Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Padre Alba

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16 miércoles Mar 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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P.albacenaRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I. Meridiano Católico Nº 184, mayo de 1994

“Ya no te llamarán Jacob. Tu nombre será Israel.”

Con estas palabras de bendición, Dios Nuestro Señor proclama ante todos los pueblos cuál será el que ha elegido libérrimamente para que sea la fuente de salvación de todos los otros pueblos de la tierra, Al llamar a Abrahán que saliera de su tierra y de la casa de su padre para dirigirse hacia Occidente, comenzó el Señor a poner en práctica sus designios. Sigue leyendo →

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10 jueves Mar 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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virgenRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 183, abril de 1994

La dormición de María señala el fin de su peregrinación en la tierra. Su dulce muerte llenó de paz y de pena a los Santos Apóstoles. Sigue leyendo →

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03 jueves Mar 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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tierra santaRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 180, enero de 1994

Recibí el mejor regalo que se puede imaginar: la peregrinación a Tierra Santa. Claro que me hacéis con vuestra caridad regalos todos los días, porque el solo recuerdo vuestro me obliga a salir de la mediocridad. Pero el don de Tierra Santa fue la suma de todas las muestras de vuestro amor resumido en el billete de Iberia. Que Dios os lo pague. Mi primera consideración es la de agradecimiento. Mi obligación de oración de gratitud por todos.

Fui a Tierra Santa. Más que la Patria de Jesús, es la Tierra tres veces Santa porque recibió sobre ella la sangre redentora de nuestro Señor Jesucristo. Sobre aquellas rocas del Calvario, hoy recubiertas de grandes cristales, resbalo la sangre de Dios. Desde ese lugar como desde la atalaya divina, empieza uno como a entender la historia del mundo, la historia de las almas, el misterio de cada alma vestida del amor de Dios. ¡Quién no se quedara sujeto a aquel santo lugar donde se lavaron los pecados, mis pecados! Allí está el cielo, la tierra, el infierno. Desde allí, de rodillas San Ignacio, una y mil veces más, oiría la llamada: “¿Qué debo hacer por Cristo?” Es la frontera de todo lo humano. El corazón se llena de una inmensa y tierna caridad para con todos los hombres. Es la frontera donde termina la vida para comenzar el reino de la verdad, de la caridad, del arrepentimiento, de Dios.

Crucé la puerta de San Esteban, el primero después de Cristo que derramó su sangre. Millones vendrán después. Allí estaba San Pablo, de espaldas a la muralla, frente al Huerto de los Olivos. Aquella sangre del mártir es la semilla del encuentro con Cristo de San Pablo. Luego vinieron los dos apóstoles, Santiago el Menor y Mayor. Luego innumerables cristianos, en centenares de persecuciones, padecieron martirio bajo los paganos, después con los persas, los egipcios, los otomanos, hasta nuestros días en los que es difícil ser de Cristo en su tierra. Tierra Santa, tierra empapada de sangre redentora y de sangre asociada a la pasión, de sangre martirial. Miles de monjes que vivían vida cenobítica y de ermitaños, más de doce mil monjes y monjas sacrificados por los persas, en las lomas del monte de los Olivos, dilatados cenobios donde se alababa a Dios noche y día, que desaparecieron bajo el furor de los enemigos del nombre cristiano. Miles de religiosas, fueron sacrificadas, violadas y destrozadas entre los escarnios de los invasores. Solamente los franciscanos cuentan entre los suyos, más de tres mil mártires que prefirieron morir en la tierra donde murió su Señor, antes que abandonar los lugares santos.

Tierra dichosa, tierra amada que has recibido el rocío como ninguna de la sangre martirial, siglo tras siglo. Oh Jerusalén, oh tierra de promisión, que manas leche de sangre de mártires y miel de dulzuras de amor. Tú excedes a todas las tierras del mundo, consagrada y vestida con la púrpura de la Nueva Alianza de sangre de mártires, con la que han de vestirse todos los predestinados en la eterna Jerusalén de la gloria.

Es la Tierra Santa, porque todas sus piedras son santas, porque memorable es su nombre, el nombre que todos los pueblos alabarán por los siglos de los siglos. Toda la Tierra Santa, santificada ayer y hoy por el Señor y por los mártires, el heroísmo de los santos, la vida oculta de incontables vírgenes, las generosidades de cruzados, de peregrinos, de almas abrasadas, a cuya cabeza está Jerusalén, la que nombrará un día los príncipes de la tierra entera, para que todos olviden su pueblo y su casa paterna, para quedar prendados de la nueva época que nació allí, la obra divina entre las divinas de la Redención de todos los hombres.

Tierra Santa, sí, donde guiso vivir San Ignacio, donde quiere permanecer todo corazón cristiano.

Página para meditar 179

25 jueves Feb 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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Padre Alba IRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 179, diciembre de 1993

Para descalificar a una persona, para justificarnos en nuestra posición, para seguir viviendo una vida mediocre, apegados a nuestros defectos y a nuestras mundanidades, se ha inventado la palabra mágica: “exagerado”, “es Vd. un exagerado”, “sois unos exagerados”.

