamos oído al mismo Pío XII: Uno de los méritos de la España misionera fue el saber fundir en una la finalidad evangelizadora y la colonizadora. Ahora lo afirma el Papa con nuevos fulgores.

“Si Bolivia ostenta con tanto orgullo el glorioso dictado de católica…, se debe, en fin, sobre todo, a que desde el primer español que posa sus plantas en territorio boliviano, el dominico fray Tomás de San Martín, su colonización fue siempre acompañada de evangelización, y legiones de misioneros heroicos regaron, con su sudor y hasta con su sangre esa tierra bendita, tan feraz para el cristianismo y tan amada de la Madre de Dios”.

(Discurso a D. Néstor Galindo, nuevo ministro de Bolivia ante la Santa Sede, I-XI-1947).

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