Historia sencilla de la Iglesia (45)

San Luis de Francia

Recapitulada por el P. Cano

– SEGUNDA CRUZADA

Los nuevos Estados cristianos de Oriente pasaron por muchas dificultades; ante la presión constante del Mosul Noradino, se rindió Edessa el año 1144. La noticia impresionó a los cristianos de Occidente. En respuesta al turco se organizó la segunda cruzada predicada por San Bernardo y el Papa Eugenio III.

Al frente de los cruzados iba el rey Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania. Emprendieron la marcha el año 1147. Encontraron resistencia por parte de los griegos. Se unieron de nuevo los ejércitos en Nicea y, por fin, llegaron a Jerusalén. Pero las discusiones entre los dirigentes y las traiciones de los aliados hicieron fracasar los planes de la cruzada. Los cruzados volvieron a Europa el año 1149.

– LA TERCERA CRUZADA

El pequeño reino cristiano de Jerusalén quedó desamparado; circunstancia que aprovechó el sultán Saladino para apoderarse de la Ciudad Santa el 3 de octubre de 1187. La derrota entristeció a toda la Cristiandad.

Reaccionó el Papa Clemente III predicando ardorosamente una nueva cruzada. A su llamada respondieron Federico I Barbarroja de Alemania, Felipe II Augusto de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra. Organizaron un poderoso ejército y emprendieron la marcha hacia Tierra Santa el año 1189.

Pronto empezaron las calamidades. Federico Barbarroja murió al atravesar el río Galicadno en Cilicia; poco después murió su hijo Federico de Suavia, víctima de la peste en Ptolemaica. Los ejércitos de Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León se dividieron de tal manera, que Felipe Augusto se volvió enseguida para Francia. Prosiguió Ricardo y consiguió que Saladino cediera terrenos entre Tiro y Jope para que los peregrinos europeos pudieran ir a Jerusalén. En 1192 volvió con su ejército a Occidente.

– EL IMPERIO LATINO DE ORIENTE

La indomable energía de Inocencio III volvió a levantar el espíritu de Cruzada. Los cruzados inician su marcha hacia Tierra Santa el año 1202. Las intrigas del dux de Venecia, Enrico Dándolo, desvirtuaron la Cruzada. Se dirigió a Constantinopla, donde venció al Emperador bizantino y fundó un Imperio latino que se prolongó durante medio siglo.

La fundación del Imperio latino en Oriente excitó gran entusiasmo en Europa. De tal manera que hasta los niños organizaron su cruzada bajo el mando de Esteban, pastorcillo francés, que embarcó en Marsella con miles de niños y personas mayores. Muchos naufragaron y fueron vendidos como esclavos en Oriente.

Los jóvenes también promovieron una cruzada y marcharon a Tierra Santa. Al frente iba Nicolás, muchacho alemán, que pasó los Alpes con 20.000 jóvenes. Muchos murieron de hambre y de cansancio; a los demás no les dejaron salir de Italia.

Inocencio III quiso encauzar de nuevo este entusiasmo y promovió la quinta cruzada (1217-1221) en el IV Concilio de Letrán (1215) que se organizó en 1217; se pusieron al frente Andrés II de Hungría y Leopoldo VII de Austria; pero las veleidades de Federico II, que no llegó a unirse con ellos, malograron la Cruzada.

– SAN LUIS Y LAS CRUZADAS

El último rey que volvió a levantar la bandera de la Cruzada fue San Luis de Francia. En 1248 emprendió el camino para reconquistar los Santos Lugares, acompañado de tres hermanos y de la flor de la nobleza francesa.

En junio de 1249 conquistaron Damieta; al poco tiempo San Luis cayó prisionero de los turcos; consiguió la libertad con una importante suma de dinero. Permaneció cuatro años en Oriente, visitando privadamente los Santos Lugares y organizando los pequeños Estados cristianos de Akon, Jaffa, Sidón y Cesarea. En 1254 volvió a Francia.