Si les preguntas serenamente, ¿qué es exageración?, ¿qué es ser exagerado?, probablemente no sabrán responder. Es uno de esos términos que se utilizan, no para buscar la verdad, sino pasa lanzarlo como proyectil al rostro de quien quiere destruir psicológicamente.

Y sin embargo, la cosa es muy sencilla. Exagerar es decir, representar, hacer una cosa que excede o distorsiona lo natural, lo justo, lo conveniente. No quererse conformar con el orden natural.

La belleza del arte, no es otra cosa que el esplendor del orden natural distinguido y contemplado. El bien es la conformidad de nuestra conducta con la plenitud de la naturaleza humana, que es el reflejo de la Ley de Dios que se manifiesta en la ley natural conocida por la recta conciencia. Lo natural, en lo justo, es reponer las cosas en su propio lugar en la naturaleza creada y para con Dios en lo increado. El ser justo es colocar las cosas en su lugar natural, a quien honor, honor; a quien tributo, tributo; a quien autoridad, autoridad; a quien restitución, restitución.

Lo conveniente es el vestido que enmarca la belleza, el bien y la justicia. La obra de arte tiene la conveniencia del museo; la virtud de la pureza Vgr., ha de estar ornamentada de la conveniente modestia y pudor natural; lo justo debe ir envuelto un la nobleza de la generosidad, pues hasta la justicia social no avanza en su camino, si no la ilumina la luz de la caridad.

Lo feo no es una exageración de la belleza, sino su corrupción. El mal moral no es una exageración de la ley natural, sino una inmoralidad. No querer admitir en mi casa lo feo, lo inmoral, es virtud, no exageración. El que llama exagerado a quien así lo quiere, peca contra la verdad y la caridad.

Los educadores, los padres, los maestros, debemos tener mucho cuidado en esta materia, porque además de lo dicho, no podemos olvidar la gravedad de la ocasión voluntaria. Hay obligación de evitar la ocasión voluntaria de pecado. Querer evitarla no es exageración, almo enseñanza moral. Consentir en la ocasión de pecado es aceptar ya el pecado y pecar, porque pecado y ocasión forman una unidad.

Una madre dijo una vez: “Prefiero que mueras hijo mío antes que verte en pecado mortal”. Su hijo fue santo. Se llamaba, ella Blanca de Castilla, y él, San Luis.

Santo Tomás, San Ignacio, todos los santos dijeron: es preferible la muerte, cualquier mal, antes que un pecado venial. Así pensaban y vivían los santos. ¿Eran exagerados? Los exagerados somos nosotros que preferirnos el pecado antes que a Dios. Entonces no nos llamemos discípulos de Cristo, sino exagerados amigos del pecado y de las ocasiones de pecado.

Una madre me dijo una vez, cuando estaba en otro Colegio, una frase terrible: “Ahora entiendo lo que dijo el Señor, de bienaventurados los senos que no engendraron y los pechos que no dieron de mamar”. Su hijo había sido consentido por ella en todo, y cuando venía conmigo arios atrás y le corregía aficiones, diversiones, salidas, falsedades, doble vida, indumentaria… y  otras muchas cosas que yo sabía, me decía que le perecía yo exagerado y que no entendía a la juventud, que iba por un camino diferente del que nosotros habíamos tenido, En este caso, no le dije ya nada, porque bastante recogía con la pérdida de su hijo, del mal que le había sembrado, tolerándole y ocultándole sus defectos, sino que procuré consolarla con el recurso a la oración que todo lo puede.

Padres, educadores, hermanos mayores, maestros, catequistas y cuantos hemos sido constituidos en autoridad para dirigir a la juventud: qué malos somos y qué daño hacemos a los jóvenes llamando exageraciones a lo que no es más que obediencia, diciendo que exageración evitar la ocasión de pecado y justificando con una tolerancia suicida para las almas de nuestros dirigidos, educando o hijos, sus caprichos mundanos y el estar en ocasión voluntaria de pecado.

Si los que debemos enseñar y exigir no lo hacemos, ciertamente que pecamos, porque como dice la Sagrada Escritura: «No des licencia a tu hijo en su juventud y no seas indulgente con sus faltas… no sea que hecho terco se rebele contra ti”.

No temamos al mundo. Temamos al juicio de Dios.

Página para meditar 178

18 jueves Feb 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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p. albaRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 178, noviembre de 1993

Ayer les hablaba a los padres del Colegio del Corazón Inmaculado de María sobre el fin de la educación que consiste en formar hombres virtuosos. Estas mismas ideas, quiero trasmitiros a todos: los casados porque debéis educar sin cesar a vuestros hijos y a los más jóvenes solteros, porque debéis dejaros educar y un día no lejano deberéis convertiros en educadores. Sigue leyendo →

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