Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (6)

La fe, sublime y verdadera civilización de las almas, es el mayor tesoro que llevó España a las tierras de su patrimonio (2)

Oigamos ya a Pío XII, tratando del principal y más característico elemento de la colonización indiana. Su sensible y magnánimo corazón, al contemplar los admirables resultados de fe y de vida católica que obtuvieran los españoles durante los trescientos años que laboraron en los campos americanos, se expansiona en un efusivo acto de agradecimiento al Supremo Dador, de tanto bien.

Catedral Metropolitana de la Ciudad de Máxico“Damos, gracias desde lo hondo del corazón a la Beatísima Trinidad y a Nuestro Señor Jesucristo por todos los beneficios de fe católica y de cultura cristiana que en el transcurso, de los siglos se han difundido de la nación madre, venero de fuerzas religiosas, a sus dilatadas posesiones transmarinas” (260).

(260) Pueden dar una idea sobre la pronta propagación de la fe en el Nuevo Mundo, los siguientes datos atestiguados por Solózano Pereyra y Gil González Dávila: A mediados del siglo XVII—es decir, sólo 150 años después de la llegada de los españoles—había en Hispanoamérica seis arzobispados, 32 obispados, más de 70.000 iglesias, 840 conventos de varones, 346 prebendas, dos abadías, cinco capellanías reales, tres inquisiciones, e infinitos colegios, estudios y hospitales, (Véase Historia de la Iglesia, B. A. C., vol. IV, página 172).

(Mensaje al acto de clausura de la Gran Plegaria Nacional española a favor de la definición asuncionista. Fiesta del Pilar, 12-X-1946).

El germen, de la fe fue sembrado ya en 1492, al entablarse el primer diálogo entre los marinos españoles y los indígenas de la isla de Guanahaní. Las providenciales naos de la España misionera, en sus continuos ires y venires, serían en adelante portadoras de la semilla evangélica. Si es verdad que, a la vuelta, los galeones venían cargados de metales preciosos, no lo es menos que a la ida transportaban muy más ricos tesoros: la margarita preciosa de la fe, escondida en el sayal descolorido y remendado de los frailes misioneros.

Pío XII se lo decía así a los marinos españoles:

“Vuestra profesión de marinos españoles Nos trae a la memoria aquellas providenciales carabelas de la España misionera, verdaderas auxiliares de la Nave de San Pedro, que juntamente con la civilización de Europa llevaron las primeras al Nuevo Mundo el tesoro incomparable de la fe en Jesucristo, y con la religión católica legaron a aquellos dilatadísimos continentes la sublime y verdadera civilización de las almas, de que es custodio y dispensador el sucesor de Pedro en esta Sede Apostólica de Roma.

Al lado de este recuerdo de hechos gloriosos ya lejanos, otro más próximo evocan en Nos vuestras personas: el de las gestas heroicas y enormes sacrificios con que recientemente Habéis logrado vosotros defender, del grave peligro que lo amenazaba, el patrimonio sacrosanto de vuestra piedad y creencias católicas”.

(Discurso a una Misión Naval española, 6-III-1940).

El mérito y el sello de la epopeya hispánica en América está precisamente en haber apreciado, desde el primer momento, la superioridad civilizadora del elemento sobrenatural, y haber dedicado a su obtención las mejores de sus energías y los recursos más abundantes, aun a trueque de que a veces el elemento humano sufriera por ello algún menoscabo pasajero (262).

(262) Apenas la civilización se había asentado en Méjico, cuando su primer Obispo, Fray Juan de Zumárraga, de la Orden de Menores, se podía gloriar de que sus Hermanos de religión habían bautizado ya a un millón de infieles. (Véase Icazalceta: Juan de Zumárraga, México, 1881).

Ya lo habíamos oído al mismo Pío XII: Uno de los méritos de la España misionera fue el saber fundir en una la finalidad evangelizadora y la colonizadora. Ahora lo afirma el Papa con nuevos fulgores.

“Si Bolivia ostenta con tanto orgullo el glorioso dictado de católica…, se debe, en fin, sobre todo, a que desde el primer español que posa sus plantas en territorio boliviano, el dominico fray Tomás de San Martín, su colonización fue siempre acompañada de evangelización, y legiones de misioneros heroicos regaron, con su sudor y hasta con su sangre esa tierra bendita, tan feraz para el cristianismo y tan amada de la Madre de Dios”.

(Discurso a D. Néstor Galindo, nuevo ministro de Bolivia ante la Santa Sede, I-XI-1947).