Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 262, junio de 2001
Verdaderamente Dios es grande, y cada año, movidos por el amor de la Iglesia a su Esposo Jesucristo, nos recuerda en el corazón de los meses del año, jumo, lo que constituye la médula de nuestra vocación de cristianos: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Esta devoción, como la escala de Jacob, nos sube directamente a Dios, Uno y Trino, el Amor infinito, eterno que nos amó desde antes de todos los siglos.
El Corazón de Jesús es la fuente de agua viva que nos hace llegar a los ríos de la vida eterna. Él es la anchura, la longitud, la profundidad, el misterio que sobrepuja toda inteligencia, el amor íntimo de la Santísima Trinidad. Él es el Corazón traspasado del que nace la Iglesia y en ella y por ella todos los incontables beneficios del amor de Dios comunicados a los hombres. Él es el secreto de los mártires, de las vírgenes, de los confesores, de los doctores y almas santas que a millones y millones llenan la tierra de gloria y el cielo de bienaventurados. Él es el fuego de los convertidos, de los dones del arrepentimiento, de la conversión de todo el mundo. Sigue leyendo
Lo más urgente. Lo más preciso para los españoles en esta hora trágica de nuestra patria es que, todos a una, nos pongamos a suplicar a nuestra Madre Inmaculada, Patrona de España, que alcance el perdón de su divino Hijo para con Ella. Son terribles los crímenes que se comenten en nuestra Patria contra la ley de Dios. A los quince años de la tiránica ley que despenalizó el aborto, en 1985, se han promovido, según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, medio millón de abortos entre los años 1.985 y 1998. A esta cifra espeluznante hay que añadir los datos de los años 1999 y 2000. El número de niños asesinados antes de nacer, equivale alas habitantes de una ciudad corno Bilbao.
El próximo 22 de abril celebraremos el Día de AVE MARÍA. La Asociación de Sacerdotes y Religiosos de San Antonio María Claret es la que edita hoy esta revista que, desde su fundación en Manresa, ha enriquecido los corazones de sus lectores con una tierna devoción a la Virgen Santísima.
La carta apostólica que firmó el Papa en la clausura del gran Jubileo del 2000, Novo millennio ineunte, dedicado al milenio que comenzamos, es una llamada a la esperanza de la Iglesia. Quiere el Papa que miremos hacia el futuro y alimentemos en nuestro corazón el optimismo sobrenatural de un mundo que ha de ser de Cristo, La Iglesia se ha puesto en las manos de Dios a lo largo de todo el Jubileo. Es hora de avanzar y obtener el mayor fruto de las gracias que han llovido sobre fa Iglesia.
Con el mismo ímpetu de los torrentes que desde las cumbres se despeñan ardorosos para formar los grandes ríos, así entró en el corazón de la Iglesia la llamada ERA MARIANA, La era mariana alude a la presencia de María en la historia de la Iglesia de una manera excepcional. La que es la Madre de la Iglesia y Madre universal de los hombres, siempre ha ejercitado su acción maternal a lo largo de las generaciones humanas. Pero singularmente la Virgen María se ha hecho presente de una forma desconocida hasta esta época, por su proximidad, por la continuidad de sus apariciones, para dar respuesta con sus apariciones, por dar respuesta con sus mensajes a todos los problemas de los tiempos modernos, que son los tiempos de las apostasías y de la impiedad. Llevamos dos siglos de la ERA DE MARÍA.