* Como somos un poco menos que nada queremos llamar la atención.
* “El iluminismo -que es lo mismo que satanismo, pero en fino- lo define Vittorio Messori como un programa para sustituir la religión por la política, la devoción por la cultura, la Iglesia por el Estado y, añado yo a Cristo por la democracia” (Eugenio López).
* Santa Teresa de Jesús afirma que: “La humildad es andar en Verdad”. Es saber que todo es de Dios.
* Vida interior es vivir de fe. Y esto es ver las cosas como las ve Dios.
* Los dones del Espíritu Santo son perfecciones sobrenaturales que Dios concede para obedecer dócil y prontamente sus inspiraciones y facilitarnos el ejercicio de las virtudes.
* Dones preternaturales: don de integridad, don de impasibilidad, don de inmortalidad y don de ciencia infusa.
* El don de integridad consiste en el dominio de la concupiscencia: las pasiones de Adán y Eva estaban encauzadas por la razón y la razón la tenían supeditada a la Ley de Dios.
* Lo único que vale es lo que se hace por amor a Dios. Si hay orgullo no está Dios.
* Hay almas piadosas que han hecho las paces con el mundo. San Pablo nos dice que debemos combatir los nobles combates de la fe.
* Los políticos quieren cambiar el mundo. El mundo cambiará con la entrega, oración y penitencia de los católicos.
* “Es propio del sacerdote arrebatar almas al mundo para dársela a Dios” (San Anselmo).
* El estado sobrenatural del hombre comprendía los dones sobrenaturales y los preternaturales. Dones sobrenaturales: La gracia santificante, las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.
* La gracia santificante es un don sobrenatural que da como una segunda naturaleza al alma para que participe, en cierto modo, de la vida divina.
* Las virtudes sobrenaturales son disposiciones permanentes del alma, por las que el hombre hace el bien moral de manera sobrenatural y meritoria.
Siempre será un misterio insondable de la divina Providencia que tanto esfuerzo y entusiasmo se perdieran casi totalmente. Las Cruzadas fracasaron, pero se consiguieron resultados muy apreciables. Se manifestó magníficamente el entusiasmo religioso y se multiplicaron los actos de heroísmo. Es cierto que se mezclaron miserias humanas, pero analizadas en su conjunto, las Cruzadas son la manifestación más brillante del espíritu cristiano de la época. Se acreditó y afianzó la figura del Papa como guía y jefe de la Cristiandad. Se detuvo, durante varios siglos, el poderío musulmán, que amenazaba constantemente a Europa.
El contacto con la cultura bizantina trajo a Occidente elementos culturales nuevos e importantes; se estrecharon más los vínculos de fraternidad cristiana entre los pueblos; se crearon nuevas diócesis y se organizaron obras de caridad y beneficencia.
– LA LEYENDA NEGRA SOBRE LAS CRUZADAS
El famoso escritor italiano, de fama universal, Vittorio Messori ha dicho: los iluministas han construido una “Leyenda Negra” sobre las cruzadas como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia Romana.
En Oriente la Leyenda Negra se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos (y pagaremos todavía más) las consecuencias, con el deseo de venganza de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «gran Satanás» que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que las cruzadas han sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?
¿Quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando, en el 638, el califa Ornar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de África, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena.
«Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de los armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en «territorio del Islam» y «territorio de la guerra», esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».
«Un simple repaso a la historia incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una Cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en África, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido -y probablemente no concedido- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que el ciclo de las cruzadas?».
– CABALLEROS HOSPITALARIOS O DE SAN JUAN
Una de las manifestaciones más características del espíritu cristiano de este tiempo son las Órdenes militares, estrechamente unidas al espíritu guerrero de la época y al fervor de los cruzados.
Las órdenes militares participaban del espíritu monacal y militar al mismo tiempo. Todos sus miembros hacían voto de pobreza, castidad y obediencia; los caballeros añadían el voto de consagrarse a la milicia.
La Orden Hospitalaria se fundó en el hospital de San Juan Bautista de Jerusalén, hacia el año 1050. Raimundo de Puy le dio la organización definitiva y una Regla propia. En este primer periodo eran denominados Hospitalarios; más tarde, convencidos de que para proteger a los peregrinos en los hospitales y refugios necesitaban una fuerza militar, nació la rama de los Caballeros en el año 1137; se fue estableciendo de tal manera que la Orden tomó el carácter de Orden militar, aunque nunca abandonaron el cuidado de los enfermos. Como distintivo llevaban manto rojo y una cruz blanca.
LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA: SOMBRAS, PERO TAMBIÉN LUCES (XIII)
Bajo índice de productividad
Llegamos a la última imagen estereotipada: la hoguera. Aquí de nuevo los especialistas han reducido a su justa medida las exageraciones resultantes de los cálculos conjeturales de Llorente, que hacían creer que, durante tres siglos, en España el aire no había dejado de “apestar a carne quemada”. En primer lugar, es necesario constatar que la Inquisición española es la única que no ha condenado a la hoguera a ningún escritor, filósofo, teólogo o científico de categoría, como lo ha demostrado, de sobra, Menéndez y Pelayo. Y Azcona, en 1964, estimó que, incluso durante el período más duro, el de los veinticinco primeros años de represión antijudaizante con carácter de salvación pública —1480 a 1504—, los ejecutados no fueron más que algunas centenas en toda España, unos veinte al año, o dos al año por cada reino o región, dato confirmado más recientemente por el alemán Klaus Wagner. Para el período de 1560 a 1700, Henningsen concluyó: “Solamente un 1 por 100 de los acusados debieron ser ejecutados”. Y Braudel, por su parte, escribió en 1966 acerca del “número relativamente limitado” de las víctimas de la Inquisición española. “Relativamente”, es decir, en relación con lo que ocurría en la misma época fuera de España, como ya hemos recordado. Ya que “el uso de la pena capital fue excepcional a partir de 1500”, como escribió Bennassar en 1979. Lo cual realmente fue singular, en comparación con el resto de Europa. Incluso se podía “acusar” a la Inquisición española, como empresa represiva, el haber tenido un “bajo índice de productividad”, tal y como escribió Antonio Domínguez Ortiz en su historia de los Autos de la Inquisición en Sevilla de 1981.