Marcelino Menéndez y Pelayo
Cultura Española, Madrid, 1941
A semejanza del fabuloso Alcides, que ahogó las sierpes en la cuna, vióse a San Fernando, alzado Rey en las Cortes de Valladolid, reprimir con blanda firmeza la anarquía señorial posesionada de Castilla durante el efímero reinado de Enrique I: reducir a quietud a los de Lara, avezados al desorden de tristes minorías y particiones anteriores; sofocar en su raíz la semilla de la herejía albigense, y levantar bandera contra los, sarracenos por aquel sistema de algaras o correrías anuales que de los árabes habían aprendido los nuestros. Sigue leyendo