San Luis no perdió la esperanza de recuperar el Santo Sepulcro. En 1270 dirige su segunda expedición, que es considerada como la séptima cruzada. Le acompañaron tres hijos y los reyes de Navarra y de Sicilia. Llegaron a Túnez en el mes de julio y emprendieron el asalto de Cartago. Al poco tiempo se declaró una peste terrible que produjo la muerte de un hijo del rey, del Legado pontificio y de muchísimos nobles en un sólo mes; finalmente el mismo rey entregaba su alma a Dios, exclamando: “¡Jerusalén! ¡Jerusalén!”.

Así murió aquel rey santo, hijo de Blanca de Castilla y primo de San Femando, que oraba como un monje y luchaba como el mejor soldado.

El nacimiento de la España moderna 64

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA: SOMBRAS, PERO TAMBIÉN LUCES (XII) 

Documentos científicos excepcionales

Es que las investigaciones de la Inquisición Española, registradas en las “relaciones de causa”, no son en absoluto las intromisiones fanáticas que creen los que nunca las han leído. Son, al contrario, extraordinariamente prudentes, competentes, comprensivas…, modernas, en una palabra y en el mejor de los sentidos. Veamos lo que dice de ellas el especialista danés Gustav Henningsen: “Las actas de los procesos de la Inquisición Española, según la naturaleza de los delitos, nos recuerdan los diagnósticos médicos, las notas de un psicólogo, los análisis detallados de un sexólogo, los apuntes sobre el terreno de un antropólogo, los estudios de casos de un sociólogo, los análisis fenomenológicos de un historiador de las religiones, las descripciones de un historiador de la Iglesia o el esfuerzo de análisis de un historiador literario”. Esto motiva que, hoy en día, sean buscadas en toda Europa como documentos científicos excepcionales para la historia de los comportamientos y la historia de las ideas. Tras la publicación de Inquisición y Etnología (1973), estudio del mismo Henningsen.

Pero teniendo tiempo limitado, pasemos a la otra imagen estereotipada de la Inquisición Española: la tortura. Es inútil que nos extendamos aquí. Esta imagen ha sido rechazada ya categóricamente por el especialista protestante Lea, norteamericano. Ha escrito: “La creencia popular, según la cual la sala de torturas inquisitorial era el teatro de un ensañamiento especial para arrancar confesiones, es un error imputable a los escritores sensacionalistas que han explotado la credulidad pública”. La Inquisición Española, confirmó Kamen, “mantenía en esta materia una política de moderación y de cautela, que permite enjuiciarla favorablemente”. De hecho, tanto cuantitativa como cualitativamente, el decaimiento de la tortura, practicada sistemáticamente en la justicia criminal tanto en España como en el resto de Europa, comienza en la historia moderna con la Inquisición Española.

Miguicas 310

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Padre Martínez m.C.R.

* “El Sagrado Corazón de Jesús está más cerca de ti cuando sufres que cuando gozas” (Santa Margarita María).

* “Un nuevo y sorprendente informe estima que en el mundo son asesinados por aborto setenta 73 millones de bebés no nacidos cada año, convirtiéndolo en un genocidio de proporciones inmensurables. Diabólico” (Hispanidad).

* “El Estado democrático es la simple agregación mecánica de individuos” (Eugenio Vegas Latapié).

* “La obra misionera, y pudiendo equipararse hoy la civilización americana con su maestra la europea, la perfecta calidad del resultado garantiza la bondad de los medios empleados en lograda” (José Ungría).

* La localización temporal de los restos también plantea problemas… realmente impresiona el grado de emotividad que aún acompaña a los estudios sobre la evolución humana” (Scientific American XI, 1978).

* Evolucionismo, ¿sí o no? Cuando los partidarios del evolucionismo te demuestren científicamente que ha existido la evolución (hasta ahora no lo han demostrado), puedes creerles y admitirlo.

* Sir John Eccles, Premio Nobel de Medicina en 1963: “Yo creo que hay una Providencia Divina que opera sobre y por encima de los sucesos materiales de la evolución biológica”.